lunes, 15 de octubre de 2018

Si hoy pudiera...






A ver, que un color que apreciaba, aunque no mucho la verdad, se haya convertido en una reivindicación que te aplasta allá a donde vayas, cansa, de verdad, cansa mucho. Los muy burros no entienden que “podar” un árbol verde y frondoso, con un amarillo chillón, escuece en la retina, mata la poesía y desaloja la última esperanza de encontrar castañas. Un poco de respeto, por favor. 
Pero, no digas nada, vaya a ser que te fusilen con la mirada y te destierren de tu verdad de igualdad y fraternidad, sin bandera y sin credo.

Que uno puede pedir a gritos muchas cosas, pero duele que te lo griten en la oreja, ya enrojecida, por los gritos también de aquellas que mujeres que salen a la calle a “mendigar” igualdad, enfurecidas, como hienas a punto de saltarte a la yugular, pero, eso sí, no más tarde de una hora prudencial, que hay que llegar a casa para hacer la cena. Un poco de coherencia, por favor. 
Pero, no digas nada, vaya a ser que te tachen de machista, intolerante y gilipollas de turno. Faltaría más, yo que llevo mi lucha reivindicativa en solitario, desde que tengo uso de razón.

Que a veces, sin exagerar, me parece que estamos en pleno inicio, de nuevo y por desgracia, de una nueva Inquisición… que todo esto es una locura.

Y en esos artículos pongamos, de una revista de cine, que deberían hablar de cine, obvio, ¿no?, no se juzga la película sino el modo de vida de la actriz, el estilo de peinado, la altura del tacón… ¡qué locura! 
Por cierto, ¿no es tremendamente absurdo que te vendan plantillas, tiritas y cremas para poder sufrir el dolor de llevar zapatos que nadie en su sano juicio llevaría? ¿No deberían ponerse esos objetos de tortura, aquellos que los han inventado? Sería magnífico ver al señor “Manolos” ponerse sus creaciones en sus carnes… como me iba a reír. Y sino, y esto ya no hace gracias, pensad en las pobres chinas y en el calvario que tuvieron que soportar al vendar sus pies…

Y, ya que hoy estoy que me salgo, una cosilla más: el sector servicios. ¡¿Hola?! ¿hay alguien ahí? Pero, personas de mi alma, ¿de dónde habéis salido? ¿De una puta caverna? ¿nadie os ha enseñado modales? ¿ni siquiera quien os ha contratado y lo vais a llevar a la ruina? Mediocres y maleducadas personillas, yo me dedico al sector servicios y jamás he negado una información ni una sonrisa a nadie. Y sino, pesad en los payasos, tristes por dentro, alegres por fuera (un saludo Spaghetti querido, allí donde estés)

En serio, si hoy pudiera, yo misma, me reencarnaría en Torquemada, porque, ¿qué quieres que te diga? Si hay que pasar por un millón de aros y callar la boca, prefiero ser yo el verdugo y no la víctima.

Ok. Y esto se acaba, porque de verdad de la buena, hoy no debo ni teclear ni una letra más porque … ¡si hoy pudiera…!



martes, 19 de junio de 2018

Como me gustaría...






Como me gustaría que me llegaras a recordar en mis cosas cuando ya no esté… que al tocar los objetos que toco... Que cuando escucharas mi música... Que cuando leyeras mis libros favoritos... Que al saborear aquellos platos que tanto me gustan ... 
Como me gustaría que cuando no esté, no dejases de recordarme para poder seguir viviendo en tu recuerdo…

jueves, 31 de mayo de 2018

No sabía hablar



No sabía hablar.

A veces, intentaba componer frases enteras y apenas a las cuatro palabras se bloqueaba esperando esa interrupción que sabía que llegaría en un micro segundo. Y ésta llegaba. Sin piedad.

Otras veces, con paciencia sin límites, cuando intentaba, con mucha  educación y tacto, seguir el hilo de la otra conversación con algún que otro comentario u opinión, también era interrumpida, así que incluso ese esfuerzo era desechado sin miramientos.
No sabía hablar.
Después de tanto tiempo sin ser nunca escuchada, era una consecuencia evidente y esperada. No es que aquello que tuviera que decir fuera más interesante, importante, relevante o impresionante que aquello que pudieran expresar verbalmente los demás, pero tampoco lo era menos, simplemente  tuvo el gran infortunio de conocer durante toda su vida gente que creían que sus vidas eran más importantes, sus actos los más asombrosos, sus luchas las más encarnizadas, sus amores los más intensos y en definitiva, sus vidas muchísimo más trascendentales que la de ella.
No sabía hablar.
Ya no lo lamentaba como antaño, aunque aún se le desgarrase en lo más íntimo de su ser alguna que otra cicatriz incurable, pero logró construir un vacío entre ella y aquellos que la utilizaban tan solo para hacerla papel blanco donde escribir sus memorias cotidianas.
Y aprendió la lección.
No sabía hablar.
Ahora escribía.
Y aquellos que nunca la escucharon, aquellos que seguían sin oírla, se quedaban prendidos de sus palabras escritas, como adeptos de una secta. 

viernes, 18 de mayo de 2018

No es abandono...







Siento que te he fallado al no presentarme cuando me llamabas. Lo hacías a tu modo, es decir, de una manera que nadie puede descifrar, ni tan solo yo, pero hacías ya meses que te echaba tremendamente de menos y lo absurdo de la situación es que estábamos a cinco minutos, una de la otra. Te presentía, te añoraba y cada vez que pasaba cerca de tu casa, tenía unas ganas irrefrenables de ir a verte, pero las circunstancias de las personas siempre lo estropean todo. Yo, deprimida como nunca lo había estado y tú, envuelta en una situación familiar, por parte de los humanos que cuidaban de ti (y tú de ellos) la cual, imagino, no entendías nada.
Añoro tu saludo, tan entusiasta que me dejabas llena de pelos y babas y una felicidad sin fin. Me reconocías a quilómetros de distancia y empezabas a avisar con tus ladridos de mi llegada, como si fuera una fiesta… como si mi presencia te llenara tanto como a mí la tuya.
Me siento tan triste… quien te amaba con tanta fuerza que duele tanto como respirar sin aire, me ha dicho que no llore que no esté triste, que te recuerde con felicidad, que recuerde todo lo que me ofreciste tan desinteresadamente como solo el mejor amigo del hombre puede hacerlo… prometo intentarlo, de veras, pero solo si tú me prometes que allá donde mores, seguirás siendo tan bella, cariñosa y esplendida como siempre. Solo así, podré olvidar el dolor y, sobre todo, este sentimiento de no-abandono que me oprime el corazón.

domingo, 15 de abril de 2018

Cordura







Si tu estado de ánimo es una basura, inútil intentar animarte; cuando no se puede, no se puede. Eso es lo que me decía mi gato de cerámica desde la repisa de esa chimenea que nunca encendí porque temía que el cadáver que tenía en su conducto, al final cayera con un estrépito de huesos y ropa maloliente y me diera un susto de muerte (toda chimenea que se precie, cadáver que contiene, como es sabido). Llegué a creer que había algún tipo de gas toxico y alucinógeno subterráneo que me hacía oír voces (como las de ese gato aguafiestas) y que me hacía pensar y actuar en un modo nada coherente, desde luego, esa podría haber sido la única explicación plausible ante tanto desvarío, pero no, es una estupidez. Cuando llegué a esta casa en medio de la nada para superar mi reciente viudez, yo era una persona cabal, creo, pero ahora me he convertido en un despojo humano. Me dice mi perro de terracota, el que está bajo la lámpara (que es el más simpático de los que me dan consejos en la casa) que es solo el dolor de la pérdida y la soledad; me gustaría creerlo, en serio… el otro día vi un cervatillo mientras tomaba el café en el porche y me quedé allí plantada con la taza en la mano esperando oír que consejo me daría, pero se me enfrió el café sin obtener ninguno, tal vez solo me hablen los objetos inanimados (aunque la verdad, es que están más animados que yo).
En fin, debería poner fin a esta estupidez y empezar a preparar la comida, porque la verdad es que no creo que me ayude en nada poner por escrito mis intrascendentes cosillas, cuando la sabiduría de mi sartén puede aportarme una estabilidad y un punto de vista siempre diferente (es una resabida, lo sé, pero nadie como ella para esclarecer mis pensamientos).

sábado, 3 de marzo de 2018

Viaje




No es un escrito para contar alguna historia creada por mi imaginación, es tan solo un cúmulo de reflexiones sobre un viaje, que ni tan siquiera fue iniciático, así que, si no quieres perderte en sandeces de la mente humana, no sigas leyendo, porque, en serio, créeme, no vale la pena.

Cogí un tren de media distancia, después de casi cinco años, increíble pero cierto, para dirigirme a pasar el día en una ciudad inmensa y preciosa pero que me aturde cada vez más. Así que no hacía ni diez minutos que estaba en ese raudo artefacto a merced de la velocidad no gestionada por mis manos, cuando empecé a divagar. En lo primero que pensé después de tanto tiempo, no era en el inicio del viaje en sí mismo o en su desarrollo, sino en la fealdad de los edificios que siempre encuentras antes de llegar a una estación, es algo que me hace pensar en la majadería del ser humano y su estupenda sensibilidad como en algo realmente digno de eliminar del ADN de una vez por todas. No es posible, que la alegría que sientes de emprender un pequeño o gran viaje, se vea empañado con tanta monstruosidad edilicia.

Cuando llegué a mi destino, la marea humana me dejó sin aliento. Realmente habían pasado mucho tiempo, demasiado… me sentí tan fuera de lugar como una araña en un pastel de nata. Me dejé llevar, ¿qué otra cosa podía hacer? Además, tenía que salir de ese túnel lo antes posible, o habría empezado a gritar como una remilgada campesina de hace tres siglos en un museo de arte moderno contemporáneo.

Logré mi objetivo, con una serenidad (que no sentía) y una desenvoltura (que tampoco sentía) que habría engañado al más cosmopolita del planeta (de hecho, creo que los engañé).

Allí fuera, por fin, me estaba esperando la persona con quien había decidido pasar ese día tan especial. El frío, el viento, la marea de gente y la contaminación acústica, hicieron imposible mantener una conversación relajada, así que decidimos posponerlo para la hora de la comida y dedicarnos a pasear… pasear para mi significa ir a comprar a la tienda del pueblo y volver a casa, todo esto me lleva como unos diez minutos de media, o salir a comprar tabaco, que sí, lo habéis adivinado (si alguien me está leyendo, que lo dudo) también me lleva unos diez minutos.

¿Y por qué escribo sobre algo tan banal? Pues porque me he convertido en alguien que nunca pensé que llegaría a ser: una mujer timorata, de mediana edad, a la que pensar eso de “como está mundo” no hacía más que martillear mi cabeza… pero, no me aflijo, ahora que soy consciente de mi pequeñez de miras por haberme oxidado en tanta zona de confort, voy a volver a convertirme de nuevo en una veinteañera alocada e insensata.

Lo juro, por este sol que me alumbra y estas nubes que insisten en taparlo.

jueves, 23 de febrero de 2017

Tiempo







 ¡Cincuenta años! Los miraba de reojo y solo apreciaba su ancianidad, ¿qué otra cosa era una persona de esa edad, sino alguien a punto de estirar la pata? Tenía muy claro que cuando llegara a esa edad, desaparecería del mapa. No iba a dejarse engañar por esas frases hechas donde se ensalzaba la madurez tardía o la vejez plena de juventud. Pensar en pensiones y achaques, le producía desazones. No obstante era aún tan joven, que pensar es algo así, era una pérdida de tiempo.
Tiempo.
Y llegó esa fecha, donde faltaban días, para poner un cincuenta encima de una tarta bien blandita. ¡Era tan gratificante haber llegado a esa edad, en la que creía hace tan solo unos años (¿siglos?), que todo era feo, decrepito y absurdo, y sentirse tan bien!

El único problemilla, se lo daba su cerebro. Se lo estrujaba para llegar a saber si lo soñado lo había vivido, o lo vivido, soñado. Y la rodilla derecha, que le crujía a cada paso que daba, o la espalda que… en fin, que se sentía tan joven como hacía unos años (¿siglos?).

viernes, 16 de diciembre de 2016

Mi suerte o mi fantasía







Y volvía a suceder. El viento me lo anunció unos instantes antes y un escalofrío recorrió mi cuerpo. Sabía que en ese instante, o en cuestión de horas, aquello deseado y soñado, se materializaría.
Llevaba mucho tiempo, demasiado, pensado que había perdido mi Don, mi ancla onírica, mis regalos de Navidad, mi suerte o mi fantasía; le diese el nombre que le diese, todo significaba lo mismo: la luz en la oscuridad. Los sueños hechos realidad, pero con previa revisión de los mismos y con la satisfacción, una vez lograda la perfección, de que éstos se cumplirían… pero lo había perdido.
Hasta hace unas semanas.

Nunca sabré, ni podré, describir lo que se siente, pero, aunque lo intentara, tampoco nadie me creería, así que ahora, de nuevo, puedo volver a encerrarme en el otro mundo, ese que nadie en su sano juicio aceptaría ni entendería, pero al cual, yo, pertenezco.

miércoles, 8 de junio de 2016

200 y más



Era inútil intentar no perderse en esa bruma, porque ya no podía despojarse de una frase, de un olor, de una risa, de una caricia o de una cara y su historia... solo era cuestión de poder escribirlas un día y otro y otro...





Doscientos. Doscientos escritos publicados.

Gracias, adorados destellos de fantasía.

viernes, 3 de junio de 2016

Ognuno di noi




Sentado ahí como una estatua, como si fuera una más de las que había a mi alrededor y que añadían más hipócrita tristeza al entorno silencioso y claustrofóbico al que me habían llevado, casi sin ser consciente de ello, me di cuenta de lo complicado que es dar una imagen exacta de ti mismo, o de cómo nos ven los demás a través de sus percepciones.  
Mucho más tarde pude discernir a mis anchas esta verdad.

La primera en sorprenderme fue tu amiga de la Universidad. Cuando subió a la plataforma creada para esa ocasión, sencilla y recatada, como debía ser para ese evento, empecé a interesarme por sus palabras y poco a poco a salir de mi ensimismamiento.
Tu amiga, te describió con un sinfín de adjetivos calificativos, fruto de su imaginación o elegidos para la ocasión. Yo solo recordaba a tu amiga, por tus comentarios sobre ella considerablemente despectivos.

Alguien se me acercó y posó su mano en mi hombro para decirme “no somos nada”. En pleno proceso de abstracción como estaba, lo único que pude pensar fue “somos algo, pero no aquello que piensan los demás que somos”. Esta fue la segunda filosofada que me llegó y se posó sin contemplaciones.

El segundo personaje que subió a explicar lo injusta que es la vida, que nos hace tener que soportar tan terrible pérdida y sobrevivir a ella, fue alguien que yo no conocía para nada, pero por lo visto, tú sí. Y así, de nuevo, pudo más mi curiosidad y me despejé todo lo que pude para poder seguir su relato. Otra vez, alguien te describía como yo jamás te había visto ni percibido.

Empecé a sentirme terriblemente aquejado de una incipiente jaqueca que me hacía sentir más vulnerable ante toda esta parafernalia. Y empeoraba mucho más la apreciación que tenían los demás de mí, porque de nuevo sentí como alguien me cogía la mano y me la apretaba fuerte ante mi cadavérico aspecto (es agotador mantener el tipo tanto tiempo).

Después de más descripciones sobre ti, que dejaron de interesarme porque seguían sin cernirse a tu verdadera personalidad y de unas palabras de culto, dictadas por un pequeño y absurdo hombre cubierto de estandartes de su fe, me sacaron de allí otros brazos, para depositarme, al cabo de un tramo pedregoso y no muy prolongado, en un campo lleno de cruces, lápidas y demás parafernalias aberrantes, mientras empezaba a caer la tarde.

Cuando por fin acabó todo, pude, gracias a mi dolor desgarrador y comprensión de la gente, quedarme solo en casa finalmente y tomándome un buen bourbon a oscuras, reflexionar sobre ese día… y sobre otras cuestiones, que por fin podía expresar en silencio y solo para mí.

Tu muerte no me afectó. Hacía tiempo que debería haber tomado la decisión de dejarte, pero era prisionero de tu historia. Reconozco que me intrigaba ver como saldrías de tanta perversidad sin ser dañada y que no podía dejar de complacerme ser un testigo oculto y privilegiado junto a ti.
El destino quiso que un conductor despistado acabara con el problema. Mala suerte para él, pobrecillo.

Nunca pensé que tu final fuera tan vulgar, ni tan repentino. Esperaba mucha más grandeza, creo que la merecerías. Un gran Mal, habría merecido un fin más apoteósico.

Lo más destacado de todo fue, que me olvidé de ti en el mismo instante en que me dieron la noticia y seguí leyendo el periódico, acabándome el café antes de que se enfriara, con total tranquilidad.

Pero lo que más de desconcertó, después de ver la reacción de la gente y de esas bellas palabras en tu funeral, parte de las cuales no pude ni quise escuchar, fue que nadie supiera como eras realmente. No se puede hablar mal de un muerto, como dicen los chinos, eso no está bien, así que no voy a perder el tiempo enumerando tus engaños, estafas y perversidades.

Dejemos que aquellos que creían conocerte, sigan pensando que eras como ellos te veían, dejemos que también piensen que tu perdida me ha vuelto loco de dolor. 
Dejemos que todos nos vean como quieren vernos… ¿Quiénes somos realmente ante los demás? Cada uno de nosotros damos tantas imágenes como queremos dar, pero aun así, seguimos siendo pasto de la percepción de los demás.


Tomándome un buen bourbon a oscuras, seguía enfrascado en cuestiones que por fin podía expresar en silencio y solo para mí.

martes, 17 de mayo de 2016

Chacal






La notas. 
Notas mi debilidad. 
Notas esa sensibilidad que me hace ser un ser indefenso. 
Será tu instinto depredador y carroñero. 


Siento como tu mirada me asfixia y paraliza, y tú, te alejas de mí lentamente, pero solo para preparar el ataque final. 
Mirada feroz, saliva espesa, tensión de músculos y tu cena está servida.




No puedes evitarlo, lo llevas en la sangre. 

jueves, 5 de mayo de 2016

Secreto





Lo escondió bajo la tierra fértil del jardín, ese mismo jardín que en otro tiempo había creído que le había hablado entre susurros y que tantos secretos había ocultado. Y ahora tenía que volver a celar, siendo el guardián y el protagonista, de un secreto más. Uno más.  

domingo, 7 de febrero de 2016

Un instante






Me perdí. Estaba en una calle oscura y sin indicaciones, sin gente y sin tráfico de vehículos. Pasé de un temor a otro, cuando en mi nuevo y desconocido itinerario, encontré árboles y más oscuridad. Y allí, olvidé hacia donde me dirigía, cuando fui testigo de una escena extrañísima.

Un luz cegadora me mostró a un hombre, un hombre vestido de blanco pero sucio hasta las cejas de barro. Rápidamente y con un frenesí enfermizo, cogió tierra mojada, la convirtió entre sus manos en barro y creó a un animal. Un perro precioso, peludo y grande que me miró con ojos marrones y bellísimos y que en cuanto reconoció en mí la admiración ante tan extraña escena y extraña belleza, dejó caer una lágrima… y en ese instante, se petrificó. 
Lloré ante esa muerte inesperada, lloré al ver a su creador sollozando de desolación mientras miraba sus manos y me acerqué a esa obra de arte y de efímera vida y al tocarla, se desintegró.
El hombre, antes de desaparecer, desintegrándose también, ante mis ojos, me dijo: Es a lo único que puedo aspirar. Solo puedo crear una obra por noche y en cuanto alguien la ve, desaparece… como desaparezco yo, en cuanto  ya la he creado.

Me desperté con una sensación tan extraña, que decidí escribir este sueño. A veces, no se necesita inventar nada, si un sueño, te ofrece una historia que no puedes dejar de recordar.

lunes, 4 de enero de 2016

Inversión





Me acomodo en mi sofá, abro mi regalo con ilusión, y me pierdo gratamente entre las páginas de esta joya titulada “la escritura-memoria de la humanidad”… no sé cuánto tiempo ha pasado cuando de repente, un murmullo extraño, hace que emerja de sus grabados y recovecos históricos: ¡Estoy en una terminal de aeropuerto, de una ciudad y en un momento, en el cual yo no debería estar!
El pánico me paraliza. Sé que estoy soñando. Debo estar soñando. No encuentro una explicación más coherente y si la hay, mi cerebro no la asimilaría.

Normalmente, era siempre a la inversa: yo viajaba constantemente y en todas esas horas de espera, me imaginaba ser la protagonista de un millón de historias. Era fascinante como pasaba el tiempo y como más de una vez, perdía el vuelo porque mi historia ficticia me atrapaba de tal modo que no podía desengancharme. Si el término soñadora, tuviera algún matiz menos despectivo en esta sociedad, me lo habría tatuado en la frente, por la de satisfacciones que recibía a través de esos momentos.
Pero, lo más impactante era que, el ochenta por ciento de las historias que inventaba para mí, al cabo de un tiempo, se plasmaban en una realidad que, cuando la volvía a vivir, me hacían creer que era un ser con poderes mágicos que podía lograr todo aquello que desease. Fascinante.

Pero ¿qué hago aquí? Hay un sinfín de etnias, pero por los caracteres que veo en todas partes y el mayor número de una de ellas, diría sin dudarlo, que estoy en Japón.
Al fondo, bajo un neón con letras de Coca-Cola, leo: enero, 7 enero 2026.
Un sudor frío está envolviéndome y cambiando mi temperatura.
No entiendo nada, aunque extrañamente, lo entiendo todo. Puedo entender cualquier idioma, leer cualquier rótulo e incluso casi, casi, leer las mentes de quien me lo proponga, si el miedo no me paralizara.

Me siento porque no puedo más, creo que voy a desmayarme. De repente, alguien se sienta encima-dentro-a través de mí y grito. Grito como jamás he hecho en mi vida. Grito, como si fuera mi último y definitivo Grito.
Y entonces, cuando logro calmarme, entiendo que nadie me ha oído, que nadie me ve… soy etérea y me pregunto si estoy muerta. ¡¿Muerta?!

Yo estaba leyendo en el sofá de mi casa, un siete de enero de 2016, un libro recién regalado y tan ricamente…

¿Qué está sucediendo?



Continuará… 

viernes, 18 de diciembre de 2015

Feliz Navidad



Seguir sonriendo y volver a ser niña... seguir soñando... ¡Te tengo, Vida!

martes, 13 de octubre de 2015

AUTUMNUS



Un momento de pausa. Escuchar atentamente o simplemente, fijarnos en pequeños detalles, en un gesto, una mirada. Un momento mágico donde se descubre mucho más allá de las apariencias y se constata con sorpresa que no todo es como creemos...

Nunca creí que perdería mi libertad tan salvajemente, nunca creí que sentiría con la intensidad de ahora, pero así ha sido y si alguien me preguntara como he llegado a esto, no podría más que decir: el amor me obligó a ello. Lo demás no importa, siempre y cuando mi sonrisa sea autentica, mi estado de ánimo sea el adecuado y sobre todo, siempre, cuando me refugie  entre mis sábanas al llegar la noche, sienta paz y crea que ha sido la elección adecuada. La libertad, ahora, en estos momentos de mi vida, se compone de la felicidad desconocida que supone dejar de ser libre, aunque elegido libremente. Y cuando me lo está explicando su mirada no pierde un ápice de brillo, bien por ella, que ha renunciado a mucho, para obtener mucho más.

Un café un cigarrillo, me transportan a otro lugar. El otoño adorado, dora mis recuerdos con placer. Y sigo con la narración, un momento de silencio que ofrece palabras casi nunca pronunciadas de profunda sinceridad…

Me comenta que cuando sale al escenario, su imagen es aquella que él quiere ofrecer: melena larga y alborotada, mirada de locura incontenida que acompaña a sus gestos violentos y escabrosos, música ensordecedora y todo aquello y más, que el público presupone que tiene que ofrecer el líder y el grupo heavy más salvaje… no ven, como él sonríe al pensar que tras los focos, hay un arqueólogo de corazón lleno de romanticismo, un hombre educado y culto, amable, sincero, e incluso con un pasado donde la religión estuvo a punto de hacerlo suyo para llevarlo por otros caminos, con otro tipo de atuendo y puesta en escena. La verdad, no me lo imagino en este último escenario y rio con ganas, agradeciendo sus confidencias y rogando mentalmente que me dedique una canción y jamás una oración. 

Me explica azorada, un hecho acontecido hace tan solo unos días, y yo, que sé que tiene un corazón de oro, que es educada y correcta, que perdona cuanto puede y que siempre regala sonrisas sinceras, me hace estar atentísima a sus palabras… en el entierro de su tía, aquella odiosa mujer que durante años intentó destrozar la vida de su madre y la de sus hermanos, y que su madurez ayudó a perdonar, cuando fue a visitarla a su ataúd, para ese último adiós que de nada sirve, surgió de lo más profundo de su ser un “¡bruja!” que la dejó sin aliento, desconcertada y asustada… en algún lugar de su mente, de nada había servido su perdón, sus buenas maneras y sus intentos de que sus pensamientos hacia ella hubiesen sido controlados.  Ganó la verdad. Y yo aplaudo sin remedio, mientras ella me mira consternada.

Soy su vecina, y cada día la veo más triste en el rellano. Al final me explica que sufre como nunca en su vida. Nunca había sentido tantas maléficas palabras salir de una boca y lo que es peor, todo lo acompaña con eructos, ventosidades y miradas a todas partes, menos a ella… que no puede más, que necesita buen rollo, y que cuando lo mire, no tener esa sensación de que se equivocó en su elección. Quiere devolverlo, pero la fecha de caducidad ha caducado. Cree que en Navidad tendrá un regalo nuevo. No sé cómo explicarle que por mucho que un juguete de garantías, cada día los hacen más sofisticados y complicados. Con seis años y un robot graciosillo no debe ser nada fácil seguir con tu infancia como si nada.

Historias simples y llanas, que aunque cueste creer, dicen mucho más de lo que parece… 

sábado, 5 de septiembre de 2015

Leyendas sin pasión




Verano, era un clasista y un tirano.
Primavera, era un sensiblero, afeminado y un soñador.
Otoño, era un nostálgico empedernido.
E Invierno, un egocéntrico cascarrabias.
Hace muchísimo tiempo,  se implantaron unas pautas climáticas que tras muchas luchas, ganaron estos cuatro. Se dividieron el  planeta. Aunque Invierno y Verano, en la batalla inicial, consiguieron más terreno para ellos… los cuatro se avinieron a la perfección… aunque entre ellos subsistía alguna que otra rivalidad oculta.

Verano, ya desde un principio, demostró que lo suyo era hacer sufrir a unos pocos. Demostraba un clasismo y una tiranía, a veces, completamente insoportable. Según de que medios contases, se hacía adorar u odiar con la misma intensidad. Pero ahí estaba siempre, para recordar a quien osara dudar de su amistad con el astro rey.

Primavera, era una dulzura. Todo le parecía bien. Los colores impregnaban su momento. A todo daba un sentido, un halo de belleza, de romanticismo… era tanto su empeño, que había empezado a sobrepasarse un poco creando incipientes alergias, pero a él le tenía sin cuidado, lo importante era demostrar que él era el mejor, el que mejor vestía al mundo y el que mejor lo dibujaba. Sí, era un poco sensiblero, pero casi todos lo admiraban.

Otoño, sin embargo, lo empapaba todo de nostalgia, de colores ocres y marrones, de suave y fría brisa, de hojas caídas que ayudaban a los escritores a encontrar inspiración. Se sentía siempre en perpetua melancolía y se dejaba mimar, con canciones de antaño, guisos caseros y pañuelos en el cuello, que prometían un reencuentro en casa, cálido y especial.

Invierno. Invierno, era terrible cuando se levantaba de mal humor, escupía, bufaba y lloraba continuamente. Era un cascarrabias de cuidado, a la menor provocación, causaba estragos. Tenía un humor tan cambiante, que a veces resultaba temible, aunque extrañamente, casi todo el mundo lo adoraba en un modo u otro.  


Así me lo contaron hace muchos años, cuando era niña y así se siguen narrando estos estados climáticos entre nosotros, aquellos que vivimos en un entorno maravilloso y acogedor de  perfecto hormigón, felices de nuestro entorno antiséptico y monocorde. Todos sabemos que son leyendas absurdas de los mayores, pero algunos, como yo, a veces nos preguntamos, si hay algo de verdad en esas fantasías… ¡Nah!

martes, 25 de agosto de 2015

Cambios




Tanta cebolla, me va a matar. 
Lloro cuando la corto e incluso, solo cuando la miro. 
Debería cambiar esa manía de poner cebolla a todo. Y dejar de llorar.

Voy a cambiarme al ajo, a ver si también cambia mi manera de llorar. 
Mi aliento se resentirá, pero mi mirada dejará de sangrar. 

jueves, 13 de agosto de 2015

Tormenta





Nunca supieron quien empezó, aunque tampoco, algunos de ellos, recuerdan muy bien, como acabó…

Siete amigos, una cala desierta, mucho alcohol y la adrenalina disparada… cuando despertaron entre vómitos comprobaron con terror, que el agua azul estaba teñida de rojo, la arena marrón era un manto blanco y grisáceo y el cielo… el cielo presagiaba tormenta.

Se conocían desde pequeños, eran vecinos y compañeros de juegos. Con casi los mismos intereses y sueños. Educados y con la justa sensibilidad para querer luchar, de mayores, contra las injusticias. Leían los mismos cómics y novelas, y jugaban a los mismos videojuegos. Eran siete amigos orgullosos de su amistad.

Esa noche, jactanciosos por cómo les había ido la vida y exultantes ante sus nuevos destinos, celebraban su partida a diferentes universidades, así que tal vez, durante un tiempo se distanciarían, pero creían poder con ello sin perder un ápice del compañerismo que sentían.

Al alba, los restos de comida, estaba esparcida por doquier, una gaviota se acercó sin sigilo, es más con su estridente graznido avisó a sus compañeras del festín que había encontrado. Y así, por algo tan inocente como la supervivencia de un ave carroñera, se desató la tragedia… no, nunca supieron quién de ellos despertó primero y empezó a tirar la primera botella que impactó rompiéndose en mil pedazos y matando a traición a una de ellas, tampoco supieron nunca que les sucedió, cómo llegaron a despertarse con ese instinto asesino sin control. Las botellas detonaban contra ellas sin tregua, uno de ellos,  para facilitar la labor, blandió el cuchillo con el que horas atrás habían untados inocentes rebanadas de pan y ahora se había convertido en objeto letal, y otros, las remataban retorciéndoles el cuello, allí donde el cuchillo no había logrado penetrar. Sus escasas ropas, sus caras, sus brazos, impregnados de sangre, alguna pluma cubría sus cabezas, el rumor era ensordecedor. Y las gaviotas, no paraban de llegar y ellos no cejaban en su empeño de asesinarlas a todas. O a casi todas. Era una visión dantesca.

La devastación. La violencia. En unos instantes, seres imberbes, educados, agradables y sin un precedente de violencia en sus vidas, se habían convertido en unos vulgares y violentos asesinos. Cayeron desfallecidos y cuando despertaron entre vómitos comprobaron con terror, que el agua azul estaba teñida de rojo, la arena marrón era un manto blanco y grisáceo y el cielo… el cielo presagiaba tormenta.

Lo recuerdo como si fuera ayer, aunque han pasado treinta y cinco años… siempre lo cuento a modo de relato de terror a mis nietos, que se entusiasman con esta narración como si fuera real, si ellos supieran… nunca más volví a ver a mis cuatro amigos. Desaparecimos el uno para el otro, después de aquella demostración de instintos desconocidos e impensables en nosotros.
Estudié la carrera de psiquiatría intentando averiguar que empuja a un ser humano a perderse en la violencia en el momento más inocente e inesperado, la respuesta está en mí desde entonces y ahora.
Nunca pude dejar de matar desde ese maravilloso crepúsculo. Llevaré mi secreto a la tumba, mi idílica familia nunca sabrá, mi entorno, mis  nuevos amigos, seguirán respetándome y mi nombre quedará inmaculado y recordado, generación tras generación. Aunque antes de que este final llegue, tengo cuatro ciudades que visitar… en ellas moran aquellos que saben la verdad.

Presagiaba tormenta… me quedé solo con los dos más valientes, con los que pude aunar fuerzas para limpiar un poco esa masacre. La cabeza me daba vueltas. Mis manos manchadas de sangre me estaban hablando en susurros, encontré el cuchillo entre el manto de cuerpos inertes y algo se desató en mí. En un abrir y cerrar de ojos, mis dos amigos yacían con los ojos abiertos ante mí, sin vida… la sensación de absoluta libertad y éxtasis que se desató en mis venas, me produjo un poder inexplicable. Borré todo indicio de mi acto. 
Horas más tarde mi avión tomó rumbo a una nueva vida…

domingo, 9 de agosto de 2015

Silencios






Y ahí lo tenía, enfrente de ella, ajeno a todo… y en silencio.
Había huido de él y de lo que representaba, durante más tiempo del que quería admitir, porque no solo fue el periodo en el que se fue de casa para liberarse por fin, sino, mucho antes.
No era un ser con el que se pudiera razonar, comunicar, o pedir un simple consejo, no se podía acceder a él, y no era por su complejidad, sino por su estúpida sencillez. Solo le importaban las apariencias, su trabajo y su dinero (parte del cual, escondía muchas veces para no tener que derrocharlo en cosas tan superfluas, como en un regalo para sus hijas).
Y ahí lo tenía ahora… exigiendo cuidados y atenciones, creyéndose merecedor por derecho.
Sus frases seguían siendo las mismas; sus creencias fingidas, las de siempre y su modo de demostrar  su extraño cariño, inmutable… así que todo seguía igual.
Cuando tomó la decisión de acogerlo para ofrecerle esos cuidados que necesitaba, creyó que tal vez, por fin, podría haber un acercamiento, un despertar de emociones, un acuerdo, o simplemente, un poco de gratitud o alegría, pero no fue así.
Muchas veces lo observaba, creyendo ver un brillo en su mirada, un guiño a un momento de ternura, un reconocimiento a la buena vida que ahora gozaba, un agradecimiento al cielo por su buena suerte… pero eran imaginaciones suyas… nada de eso existía ahora, como nunca existió antes.
Pero ahí estaba… y ella decidió que olvidaría, silenciaría sus pensamientos. Era inútil querer que los demás sean o sientan como uno desea y que, aunque fuera su padre… aunque fuera su padre y jamás hubiese demostrado ese cariño paternal, ella ejercería de hija y le otorgaría ese amor incondicional.

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Y ahí la tenía… atenta a todo, pero en un forzado silencio... agotada, con brillo en los ojos, al cual no sabía darle un sentido muy acertado, pero temía que fuera producido por lágrimas ocultas en la oscuridad.
Querría decirle tantas cosas, pero no sabía cómo hacerlo, no conocía muy bien las palabras que debía utilizar y además, cuando encontraba una adecuada, la olvidaba enseguida o si tenía la suerte de retenerla unos instantes más, no lograba encontrar el momento adecuado para expresarla, y los gestos… los gestos eran parcos y sin memoria, así que era inútil intentar abrazarla, cuando costaba tanto acoplar ahora algo tan simple, a tantos años de carencia afectiva.
Era consciente a veces, de no haber sido un padre atento a otras necesidades que no fueran  comer, vestir y estudiar, pero por aquel entonces, no podía permitirse arrumacos superfluos cuando tenía que dedicar su tiempo a trabajar y ofrecerle lo básico. Sí, escondía muchas veces el dinero, para no tener que gastarlo en cosas inútiles, pero lo guardaba porque nunca se sabía que podía pasar.
A veces, creía ver en ella destellos de desilusión, tristeza, sacrificada aceptación y dolor, y de nuevo, cuando intentaba explicarse, su mente se refugiaba en alguna parte, donde los sentimientos no dolían y donde se sentía seguro. Había cosas de este mundo que no entendía y una de ellas, era la complejidad de los sentimientos.

Ahora se sentía mimado y cuidado, y aunque ella no lo supiera, él se lo agradecía enormemente. Era consciente de su carácter agrio y de su egoísta comportamiento, pero… ahí estaba ella, con esa mirada, compleja e intensa, inaccesible a su mente simple y llana… pero antes de morir, intentaría ofrecerle un gesto o una mirada, donde ella encontrara la paz y entendiera, que, ante todo fue padre y después se dejó llevar, por la simpleza de su carácter, la imposición social y la simple y absurda rutina vital.

lunes, 5 de enero de 2015

Cosas de la Luna






Mi querido niño, mi creación… te miro y me das pena… abandonado y casi sin vida. Me recuerdas esos parajes desérticos donde solo se oye el viento y el siseo de tiempos mejores gravado y súbitamente borrado en el polvo.
Nunca quise atarme a ti, pero me exigías cada vez más y más, y me aterraste con tu constante demanda ficticia, llegando al punto de creerte siempre desnutrido y yo tu constante fuente de alimento. Absurdo, lo sé, pero real.    
Te he casi abandonado, sí… pero sigues conmigo, porque no puedo dejar de tenerte en mi vida, eres mi pequeña gran obra, mi pequeño gran logro… mi pequeño gran oasis de cuentos aún por finalizar.
Muchas veces, entro a visitarte a oscuras, en las noches sin luna, con la sola iluminación de una pequeña pantalla que te trae a mí, con más cariño que nunca… con más intimidad. Y te leo, te releo, pensando en que todas esas historias, sus comentarios, mis amigos, las risas y sorpresas regaladas y la vida inmensa tras una pantalla… te echo de menos, mi querido niño, mi creación… perdóname si puedes, y si no, olvida que te he arrinconado solo por un instante efímero y… por un bien mayor.










Mis queridos jueveros… mis queridos Juan Carlos, Natalia, Pepe, Alfredo, San, Matices; Rodolfo, Demiurgo, Gloria, Sergio Astorga… mi querida Mari Carmen Azcona, y mi querida y salerosa, Elena; mi querido Spaghetti, estimada Victoria…no os nombro a todos los que habéis estado pero todos seguís estando gravados con mil especiales letras… gracias y ¡feliz año a todos, feliz vida! 
Y… hasta ahora.