viernes, 20 de septiembre de 2019

¡Ilusos!




Las féminas que reinan en mi casa son dos. Mi perrita y yo. Somos una sola entidad, aunque de diferente raza. Nos complementamos y nos entendemos sin necesidad de ladridos ni palabras, con una mirada, nos basta. ¿Qué no me creéis? Pues deberíais.

También hay dos tipos más de seres vivos que viven con nosotras, un macho humano y uno cánido. Tampoco tenemos muy claro, quien de los dos ladra o habla, la verdad es, que tampoco sabemos qué hacen compartiendo nuestro espacio, aparte de incordiar, claro.

Vamos a ser magnánimas y en este relato y solo por esta vez, vamos a concederles el honor de que sigan pululando por el jardín, como si fueran unos pequeños dioses… (“¡ilusos!” pensamos mi perrita y yo al unísono).

jueves, 12 de septiembre de 2019

Manta




Creo que, es mi actual edad la causante de que me despierte cada día deseando que no sea el último, de que me sienten bien mis zapatos, de que mi aceptación se congele felizmente y de que me brillen los ojos llenos de vida porque aún sé dónde y cómo mirar.
He pasado en unos años, de la risa sin mesura, a la carcajada sin complejos. No está nada mal. Lo reconozco. Pero, es cierto que recuerdas mucho más lo que viviste antaño que lo que comiste ayer. 

Recuerdo como intentaba salir de mi pequeño y claustrofóbico mundo, como necesitaba huir de aquella pobreza real y humana. Recuerdo el frío. Tremendo. Brutal. Humillante. En casa. En tu propia casa. Y recuerdo la primera manta que me calentó de verdad. El calor de un hogar que olía a riqueza, que horas más tarde abandonaba con quinientas pesetas en el bolsillo por no haber hecho otra cosa que cuidar y dormir junto a dos niñas adorables. Y cruzar el puente. Y volver al frio. En tu propia casa.
Recuerdo también las castañas calentitas en las manos y mi nariz tiznada. Las risas y lágrimas. Los sueños por realizar. Y la llegada del calor. En casa. En tu propia casa. Sin manta aún que calentara de verdad, pero con la esperanza de que un día la poseería.

Ya no tengo frio. Tremendo. Brutal. Humillante. Y tengo una manta enorme, envolvente, ligera como una pluma y suave como el algodón, que me cubre en las noches sin estrellas y que me recuerda que mi historia, buena o mala, es parte de mí.
He pasado en unos años, de la risa sin mesura, a la carcajada sin complejos. No está nada mal. Lo reconozco. Nada mal.

_ ¿En qué estás pensando, cariño?

_ ¡Oh! En nada transcendental… pensaba en una simple manta.

viernes, 6 de septiembre de 2019

Constatación





Se percató, cuando mirando un lienzo que siempre le había inspirado, por primera vez, no le hizo sentir absolutamente nada. Miró en su interior para intentar buscar allí donde antes había habido asombro y deleite, pero nada halló.
Que extraño vacío envolvía su mente, que extraña sensación de oscuridad… ¿cuándo o dónde perdió su esencia?, ¿en qué momento dejó de regalar flores?, ¿cuándo se impuso el pragmatismo y el hastío?

Salió del museo, y con una determinación extraordinaria y una gran sonrisa, decidió que había llegado la hora ...

domingo, 25 de agosto de 2019

¡Corre!




Corre, corre, corre…
No eres tú, aunque tampoco sabes quién eres realmente. Sientes esa presión en el pecho que no te deja respirar, aúllas a la noche y temes la luz del día. Corre, corre, corre… Vives atrapada en un laberinto sin salida, hueles el miedo que te perfora la sangre, una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez. Corre, corre, corre… No encuentras paz ni risa ni sosiego. No encuentras nada, allí donde debería haber algo, no encuentras nada. Corre, corre, corre… Huye de ti misma, de tu prisión, de tu entorno, de tu manzana podrida con gusanos, de tu barco sin timón. Corre, corre, corre… Acaso haya algo tuyo, de ti, de tu caótica vida, que realmente te pertenezca, tal vez sea tu última esperanza, si pudieras pararte a pensar, pero sigues oliendo a muerte porque has muerto demasiadas veces.
Corre, corre, corre…

lunes, 12 de agosto de 2019

August



Apenas has iniciado, y ya estoy deseando que desaparezcas. Lo único que tienes de especial, es tu cielo en una noche con brisa junto a mis sueños.

sábado, 27 de julio de 2019

Nadie. Nunca. Nada.




Y cada vez que llega el día, ese día en el que pierdo, en el que ya no sé jugar porque me rebelo, ese día en el que siento, que nada tiene sentido y que mi destino es un infierno. Y cada vez que llega ese día, en el que ya no me siento segura, y me equivoco, y me destrozo callada, e intento darle un sentido a algo, a lo que sea, y no obtengo respuestas. Y cada vez que vuelve la noche y temo tanto despertarme mañana, que cuando llega la luz del día, sigo oliendo a muerte y grito en silencio desconsolada. Y cada vez que no hay nada, y ese nada me invade con su espada, y miro unos ojos vacíos en el espejo que me devuelven a ese instante en el que sigo perdiendo una y otra vez, todas las batallas. Sola. Siempre sola. Nadie hay a quien acudir, a quien pedir ayuda, nadie, nunca, nada. Y cada vez que intento reponerme dibujando una sonrisa falsa y el dolor me supera y dejo ir una carcajada, una carcajada de esas que te rompe el alma.

Y cada vez… cada vez, que lo intento, y vuelvo a empezar, creyendo en un mañana, y el bisturí de la realidad se clava en mi esperanza. Ya no puedo seguir. Bailad sobre mis cenizas, porque yo lo he perdido todo y no me importa nada.



lunes, 22 de julio de 2019

Ritual






Descuartizó al animal con sus propias manos y untándose con su sangre, forjó el antiguo ritual familiar para mantener alejado al Mal. Entró en ese trance que lo hacía volverse etéreo y volando mentalmente hacia las estrellas, ansió como jamás habría imaginado que podría hacerlo. Y es que esta vez, necesitaba más que nunca de su protección: el Mal, había entrado en su seno familiar y estaba empezando a corromper la bondad de cada uno de sus miembros. Salió victorioso de su cometido. Lo supo porque cuando volvió de su místico viaje, una perfecta luz blanca lo acogió antes de desmayarse… y un reguero de oscuridad desaparecía al unísono entre los árboles.

miércoles, 17 de julio de 2019

Addio, Signore





Ed adesso che facciamo, Salvo?

Sin él, ¿cómo voy a seguir evocando mi tierra adoptiva a través de ti, tan nítidamente que llegaba a sentir la sal en mi piel?

Hoy, mis letras están de luto, así que callaré mi escritura, ocultaré mi tristeza y ahogaré mi orfandad de lectora en silencio.

sábado, 29 de junio de 2019

Ladrón







Me robas el amor. Ese amor que tanto me costó mantener intacto e inocente. No quiero entregártelo todo y todo, pero es que no me das opción. Me lo robas, trocito a trocito y a cada mirada tuya, bandido. Ladrón más que ladrón. Se me va a acabar, si sigues así, pero pensar que, si se agota, solo tendré que beber de ti para reponer existencias, me hace sonreír sibilinamente.

miércoles, 5 de junio de 2019

No sé...






No sé… Algo falla en su preposición que me da escalofríos, tal vez el modo en que me lo ha propuesto o esa sonrisa de plástico que ha dejado entrever al final. Llevamos veinte años juntos y que ahora me proponga de escribir una carta donde la exonero, si me encontraran muerto en circunstancia extrañas, me parece macabro. Ella dice, que me lo pide para darle más morbo a nuestra relación. No sé. No es que no me fie, pero… ella se dedica a matar a los hombres que crea en sus novelas constantemente, así que, algo de experiencia tiene, bueno, me refiero a la experiencia en lo macabro, no en lo de matar. Creo. No sé…

miércoles, 22 de mayo de 2019

Libertad






Cuando la abrazaba y se sentía seguro, cuando sabía que todo su mundo era ella, cuando entendía que sin aire y con lluvia y con barro en los pies, seguir adelante era inevitable. Todo iba en un único paquete con el sello de “aceptado” en tinta roja. Era prisionero de todas y cada una de las circunstancias que lo ataban a ella y, sin embargo, nunca se había sentido tan libre.  

miércoles, 1 de mayo de 2019

Aleluya






¡Aleluya!

Oí decir el otro día, que hoy sería el día del trabajador. Y parece ser, que el humano que lleva este garito enorme, se ha sentido aludido. Así que, gracias a esa circunstancia, hoy será también mi día de descanso. Y, creedme si os digo, que lo merezco con creces.

Soy parte de un árbol milenario. Aunque nunca fui consciente de ello. Mi historia real, empieza una noche de tormenta infernal o divina, según las creencias de quien lo lea. Un rayo, me dio consciencia y me insufló vida, extirpándome de mi otra forma de existencia. Un artista trastornado, que pasó por allí al cabo de un tiempo, creyó ver en mí, la representación de lo que ellos llaman Santo, así que se puso a crearme como un estereotipo más de su absurdo delirio.

Llevo en este sitio desde entonces, aunque no sabría decir cuánto tiempo ha pasado, lo único que puedo afirmar con seguridad, es que estos humanos son increíblemente absurdos porque siguen viniendo a mí, rogándome toda clase de milagros, que entenderéis que yo, un trozo de madera tallada, no pueda cumplir. Aunque, os diré que, contradictoriamente, cuando, muy de tanto en tanto, alguien viene a darme las gracias, por haber realizado sus deseos... en esos instantes, hasta yo me creo que igual soy alguien. Pero esa sensación es tan efímera como las veces que viene el humano que regenta este cubil desproporcionado a verme.

Lo de que tengo conciencia de esta realidad extraña que me envuelve, tampoco lo sabría explicar, como tampoco sabría expresar lo que siento, cuando me tocan bañados en lágrimas y se me inunda toda mi savia ya reseca, de dolor humano.

En fin, lo importante hoy, es que voy a descansar de tanto drama de molestos feligreses y que mientras absorbo esos pocos destellos de luz solar que me inundan unas pocas horas al día a través de unos diminutos vitrales, podré recrearme en silencio y con sosiego, en el misterio de mi propia existencia.

miércoles, 24 de abril de 2019

Efímera emoción





Cómo, a cada capítulo, se me iban flexionando las ideas, innovando mis percepciones y deseando que nunca acabase para seguir instruyéndome en vivencias ajenas y desconocidas para mí. Cómo, página tras página, he percibido, de qué está hecha la maldad, como se vende el alma y como se recupera. Cómo no temer a la muerte y como escapar de ella. Cómo amar y como odiar. Cómo no siempre se gana y como nunca se pierde.


Y ahora, voy a tomarme un té y a relajarme un poco, que con tanta emoción literaria, acaba una agotada, sobre todo, cuando sabes que la existencia humana no puede ser tan terriblemente emocionante, ¿o sí?...

viernes, 12 de abril de 2019

Zona gris





Reescribir, una y otra vez, los momentos pasados que ya no recuerdas, pero que están ahí. Poder hacer y deshacer lo vivido a tu antojo, inventar y llenar el vacío, poner color allí donde hay una zona gris … hacerlos tuyos, otra vez, aunque ya no te pertenezcan, habiéndose perdido para siempre en el abismo de la impasibilidad. Recordarlos sin recordar. Grabar tu marca en ellos y volver a darles vida...

miércoles, 3 de abril de 2019

Cena






Y aquí estoy, como una esclava, preparando “la magnífica” cena de esta noche. Llevo tres malditas horas de preparación. Estoy ya tan cansada que si pudiera la cancelaría. Maldito sea mi afán de socializar para sentirme  “normal”. Que estúpida. En su momento me pareció una buenísima idea y ahora, la irritación por mi “buena idea” me tiene echando pestes por la boca.

Y estos malditos que no llegan.

Cuando llamo a uno de ellos, harta de esperar, para ver si tienen correctamente mi dirección y me recuerda, entre risas,  que la cena es para mañana, no voy a escribir ni describir, el tipo de alivio que he sentido.

Sí, sí, mañana será otro día…y mañana, mira tú por donde, mi móvil no tendrá batería, mi timbre no funcionará y cuando tengan que irse a cenar una pizza por ahí, pensando en lo rara que soy y en la faena que les he hecho, me sentiré la persona más antisocial de la Tierra, pero nada podrá empañar mi soledad consentida y querida, comiendo con los dedos, viendo una buena película y sin tener que soportar conversaciones de gente que ni conozco.
¡Ja!

viernes, 29 de marzo de 2019

Juego sádico





Siento un placer inmenso viendo cómo te retuerce la incertidumbre las entrañas. Disfruto de una manera que me avergüenza, ligeramente, pero que no puedo evitar. No voy a darte la satisfacción, aun no, al menos. Te haré sufrir un poco más, porque este placer que siento me deja completamente anonadada. Es increíble. Como me gusta jugar con los sentimientos de los demás. De hecho, hasta he estado a punto de ser buena y cambiar de opinión, y así finalizar prudentemente mi juego sádico, pero lo has estropeado cuando has "exigido". ¿Cómo te has atrevido? Ahora sí que te haré sufrir hasta el final.

sábado, 9 de marzo de 2019

Lo que fuera






Lo que fuera daría.
Si tuviera un tesoro escondido en una montaña, sin dragón que lo custodiara, lo entregaría. Si tuviera mil vidas y una de reserva, las mil y una, las cedería. Si tuviera tan solo una última cena programada y después, nada más que llevarme a la boca, también la otorgaría. Todo, absolutamente todo lo daría, por poder meditar en silencio… o silenciar mis taladrantes cavilaciones.

miércoles, 6 de marzo de 2019

Bucle






Confinada en mi realidad, intentando abrirme a la tuya en un bucle infinito, asimilo, por fin, que jamás llegaremos a cruzar ese puente que podría unirnos. Y como dos farolas atemporales, insertadas en el paisaje con niebla espesa y gris, permanecemos inmóviles, sentenciando nuestro epilogo.

domingo, 24 de febrero de 2019

SIETE






Siete. Cinco más dos.

Con un orificio más en mi cinturón (no me importa, en serio) y una muesca menos en la pared, donde con mi cuchillo ficticio voy marcando los años que faltan para saludar a Tánatos personalmente (un dios bastante bastardo, si lo piensas). Con un sentido a la inherencia con la raza humana casi inexistente (se lo han buscado ellos, no yo). Sintiendo que la sed del Saber, cada día es más insaciable (aunque la felicidad radique en la estupidez). Recordando cada momento importante, aunque en el balance de una vida, fuera insignificante (los recuerdos son obtusos y caprichosos). Siempre, como si me persiguiera un Diablo Menor (cabroncetes), caído de un cielo en el cual no creo (contradicción). Mirando al infinito y pensando en nada y en la Nada, encontrar el Todo (juro que no he ido a la India, me ha salido así sin más). Pensando en los que se han ido, en los que se irán, en los que nunca existieron realmente y en los que nunca me quisieron, en los que nunca dejé de amar y en los que nunca me dejaron respirar (a todos ellos, sin excepción: gracias). Con demasiados matices en una sola versión de mi misma (¿seré igual de complicada en otra dimensión?).

En otra dimensión… sin conocimiento ni causa que me indique donde estoy o como seguir (esto sí que es rizar el rizo). Contigo a mi lado, como si siempre hubieses estado ahí, aunque nunca estés (tengo que revisar esta frase y analizarla). Con la ilusión del primer día, porque no recuerdo cuando fue ese día (es lo que tiene ser bohemia). Con la mirada turbia cuando tengo que observar aquello que ya no me incita a mirar (la fealdad mítica del absurdo me abruma). Con el desasosiego de la lejanía tatuado en un mapa que nunca he sabido leer (ni el de carreteras, quede claro). Perdiéndome en cuatro calles de cómic (de Marvel, por supuesto). Siguiendo con el dedo el dibujo del perdedor y señalando la página con un lazo de satén (o con un trozo de papel). Encendiendo las luces aún, como cuando era pequeña (porque los monstruos sí existen). Rogando en silencio que alguien me escuche cuando me quede sin voz (porque gritar en silencio, como lo hago, un día traerá sus consecuencias). Y deseando que nunca nadie me haga una proposición que no pueda rechazar (amo demasiado a mi caballo)



Siete.

                  Un cinco y un dos... 

                                                                        ¡Feliz cumpleaños, alter ego Juji!
   

miércoles, 20 de febrero de 2019

Haciendo amigos



¡Madre mía, como está esa del relato abajo! Me he colado en el blog de Juji porque yo también tengo derecho a quejarme, aunque tan solo sea sobre esa del azúcar. Y es que ¡hay que ver cómo está el patio! Que digo yo, que si está tan mal la pobre chica, que haga algo, y que en vez de defecar delicatessen, sería mejor que recordara que el proceso funciona a la inversa. Pero, bueno, ¿qué sabré yo de los entresijos mentales de esa señora o de la que los escribe? Porque tiene que ser tremendamente duro escribir ciertas cosas, aunque si uno se para a pensarlo, ¿un escritor es aquello que escribe? Porque si fuera así, habría que encerrarlos a todos. En fin, que dentro de mi simplicidad mental y dado que a mi Paco, si le diera por tratarme así, le llegarían sartenazos por todas partes, yo no entiendo nada de esa pobre desgraciada. Y si os digo la verdad, tampoco entiendo a esta Juji, que me da una de cal y otra de arena y nunca sé que es lo que escribe realmente. 
En fin, buenos días o buenas noches, a saber…

domingo, 17 de febrero de 2019

Azúcar




Y cuando como mierda, cago azúcar. Ya he aprendido. Y si me llamas cerda, comprenderás que me ría. Y si me dices, que pensarás en lo que te dije sobre lo de devolverme la vida que necesito, y ya me darás una respuesta o me regalarás una reacción, igual cuando lo hagas, si lo haces, no esté presente ante tal derroche de bondad por tu parte. Querría destrozarlo todo, hasta esa estúpida mueca de magnanimidad, que me aplasta día tras día. Mataría. Sí, lo haría. Nada puede amortizar este precio tan alto que pago. Cadenas invisibles que me atan a la nada. Solo me ofrecen hastío deprimente y rutina subyugante. Abandonaría todo resquicio de humanidad. Lo haría. Mientras tanto, tan solo escupo. Por ahora. Pero, tú a lo tuyo, sigue chupando la sangre, sigue creando a tu alrededor muerte. Para eso has nacido. Yo seguiré comiendo mierda… y ya sabes: de ahí, juro, seguirá saliendo azúcar.

jueves, 7 de febrero de 2019

Eusebio





Eusebio, era el anciano más admirado, respetado y querido de todo el bloque. Era ya imposible prescindir de sus sabios consejos, alegría, buen hacer y predisposición a ayudarnos a todos. No sabíamos cómo, poco a poco, se fue adentrando en nuestras vidas, porque alguna vez habíamos intentado entre vecinos, rememorar ese momento y no lo habíamos logrado. De hecho, llegábamos siempre a la misma conclusión: que siempre había estado ahí. Y esa vaguedad… ese “ahí” y ese “siempre”, un día, no sé por qué, empezó a darme mala espina…
Desde luego, yo, como todos los demás seguí aprovechándome de sus consejos y ayuda, pero empecé a observar, sin ser consciente de ello inicialmente, sus palabras y movimientos más detenidamente. Porque no era posible que para todo tuviera respuesta y para todo, una solución. Parecíamos miembros de una secta y él nuestro líder.
Confieso, que yo misma, había llegado a consultarle por mis novietes, y si su opinión era desfavorable, los dejaba sin rechistar. Mi vecina María, me explicó un día, sin darle importancia alguna, que sin el beneplácito de Eusebio, no osaba ni a contratar a una canguro. Y empecé así, a sonsacar como el que no quiere la cosa, a todos mis vecinos, sobre en qué temas se dejaban aconsejar o en cuales no eran dueños de sus decisiones, sin la opinión del omnipresente Eusebio. Y todos, cuando me lo explicaban, eran conscientes de su dependencia, pero después no le daban más importancia.
A Manuel, el del quinto segunda, el más independiente de todos nosotros, respecto al acatamiento de Eusebio, y con el que yo menos trato tenía (eso cambió al cabo de unos meses), unas semanas después de mis extrañas dudas sobre Eusebio, me lo encontré en el pub donde quedaba con mis amigos y allí, entre cerveza y Martini, me confesó que él también empezaba a albergar dudas sobre ese abuelo, que controlaba (esas fueron sus palabras) la vida de todos nosotros.
El alcohol ayudó a redefinir nuestro plan de espionaje. La sensatez y la vergüenza, al día siguiente, cuando coincidimos en el ascensor, nos obligaron a olvidarnos de esa estupidez de la investigación. Sin embargo… cuando salíamos los dos por la puerta de la calle, nos topamos con Eusebio, que nos dio los buenos días con una efusividad y cariño, ya familiares, pero, que a los dos, nos puso los pelos de punta. ¿Qué estaba sucediendo?
Nos dirigíamos los dos en diferentes direcciones, pero nos bastó una mirada, antes de saludarnos y partir a nuestros respectivos lugares de trabajo, para entender que habíamos sentido lo mismo y que el tema, no estaba zanjado, al contrario.

Desde ese día que nos saludó en la entrada, ni Manuel ni yo, volvimos a verlo, así que, entre cita y cita para hablar de Eusebio, una noche olvidamos incluso su nombre y nuestro cometido. Nos dejamos de estupideces y pasamos a hablar de nosotros y nuestros planes como pareja, porque en nuestra vida apareció eso que se llama amor.
El problema surgió, cuando empezamos a tener que soportar en diferentes momentos del día o de la noche, las quejas de los vecinos porque hacía días que Eusebio no aparecía por ningún sitio y ellos necesitaban de sus sabios consejos y su pronta reacción ante cualquier problema o duda existencial. El estupor fue aún más devastador, cuando, a los pocos días de esa histeria vecinal colectiva, comprobamos que en su apartamento, acababan de mudarse nuevos inquilinos.
Mi edificio, durante algún tiempo pareció una película de zombis, dado que mis vecinos, de repente viéndose dueños de tomar sus decisiones sin ayuda y al no estar ya acostumbrados, eran un manojo de seres humanos sin criterio ni conciencia, deambulando por doquier mendigando ayuda. Pero todo pasó. Y volvieron a encauzar sus vidas.
Un día, mi marido Manuel y yo, leímos en un diario de segunda, entre una noticia y otra, que había sido detenido un hombre que pertenecía a una hermandad de científicos sin escrúpulos, cuyos métodos de estudio del comportamiento humano, en algunos casos, habían acabado causando dependencia, demencia e incluso la muerte de sus cobayas humanas, para después vender la información a las grandes corporaciones, con fines escabrosos.
Nos hizo muchísima gracia, por lo rimbombante de la noticia en tal escueto artículo, era evidente que te recordaba la trama de una novela de ciencia ficción barata.

En fin, lo curioso es que a Eusebio, inexplicablemente, no volvimos nunca más a verlo.

lunes, 4 de febrero de 2019

Amiga







Será, tal vez,  que leyendo la última novela que se me ha infiltrado en los huesos y en mi corazón para siempre, he pensado en nuestra amistad perennemente presente. 
Soy consciente de que formas parte de mi vida de una manera bellísima y que eres también parte de mí, como yo lo soy de ti. 
Pensamos, actuamos, hablamos y vivimos en modo diverso. Si hiciéramos un test de compatibilidad, sacaríamos la peor nota, sin embargo, seguimos ahí después de casi cinco décadas, a pesar de la distancia, a pesar de todo aquello vivido y no compartido, pero siempre explicado.
Has estado siempre ahí, sin estar, he pensado siempre en ti, sin pensar… ¿qué quieres que añada más a nuestra historia, que no suene a rimbombante, ante nuestra increíble y extraordinaria complicidad? 


Bueno, y ahora, voy a buscar en el diccionario qué significa la palabra amistad, a ver si he acertado bastante con este escrito.

jueves, 24 de enero de 2019

Quid pro quo




Siento dolor. Un dolor inmenso y sofocante. Veo oscuridad allí donde antes había luz. Y tú, hoy me has revelado, que mi confesión sobre mi corazón y mentes destrozados, te ha inspirado para  escribir la letra de una canción.

Me niego a revelarte, que en su momento, cuando tú me mostraste con tanto sufrimiento, tu confusión, perdición y desesperación, lo usé para escribir una novela.

Quid pro quo.

sábado, 19 de enero de 2019

Mimitos





La familia Mimitos, eran los malhechores rudos, crueles y vulgares que controlaban el barrio sin piedad.

El patriarca, era quien llevaba la voz cantante. Bueno, eso era lo que él creía. Dejaban que pensase que era el que organizaba o mandaba, pero evidentemente, con dos féminas en la familia, en esta familia de cuatro, que él creyese ser el Alfa, era una utopía. El hijo, ni siquiera intentaba imponer su voluntad, no es que fuera muy inteligente, pero misteriosamente, en algún momento de su aprendizaje vital, entendió algo sutil que se percibía en el ambiente y que pocos lograban captar: que la etérea fuerza, resistencia e inteligencia de las féminas de su clan, era arrolladora.
Mimitos, en acción, eran una verdadera plaga. Nadie se atrevía enfrentarse a ellos, ni siquiera la policía, aunque también es cierto, que las dos patrullas que rondaban por el barrio, poco o nada hacían por instaurar la ley. Sabían que sería una estupidez romper el ritmo de algo ya establecido hacía decenios.

Mi nombre es, Mario Audaz. Soy periodista. Nunca me he atrevido a adentrarme en ese barrio donde crecieron mis abuelos y de donde tuvieron que huir mis padres. Me gustaría publicar la historia de esta familia, que todos conocen más allá de ese distrito, pero no tengo el coraje de hacerlo, me he acomodado demasiado a mis artículos mitigados y banales. Y temo a la nieta Mimitos, más que a nadie en este mundo. Su ferocidad no tiene límites, lo sé, porque de ella, se cuentan historias monstruosas.
Lo único que puedo pensar con claridad y sin miedo, en los días en los que no me siento completamente una marioneta de mi confort, es que un nombre o un apellido, no nos define. Es evidente.

viernes, 11 de enero de 2019

Las cosas del querer






Realmente, los ajenos al drama que se produjo aquella tarde, nunca supieron cómo empezó todo ni el porqué. Nadie dio nunca una explicación de ello, porque la vergüenza los enmudeció para siempre.

Y todo, por asuntos del querer…

Una muerte. Un velatorio. Una reunión de familiares y amigos. El dolor nublando los sentidos. La sinceridad y algo de fingimiento, juntitas de la mano. Un poco de vino dulce con graduación elevadísima… y el egocentrismo imperando.
Y llegó ese instante, en que alguien se atribuyó el reconocimiento público de la persona premiada como la más querida, privilegiada en título de grado familiar o de amistad o con la que más vivencias podía aportar por el difunto… Y de ponderar a los cuatro vientos, y cada vez más violentamente, quien de ellos había sido el más trascendental en la vida del difunto. Y por ello, el que más estaba sufriendo su pérdida.

Acabó todo, con cuatro ambulancias llenas de heridos y los que con suerte lograron salir casi indemnes, fueron echados de la funeraria con modos exquisitos pero taxativos.

El difunto se quedó solo.