viernes, 12 de abril de 2019

Zona gris





Reescribir, una y otra vez, los momentos pasados que ya no recuerdas, pero que están ahí. Poder hacer y deshacer lo vivido a tu antojo, inventar y llenar el vacío, poner color allí donde hay una zona gris … hacerlos tuyos, otra vez, aunque ya no te pertenezcan, habiéndose perdido para siempre el abismo de la indiferencia. Recordarlos sin recordar. Grabar tu marca en ellos y volver a darles vida...

miércoles, 3 de abril de 2019

Cena






Y aquí estoy, como una esclava, preparando “la magnífica” cena de esta noche. Llevo tres malditas horas de preparación. Estoy ya tan cansada que si pudiera la cancelaría. Maldita sea mi afán de socializar para sentirme  “normal”. Que estúpida. En su momento me pareció una buenísima idea y ahora, la irritación por mi “buena idea” me tiene echando pestes por la boca.

Y estos malditos que no llegan.

Cuando llamo a uno de ellos, harta de esperar, para ver si tienen correctamente mi dirección y me recuerda, entre risas,  que la cena es para mañana, no voy a escribir ni describir, el tipo de alivio que he sentido.

Sí, sí, mañana será otro día…y mañana, mira tú por donde, mi móvil no tendrá batería, mi timbre no funcionará y cuando tengan que irse a cenar una pizza por ahí, pensando en lo rara que soy y en la faena que les he hecho, me sentiré la persona más antisocial de la Tierra, pero nada podrá empañar mi soledad consentida y querida, comiendo con los dedos, viendo una buena película y sin tener que soportar conversaciones de gente que ni conozco.
¡Ja!

viernes, 29 de marzo de 2019

Juego sádico





Siento un placer inmenso viendo cómo te retuerce la incertidumbre las entrañas. Disfruto de una manera que me avergüenza, ligeramente, pero que no puedo evitar. No voy a darte la satisfacción, aun no, al menos. Te haré sufrir un poco más, porque este placer que siento me deja completamente anonadada. Es increíble. Como me gusta jugar con los sentimientos de los demás. De hecho, hasta he estado a punto de ser buena y cambiar de opinión, y así finalizar prudentemente mi juego sádico, pero lo has estropeado cuando has "exigido". ¿Cómo te has atrevido? Ahora sí que te haré sufrir hasta el final.

sábado, 9 de marzo de 2019

Lo que fuera






Lo que fuera daría.
Si tuviera un tesoro escondido en una montaña, sin dragón que lo custodiara, lo entregaría. Si tuviera mil vidas y una de reserva, las mil y una, las cedería. Si tuviera tan solo una última cena programada y después, nada más que llevarme a la boca, también la otorgaría. Todo, absolutamente todo lo daría, por poder meditar en silencio… o silenciar mis taladrantes cavilaciones.

miércoles, 6 de marzo de 2019

Bucle






Confinada en mi realidad, intentando abrirme a la tuya en un bucle infinito, asimilo, por fin, que jamás llegaremos a cruzar ese puente que podría unirnos. Y como dos farolas atemporales, insertadas en el paisaje con niebla espesa y gris, permanecemos inmóviles, sentenciando nuestro epilogo.

domingo, 24 de febrero de 2019

SIETE






Siete. Cinco más dos.

Con un orificio más en mi cinturón (no me importa, en serio) y una muesca menos en la pared, donde con mi cuchillo ficticio voy marcando los años que faltan para saludar a Tánatos personalmente (un dios bastante bastardo, si lo piensas). Con un sentido a la inherencia con la raza humana casi inexistente (se lo han buscado ellos, no yo). Sintiendo que la sed del Saber, cada día es más insaciable (aunque la felicidad radique en la estupidez). Recordando cada momento importante, aunque en el balance de una vida, fuera insignificante (los recuerdos son obtusos y caprichosos). Siempre, como si me persiguiera un Diablo Menor (cabroncetes), caído de un cielo en el cual no creo (contradicción). Mirando al infinito y pensando en nada y en la Nada, encontrar el Todo (juro que no he ido a la India, me ha salido así sin más). Pensando en los que se han ido, en los que se irán, en los que nunca existieron realmente y en los que nunca me quisieron, en los que nunca dejé de amar y en los que nunca me dejaron respirar (a todos ellos, sin excepción: gracias). Con demasiados matices en una sola versión de mi misma (¿seré igual de complicada en otra dimensión?).

En otra dimensión… sin conocimiento ni causa que me indique donde estoy o como seguir (esto sí que es rizar el rizo). Contigo a mi lado, como si siempre hubieses estado ahí, aunque nunca estés (tengo que revisar esta frase y analizarla). Con la ilusión del primer día, porque no recuerdo cuando fue ese día (es lo que tiene ser bohemia). Con la mirada turbia cuando tengo que observar aquello que ya no me incita a mirar (la fealdad mítica del absurdo me abruma). Con el desasosiego de la lejanía tatuado en un mapa que nunca he sabido leer (ni el de carreteras, quede claro). Perdiéndome en cuatro calles de cómic (de Marvel, por supuesto). Siguiendo con el dedo el dibujo del perdedor y señalando la página con un lazo de satén (o con un trozo de papel). Encendiendo las luces aún, como cuando era pequeña (porque los monstruos sí existen). Rogando en silencio que alguien me escuche cuando me quede sin voz (porque gritar en silencio, como lo hago, un día traerá sus consecuencias). Y deseando que nunca nadie me haga una proposición que no pueda rechazar (amo demasiado a mi caballo)



Siete.

                  Un cinco y un dos... 

                                                                        ¡Feliz cumpleaños, alter ego Juji!
   

miércoles, 20 de febrero de 2019

Haciendo amigos



¡Madre mía, como está esa del relato abajo! Me he colado en el blog de Juji porque yo también tengo derecho a quejarme, aunque tan solo sea sobre esa del azúcar. Y es que ¡hay que ver cómo está el patio! Que digo yo, que si está tan mal la pobre chica, que haga algo, y que en vez de defecar delicatessen, sería mejor que recordara que el proceso funciona a la inversa. Pero, bueno, ¿qué sabré yo de los entresijos mentales de esa señora o de la que los escribe? Porque tiene que ser tremendamente duro escribir ciertas cosas, aunque si uno se para a pensarlo, ¿un escritor es aquello que escribe? Porque si fuera así, habría que encerrarlos a todos. En fin, que dentro de mi simplicidad mental y dado que a mi Paco, si le diera por tratarme así, le llegarían sartenazos por todas partes, yo no entiendo nada de esa pobre desgraciada. Y si os digo la verdad, tampoco entiendo a esta Juji, que me da una de cal y otra de arena y nunca sé que es lo que escribe realmente. 
En fin, buenos días o buenas noches, a saber…

domingo, 17 de febrero de 2019

Azúcar




Y cuando como mierda, cago azúcar. Ya he aprendido. Y si me llamas cerda, comprenderás que me ría. Y si me dices, que pensarás en lo que te dije sobre lo de devolverme la vida que necesito, y ya me darás una respuesta o me regalarás una reacción, igual cuando lo hagas, si lo haces, no esté presente ante tal derroche de bondad por tu parte. Querría destrozarlo todo, hasta esa estúpida mueca de magnanimidad, que me aplasta día tras día. Mataría. Sí, lo haría. Nada puede amortizar este precio tan alto que pago. Cadenas invisibles que me atan a la nada. Solo me ofrecen hastío deprimente y rutina subyugante. Abandonaría todo resquicio de humanidad. Lo haría. Mientras tanto, tan solo escupo. Por ahora. Pero, tú a lo tuyo, sigue chupando la sangre, sigue creando a tu alrededor muerte. Para eso has nacido. Yo seguiré comiendo mierda… y ya sabes: de ahí, juro, seguirá saliendo azúcar.

jueves, 7 de febrero de 2019

Eusebio





Eusebio, era el anciano más admirado, respetado y querido de todo el bloque. Era ya imposible prescindir de sus sabios consejos, alegría, buen hacer y predisposición a ayudarnos a todos. No sabíamos cómo, poco a poco, se fue adentrando en nuestras vidas, porque alguna vez habíamos intentado entre vecinos, rememorar ese momento y no lo habíamos logrado. De hecho, llegábamos siempre a la misma conclusión: que siempre había estado ahí. Y esa vaguedad… ese “ahí” y ese “siempre”, un día, no sé por qué, empezó a darme mala espina…
Desde luego, yo, como todos los demás seguí aprovechándome de sus consejos y ayuda, pero empecé a observar, sin ser consciente de ello inicialmente, sus palabras y movimientos más detenidamente. Porque no era posible que para todo tuviera respuesta y para todo, una solución. Parecíamos miembros de una secta y él nuestro líder.
Confieso, que yo misma, había llegado a consultarle por mis novietes, y si su opinión era desfavorable, los dejaba sin rechistar. Mi vecina María, me explicó un día, sin darle importancia alguna, que sin el beneplácito de Eusebio, no osaba ni a contratar a una canguro. Y empecé así, a sonsacar como el que no quiere la cosa, a todos mis vecinos, sobre en qué temas se dejaban aconsejar o en cuales no eran dueños de sus decisiones, sin la opinión del omnipresente Eusebio. Y todos, cuando me lo explicaban, eran conscientes de su dependencia, pero después no le daban más importancia.
A Manuel, el del quinto segunda, el más independiente de todos nosotros, respecto al acatamiento de Eusebio, y con el que yo menos trato tenía (eso cambió al cabo de unos meses), unas semanas después de mis extrañas dudas sobre Eusebio, me lo encontré en el pub donde quedaba con mis amigos y allí, entre cerveza y Martini, me confesó que él también empezaba a albergar dudas sobre ese abuelo, que controlaba (esas fueron sus palabras) la vida de todos nosotros.
El alcohol ayudó a redefinir nuestro plan de espionaje. La sensatez y la vergüenza, al día siguiente, cuando coincidimos en el ascensor, nos obligaron a olvidarnos de esa estupidez de la investigación. Sin embargo… cuando salíamos los dos por la puerta de la calle, nos topamos con Eusebio, que nos dio los buenos días con una efusividad y cariño, ya familiares, pero, que a los dos, nos puso los pelos de punta. ¿Qué estaba sucediendo?
Nos dirigíamos los dos en diferentes direcciones, pero nos bastó una mirada, antes de saludarnos y partir a nuestros respectivos lugares de trabajo, para entender que habíamos sentido lo mismo y que el tema, no estaba zanjado, al contrario.

Desde ese día que nos saludó en la entrada, ni Manuel ni yo, volvimos a verlo, así que, entre cita y cita para hablar de Eusebio, una noche olvidamos incluso su nombre y nuestro cometido. Nos dejamos de estupideces y pasamos a hablar de nosotros y nuestros planes como pareja, porque en nuestra vida apareció eso que se llama amor.
El problema surgió, cuando empezamos a tener que soportar en diferentes momentos del día o de la noche, las quejas de los vecinos porque hacía días que Eusebio no aparecía por ningún sitio y ellos necesitaban de sus sabios consejos y su pronta reacción ante cualquier problema o duda existencial. El estupor fue aún más devastador, cuando, a los pocos días de esa histeria vecinal colectiva, comprobamos que en su apartamento, acababan de mudarse nuevos inquilinos.
Mi edificio, durante algún tiempo pareció una película de zombis, dado que mis vecinos, de repente viéndose dueños de tomar sus decisiones sin ayuda y al no estar ya acostumbrados, eran un manojo de seres humanos sin criterio ni conciencia, deambulando por doquier mendigando ayuda. Pero todo pasó. Y volvieron a encauzar sus vidas.
Un día, mi marido Manuel y yo, leímos en un diario de segunda, entre una noticia y otra, que había sido detenido un hombre que pertenecía a una hermandad de científicos sin escrúpulos, cuyos métodos de estudio del comportamiento humano, en algunos casos, habían acabado causando dependencia, demencia e incluso la muerte de sus cobayas humanas, para después vender la información a las grandes corporaciones, con fines escabrosos.
Nos hizo muchísima gracia, por lo rimbombante de la noticia en tal escueto artículo, era evidente que te recordaba la trama de una novela de ciencia ficción barata.

En fin, lo curioso es que a Eusebio, inexplicablemente, no volvimos nunca más a verlo.

lunes, 4 de febrero de 2019

Amiga







Será, tal vez,  que leyendo la última novela que se me ha infiltrado en los huesos y en mi corazón para siempre, he pensado en nuestra amistad perennemente presente. 
Soy consciente de que formas parte de mi vida de una manera bellísima y que eres también parte de mí, como yo lo soy de ti. 
Pensamos, actuamos, hablamos y vivimos en modo diverso. Si hiciéramos un test de compatibilidad, sacaríamos la peor nota, sin embargo, seguimos ahí después de casi cinco décadas, a pesar de la distancia, a pesar de todo aquello vivido y no compartido, pero siempre explicado.
Has estado siempre ahí, sin estar, he pensado siempre en ti, sin pensar… ¿qué quieres que añada más a nuestra historia, que no suene a rimbombante, ante nuestra increíble y extraordinaria complicidad? 


Bueno, y ahora, voy a buscar en el diccionario qué significa la palabra amistad, a ver si he acertado bastante con este escrito.

jueves, 24 de enero de 2019

Quid pro quo




Siento dolor. Un dolor inmenso y sofocante. Veo oscuridad allí donde antes había luz. Y tú, hoy me has revelado, que mi confesión sobre mi corazón y mentes destrozados, te ha inspirado para  escribir la letra de una canción.

Me niego a revelarte, que en su momento, cuando tú me mostraste con tanto sufrimiento, tu confusión, perdición y desesperación, lo usé para escribir una novela.

Quid pro quo.

sábado, 19 de enero de 2019

Mimitos





La familia Mimitos, eran los malhechores rudos, crueles y vulgares que controlaban el barrio sin piedad.

El patriarca, era quien llevaba la voz cantante. Bueno, eso era lo que él creía. Dejaban que pensase que era el que organizaba o mandaba, pero evidentemente, con dos féminas en la familia, en esta familia de cuatro, que él creyese ser el Alfa, era una utopía. El hijo, ni siquiera intentaba imponer su voluntad, no es que fuera muy inteligente, pero misteriosamente, en algún momento de su aprendizaje vital, entendió algo sutil que se percibía en el ambiente y que pocos lograban captar: que la etérea fuerza, resistencia e inteligencia de las féminas de su clan, era arrolladora.
Mimitos, en acción, eran una verdadera plaga. Nadie se atrevía enfrentarse a ellos, ni siquiera la policía, aunque también es cierto, que las dos patrullas que rondaban por el barrio, poco o nada hacían por instaurar la ley. Sabían que sería una estupidez romper el ritmo de algo ya establecido hacía decenios.

Mi nombre es, Mario Audaz. Soy periodista. Nunca me he atrevido a adentrarme en ese barrio donde crecieron mis abuelos y de donde tuvieron que huir mis padres. Me gustaría publicar la historia de esta familia, que todos conocen más allá de ese distrito, pero no tengo el coraje de hacerlo, me he acomodado demasiado a mis artículos mitigados y banales. Y temo a la nieta Mimitos, más que a nadie en este mundo. Su ferocidad no tiene límites, lo sé, porque de ella, se cuentan historias monstruosas.
Lo único que puedo pensar con claridad y sin miedo, en los días en los que no me siento completamente una marioneta de mi confort, es que un nombre o un apellido, no nos define. Es evidente.

viernes, 11 de enero de 2019

Las cosas del querer






Realmente, los ajenos al drama que se produjo aquella tarde, nunca supieron cómo empezó todo ni el porqué. Nadie dio nunca una explicación de ello, porque la vergüenza los enmudeció para siempre.

Y todo, por asuntos del querer…

Una muerte. Un velatorio. Una reunión de familiares y amigos. El dolor nublando los sentidos. La sinceridad y algo de fingimiento, juntitas de la mano. Un poco de vino dulce con graduación elevadísima… y el egocentrismo imperando.
Y llegó ese instante, en que alguien se atribuyó el reconocimiento público de la persona premiada como la más querida, privilegiada en título de grado familiar o de amistad o con la que más vivencias podía aportar por el difunto… Y de ponderar a los cuatro vientos, y cada vez más violentamente, quien de ellos había sido el más trascendental en la vida del difunto. Y por ello, el que más estaba sufriendo su pérdida.

Acabó todo, con cuatro ambulancias llenas de heridos y los que con suerte lograron salir casi indemnes, fueron echados de la funeraria con modos exquisitos pero taxativos.

El difunto se quedó solo. 

martes, 1 de enero de 2019

Maldición





No sé, tal vez es una maldición. 
Es tremendo como, me es más fácil comunicarme escribiendo que hablando. Tal vez no sé expresarme correctamente con el lenguaje oral... Aunque también os digo, que no ayuda en lo más mínimo comunicarse en diferentes idiomas. Que empiezas el discurso de bienvenida con el castellano, te recriminan que no lo hagas en catalán, que lo haces en catalán, ¡mala suerte, otra vez! Eran de Teruel. Que te expresas en inglés, pues son de la Francia profunda, recriminándote que ya que somos vecinos, deberíamos ¡nosotros!, hablar en francés. Que lo hago en alemán, sí, sí, pues resulta que son italianos.
Volviendo al tema de las maldiciones, hace unos días me asusté de mi misma, oye, que gustazo convertirse en la abuela del exorcista (si hubiese dicho “niña” alguno se habría reído). Si es que hasta salieron de mi boca palabrotas que ni sabía que existieran. No os preocupéis, el energúmeno en cuestión las merecía. Lo que no tengo muy claro es si me salió espuma por la boca. Pero que lo maldije hasta en arameo, eso sí puedo asegurarlo. Y ¡fijaros! Entonces, milagrosamente, sí que me entendió.



lunes, 31 de diciembre de 2018

Que la fuerza os acompañe



E allora ti do il cielo gli uccelli
la luna il sole le stelle
e ti do anche il fiume e la montagna
e laghi e continenti
e ti do un mondo migliore
un mondo d’amore...

Beppe Costa

martes, 25 de diciembre de 2018

Logro secreto






Ni siquiera ella, que tanto creía en que lo lograría, podría creerse que lo había conseguido. Y ahí estaba, llena de gratitud, de paz, de orgullo y sobre todo, de estupefacción. Le habría gustado gritarlo a los cuatro vientos, informar a todos sus contactos más allegados, difundir su logro y felicidad, pero sabía que lo único que le apetecía hacer, era plasmarlo por escrito y que llegase a donde llegase, lo leyese quien lo leyese, sería un logro secreto compartido.
¡Felices sueños, dulces fiestas!

viernes, 9 de noviembre de 2018

Dudas







Tuve que cerrar la estancia donde me encontraba, porque el día había llegado a su fin. Cuando apagué las luces y me envolvió la oscuridad, decenas de imágenes se colaron en mi cerebro como un virus en plena reproducción. Todas espeluznantes. Asesinos en serie, zombis, vampiros, hombres lobo… todos estaban ahí, para cobrarse a una víctima, pero esos seres no me aterraron tanto, como los espectros que querían acercase a mí para hablar conmigo de su situación, reírse de mi terror o simplemente para que, con solo imponer su presencia, yo cayera fulminada por un ataque al corazón y llevarme con ellos. Del interruptor de la luz hasta la puerta, hay como 20 metros. Sabía que, en un momento u otro, algo o alguien me aferraría por un brazo o por el cuello, me mordería, me destriparía, me abduciría o me rozaría sutilmente o brutalmente. Todas las posibilidades eran válidas y factibles, os lo aseguro. Y mi corazón, a punto de estallar, me avisó de que algo no iba bien, porque me quedé paralizada sin poder hacer nada más que sentir como se derretía mi voz en la garganta, como mis articulaciones se negaban a obedecer el instinto básico de supervivencia sacándome de allí y como mi vista, aun teniendo los ojos cerrados, me hacía ver aquello que no debería existir.

¿Cómo llegué hasta la puerta de salida indemne, librándome de ese micro mundo aterrador? No lo sé. De hecho, no recuerdo absolutamente nada del final de esta historia, tan solo el inicio.
Así que, me asalta una temible duda… ¿sigo viva? Y si así fuera, ¿por qué tengo esta sensación de ser etérea?, ¿por qué siguen sangrando unas heridas irreconocibles en mi cuerpo y, sin embargo, paradójicamente, la misma sangre las cauteriza y vuelta a empezar? y ¿por qué mientras escribo esto, no veo mi reflejo en la pantalla del ordenador? ... 

lunes, 15 de octubre de 2018

Si hoy pudiera...






A ver, que un color que apreciaba, aunque no mucho la verdad, se haya convertido en una reivindicación que te aplasta allá a donde vayas, cansa, de verdad, cansa mucho. Los muy burros no entienden que “podar” un árbol verde y frondoso, con un amarillo chillón, escuece en la retina, mata la poesía y desaloja la última esperanza de encontrar castañas. Un poco de respeto, por favor. 
Pero, no digas nada, vaya a ser que te fusilen con la mirada y te destierren de tu verdad de igualdad y fraternidad, sin bandera y sin credo.

Que uno puede pedir a gritos muchas cosas, pero duele que te lo griten en la oreja, ya enrojecida, por los gritos también de aquellas que mujeres que salen a la calle a “mendigar” igualdad, enfurecidas, como hienas a punto de saltarte a la yugular, pero, eso sí, no más tarde de una hora prudencial, que hay que llegar a casa para hacer la cena. Un poco de coherencia, por favor. 
Pero, no digas nada, vaya a ser que te tachen de machista, intolerante y gilipollas de turno. Faltaría más, yo que llevo mi lucha reivindicativa en solitario, desde que tengo uso de razón.

Que a veces, sin exagerar, me parece que estamos en pleno inicio, de nuevo y por desgracia, de una nueva Inquisición… que todo esto es una locura.

Y en esos artículos pongamos, de una revista de cine, que deberían hablar de cine, obvio, ¿no?, no se juzga la película sino el modo de vida de la actriz, el estilo de peinado, la altura del tacón… ¡qué locura! 
Por cierto, ¿no es tremendamente absurdo que te vendan plantillas, tiritas y cremas para poder sufrir el dolor de llevar zapatos que nadie en su sano juicio llevaría? ¿No deberían ponerse esos objetos de tortura, aquellos que los han inventado? Sería magnífico ver al señor “Manolos” ponerse sus creaciones en sus carnes… como me iba a reír. Y sino, y esto ya no hace gracias, pensad en las pobres chinas y en el calvario que tuvieron que soportar al vendar sus pies…

Y, ya que hoy estoy que me salgo, una cosilla más: el sector servicios. ¡¿Hola?! ¿hay alguien ahí? Pero, personas de mi alma, ¿de dónde habéis salido? ¿De una puta caverna? ¿nadie os ha enseñado modales? ¿ni siquiera quien os ha contratado y lo vais a llevar a la ruina? Mediocres y maleducadas personillas, yo me dedico al sector servicios y jamás he negado una información ni una sonrisa a nadie. Y sino, pesad en los payasos, tristes por dentro, alegres por fuera (un saludo Spaghetti querido, allí donde estés)

En serio, si hoy pudiera, yo misma, me reencarnaría en Torquemada, porque, ¿qué quieres que te diga? Si hay que pasar por un millón de aros y callar la boca, prefiero ser yo el verdugo y no la víctima.

Ok. Y esto se acaba, porque de verdad de la buena, hoy no debo ni teclear ni una letra más porque … ¡si hoy pudiera…!



martes, 19 de junio de 2018

Como me gustaría...






Como me gustaría que me llegaras a recordar en mis cosas cuando ya no esté… que al tocar los objetos que toco... Que cuando escucharas mi música... Que cuando leyeras mis libros favoritos... Que al saborear aquellos platos que tanto me gustan ... 
Como me gustaría que cuando no esté, no dejases de recordarme para poder seguir viviendo en tu recuerdo…

jueves, 31 de mayo de 2018

No sabía hablar




No sabía hablar.

A veces, intentaba componer frases enteras y apenas a las cuatro palabras se bloqueaba esperando esa interrupción que sabía que llegaría en un micro segundo. Y ésta llegaba. Sin piedad.

Otras veces, con paciencia sin límites, cuando intentaba, con mucha  educación y tacto, seguir el hilo de la otra conversación con algún que otro comentario u opinión, también era interrumpida, así que incluso ese esfuerzo era desechado sin miramientos.
No sabía hablar.
Después de tanto tiempo sin ser nunca escuchada, era una consecuencia evidente y esperada. No es que aquello que tuviera que decir fuera más interesante, importante, relevante o impresionante que aquello que pudieran expresar verbalmente los demás, pero tampoco lo era menos, simplemente  tuvo el gran infortunio de conocer durante toda su vida gente que creían que sus vidas eran más importantes, sus actos los más asombrosos, sus luchas las más encarnizadas, sus amores los más intensos y en definitiva, sus vidas muchísimo más trascendentales que la de ella.
No sabía hablar.
Ya no lo lamentaba como antaño, aunque aún se le desgarrase en lo más íntimo de su ser alguna que otra cicatriz incurable, pero logró construir un vacío entre ella y aquellos que la utilizaban tan solo para hacerla papel blanco donde escribir sus memorias cotidianas.
Y aprendió la lección.
No sabía hablar.
Ahora escribía.
Y aquellos que nunca la escucharon, aquellos que seguían sin oírla, se quedaban prendidos de sus palabras escritas, como adeptos de una secta. 

viernes, 18 de mayo de 2018

No es abandono...







Siento que te he fallado al no presentarme cuando me llamabas. Lo hacías a tu modo, es decir, de una manera que nadie puede descifrar, ni tan solo yo, pero hacías ya meses que te echaba tremendamente de menos y lo absurdo de la situación es que estábamos a cinco minutos, una de la otra. Te presentía, te añoraba y cada vez que pasaba cerca de tu casa, tenía unas ganas irrefrenables de ir a verte, pero las circunstancias de las personas siempre lo estropean todo. Yo, deprimida como nunca lo había estado y tú, envuelta en una situación familiar, por parte de los humanos que cuidaban de ti (y tú de ellos) la cual, imagino, no entendías nada.
Añoro tu saludo, tan entusiasta que me dejabas llena de pelos y babas y una felicidad sin fin. Me reconocías a quilómetros de distancia y empezabas a avisar con tus ladridos de mi llegada, como si fuera una fiesta… como si mi presencia te llenara tanto como a mí la tuya.
Me siento tan triste… quien te amaba con tanta fuerza que duele tanto como respirar sin aire, me ha dicho que no llore que no esté triste, que te recuerde con felicidad, que recuerde todo lo que me ofreciste tan desinteresadamente como solo el mejor amigo del hombre puede hacerlo… prometo intentarlo, de veras, pero solo si tú me prometes que allá donde mores, seguirás siendo tan bella, cariñosa y esplendida como siempre. Solo así, podré olvidar el dolor y, sobre todo, este sentimiento de no-abandono que me oprime el corazón.

domingo, 15 de abril de 2018

Cordura







Si tu estado de ánimo es una basura, inútil intentar animarte; cuando no se puede, no se puede. Eso es lo que me decía mi gato de cerámica, desde la repisa de esa chimenea que nunca encendí, porque temía que el cadáver que tenía en su conducto, al final cayera con un estrépito de huesos y ropa maloliente y me diera un susto de muerte (toda chimenea que se precie, cadáver que contiene, como es sabido). Llegué a creer que había algún tipo de gas toxico y alucinógeno subterráneo que me hacía oír voces (como las de ese gato aguafiestas) y que me hacía pensar y actuar en un modo nada coherente, desde luego, esa podría haber sido la única explicación plausible ante tanto desvarío, pero no, es una estupidez. Cuando llegué a esta casa en medio de la nada para superar mi reciente viudez, yo era una persona cabal, creo, pero ahora me he convertido en un despojo humano. Me dice mi perro de terracota, el que está bajo la lámpara (que es el más simpático de los que me dan consejos en la casa) que es solo el dolor de la pérdida y la soledad; me gustaría creerlo, en serio… el otro día vi un cervatillo mientras tomaba el café en el porche y me quedé allí plantada con la taza en la mano esperando oír que consejo me daría, pero se me enfrió el café sin obtener ninguno, tal vez solo me hablen los objetos inanimados (aunque la verdad, es que están más animados que yo).
En fin, debería poner fin a esta estupidez y empezar a preparar la comida, porque la verdad es que no creo que me ayude en nada poner por escrito mis intrascendentes cosillas, cuando la sabiduría de mi sartén puede aportarme una estabilidad y un punto de vista siempre diferente (es una resabida, lo sé, pero nadie como ella para esclarecer mis pensamientos).

sábado, 3 de marzo de 2018

Viaje




No es un escrito para contar alguna historia creada por mi imaginación, es tan solo un cúmulo de reflexiones sobre un viaje, que ni tan siquiera fue iniciático, así que, si no quieres perder el tiempo, no sigas leyendo.

Cogí un tren de media distancia, después de casi cinco años, increíble pero cierto, para dirigirme a pasar el día en una ciudad inmensa y preciosa pero que me aturde cada vez más. Así que no hacía ni diez minutos que estaba en ese raudo artefacto a merced de la velocidad no gestionada por mis manos, cuando empecé a divagar. 

Cuando llegué a mi destino, la marea humana me dejó sin aliento. Realmente habían pasado mucho tiempo, demasiado… me sentí tan fuera de lugar como una araña en un pastel de nata. Me dejé llevar, ¿qué otra cosa podía hacer? Además, tenía que salir de ese túnel lo antes posible, o habría empezado a gritar como una remilgada campesina de hace tres siglos en un museo de arte moderno contemporáneo.

Logré mi objetivo, con una serenidad (que no sentía) y una desenvoltura (que tampoco sentía) que habría engañado al más cosmopolita del planeta (de hecho, creo que los engañé).

Pero no me aflijo, ahora que soy consciente de mi pequeñez de miras por haberme oxidado en tanta zona de confort, voy a volver a convertirme de nuevo en una viajera incansable.

Lo juro, por este sol que me alumbra y estas nubes que insisten en taparlo.

jueves, 23 de febrero de 2017

Tiempo







 ¡Cincuenta años! Los miraba de reojo y solo apreciaba su ancianidad, ¿qué otra cosa era una persona de esa edad, sino alguien a punto de estirar la pata? Tenía muy claro que cuando llegara a esa edad, desaparecería del mapa. No iba a dejarse engañar por esas frases hechas donde se ensalzaba la madurez tardía o la vejez plena de juventud. Pensar en pensiones y achaques, le producía desazones. No obstante era aún tan joven, que pensar es algo así, era una pérdida de tiempo.
Tiempo.
Y llegó esa fecha, donde faltaban días, para poner un cincuenta encima de una tarta bien blandita. ¡Era tan gratificante haber llegado a esa edad, en la que creía hace tan solo unos años (¿siglos?), que todo era feo, decrepito y absurdo, y sentirse tan bien!

El único problemilla, se lo daba su cerebro. Se lo estrujaba para llegar a saber si lo soñado lo había vivido, o lo vivido, soñado. Y la rodilla derecha, que le crujía a cada paso que daba, o la espalda que… en fin, que se sentía tan joven como hacía unos años (¿siglos?).

viernes, 16 de diciembre de 2016

Mi suerte o mi fantasía







Y volvía a suceder. El viento me lo anunció unos instantes antes y un escalofrío recorrió mi cuerpo. Sabía que en ese instante, o en cuestión de horas, aquello deseado y soñado, se materializaría.
Llevaba mucho tiempo, demasiado, pensado que había perdido mi Don, mi ancla onírica, mis regalos de Navidad, mi suerte o mi fantasía; le diese el nombre que le diese, todo significaba lo mismo: la luz en la oscuridad. Los sueños hechos realidad, pero con previa revisión de los mismos y con la satisfacción, una vez lograda la perfección, de que éstos se cumplirían… pero lo había perdido.
Hasta hace unas semanas.

Nunca sabré, ni podré, describir lo que se siente, pero, aunque lo intentara, tampoco nadie me creería, así que ahora, de nuevo, puedo volver a encerrarme en el otro mundo, ese que nadie en su sano juicio aceptaría ni entendería, pero al cual, yo, pertenezco.

miércoles, 8 de junio de 2016

200 y más



Era inútil intentar no perderse en esa bruma, porque ya no podía despojarse de una frase, de un olor, de una risa, de una caricia o de una cara y su historia... solo era cuestión de poder escribirlas un día y otro y otro...





Doscientos. Doscientos escritos publicados.

Gracias, adorados destellos de fantasía.