domingo, 30 de octubre de 2011

Villa sin ...









Estuvieras donde estuvieras, siempre veías las mismas caras: caras de decepción, de tristeza, de descontento y sobre todo, de apatía. El poblado era una colmena de agrios personajes que, ya fuera en la iglesia, en el bar, o en la carnicería, daba lo mismo, te recibían con esos rostros llenos de todo menos de alegría, así que para ser el miembro más joven del circo ambulante que pisaba por primera vez ese pueblo, era todo un reto para mí, especialmente, porque iba a ser mi primera función como payaso. Para mis curtidos y rudos compañeros de viaje, era un pueblo más, una ruta más, un trabajo más y los rostros de los habitantes de ese u otro poblado, les eran tan ajenos, como puede ser un mosquito para un elefante.
Tenía miedo. Si no hacía reír a esos habitantes que en dos días serían mi público, no tendría otra oportunidad con este trabajo y yo quería ser payaso, no corredor de bolsa, ni médico, ni bombero, ni fontanero, sino payaso.
Había hecho lo imposible por entender, que apesadumbraba tanto a esta gente, pero mi ardua tarea, había sido un total fracaso. Durante dos días con sus noches, jamás oí una risa, un saludo alegre o un ligero movimiento en la comisura de algunos labios delatando lo impensable, o sea se, un sonido anunciador de algo tan normal y común como una risa.
Así que aquí estoy, a punto de salir para la primera y tal vez, última función de mi vida, ante un público lleno de desconcertante silencio.
Es la hora.
Después de diez minutos de ridículo estrés y agobiante deseo de oír al menos un susurro, he tirado la toalla, literalmente, porque la llevaba en la cabeza a modo de turbante y me he sentado en una silla en medio de la gran pista, sin abrir la boca, sin emitir sonido alguno, sin intentar hacer reír a nadie... iba a pagarles con la misma moneda.
Y como si de una broma se tratase, he empezado a oír los primeros murmullos de aprobación aderezados con aplausos efusivos y alguna que otra mueca parecida a una mini sonrisa.
Así que, no es que esta gente no tuviera sentido del humor, sino que la forma de entenderlo y apreciarlo era completamente diferente a como, comúnmente, lo entendemos los demás seres humanos del planeta... aunque si hubiese sido más inteligente, tal vez habría notado que con el nombre del pueblo ya anunciaban otra realidad.
Si un pueblo se llama "Villa Sin Risa" ¿cómo no adivinar lo que te espera?

viernes, 28 de octubre de 2011

Solo una voz





Soy la telefonista de una gran empresa, así que me paso el día repitiendo una y otra vez el mismo saludo inicial y los mismos diálogos, ya sea al recoger la llamada, ya sea para pasarla de un departamento a otro. 
Estoy en un cuarto pequeño y anónimo en el subterráneo del mismo edificio, sin placa o numero que identifique mi puerta, mis funciones y mi existencia. Entro antes que los demás trabajadores y me voy la última. 
Sé que formo parte de la empresa por el cheque que religiosamente se me envía cada mes por mensajero, pero creo que nadie me considera una persona física sino una voz. 
Lo constato, año tras año, cuando llegan los días previos a la navidad y paso las llamadas internas entre los trabajadores, para que organicen en tal o cual restaurante la cena y nunca me llega la invitación.

jueves, 27 de octubre de 2011

Todo se acaba




Me haces notar, día tras día y desde hace un tiempo, con tu ronroneo infernal y asmático, que ya no puedes seguir mi ritmo y hace también mucho tiempo, que has dejado de  cumplir la promesa de "funcionamiento cien por cien garantizado". 
Creo que debería dejarte partir de una vez por todas y ante esta expectativa, no me importa lo más mínimo en que te reciclarán. ¿Acaso debería sentir algo por ti? 
La verdad es que no me importas nada de nada. 
Te compré con ilusión y ahora hace mucho tiempo que me desespera incluso tu forma estática y copiada. 
¿Para que te quiero junto a mí, vibrador, frío y chupa pilas, si cuando estoy en pleno clímax me fallas? 
Tal vez sea mejor que salga a buscar un hombre que de la talla.

domingo, 23 de octubre de 2011

La memoria




Estoy delante de la nevera y la miro como si fuera mi peor enemigo. ¡Diantres!, ¿qué es lo que quería coger de su interior?

Estoy cocinando y ahora no recuerdo si ya he echado uno de los ingredientes principales al guiso o no. ¡Rayos y centellas!, a ver si me va a salir una tarta de guisantes en vez de pastel de pescado.

Estoy delante del televisor y ya no recuerdo que serie estaba viendo, antes de ir, en la pausa, al baño. ¡Caracolas!, ¿habrá acabado ya y esta es otra? Que yo recuerde ese actor hacía de asesino…¿por qué hace ahora de cura de parroquia?

Estoy en la cama con un hombre, me acaba de dar un beso al despedirse de mí, diciéndome que pronto nos veremos. "¿Que pronto nos veremos?" ¡Diantres, rayos, centellas y caracolas! ¿Pero es que no me he acostado con mi marido?
Estoy segura que en cuanto se lo cuente, se va a reír como un loco, el ya sabe el desastre de memoria que tiene su mujer.

miércoles, 19 de octubre de 2011

La mirada




Lleva tanto tiempo ahí colgado…
Siempre me mira cuando salgo afanosamente, cerrando la puerta tras de mí con un golpe, erizando el cabello de mi nuca, sintiendo su desaprobación por mis maneras. Y siempre, inquisitivamente, me observa, cuando entro, escudriñando mi semblante en busca de pruebas que denoten como me ha ido el día.
Lleva tanto tiempo ahí colgado…
Nunca me he atrevido a descolgarlo, a cambiarlo de sitio, a anularlo de mi vida enterrándolo en un desván. Nunca.
Él me posee y me aterroriza como cuando era pequeña y a la vez, me da seguridad, porque por mucho que cambien las cosas, él sigue ahí, protegiéndome de las novedades insidiosas o no, que pueda darme la vida y recordándome que el tiempo es efímero para todos… para todos, menos para él.
Lleva tanto tiempo ahí colgado…
Sé que es un pariente lejano, aunque no recuerdo de que rama, tampoco cual era su oficio y mucho menos, cuál fue su historia. Tan solo sé, que ha presidido la entrada de esta casa desde siempre y así seguirá haciéndolo, porque no seré yo la que lo desahucie de su pedestal, de ese mirador particular, del cual nadie, ha osado deponerlo.
El marco, aún inmenso con sus filigranas doradas, no luce, no llama tu atención, porque la atención, toda la atención, es un privilegio y un déspota requerimiento que tan solo su porte y su mirada acaparan sin concesiones.
Tal vez un día, logre abstraerme de su influjo y logre mantener su mirada y tal vez, también, un día, pueda reírme de él y lacerarlo mecánicamente con mi burla y  un martillo, y así hacerlo desaparecer para siempre. Pero por ahora, ese día, aún no ha llegado y es que… Lleva tanto tiempo ahí colgado.

Casi en silencio





Siempre susurra. 
Le susurra al viento sus temores, los días de tormenta y los días de calma.
A la arena, su alegría cuando llega a la cala y posa los pies en ella, después de amarrar la barca.
A la mar, sus secretos, en los momentos de ansia. 
A la luna, sus sueños, cuando en plena faena la contempla furtivamente y le regala un sendero de luz para volver a casa.
A las gaviotas, sus esperanzas, cuando revolotean exigiendo también su carnaza...
Y a su esposa, le susurra siempre al oído, cuando ella está dormida,  todo aquello que nunca se atreverá a decirle en voz alta.

Aquellos que dicen conocerlo, piensan que es un hombre de pocas palabras.

Si estos mismos supieran cuanto expresa en susurros... cuantos temores, cuantas alegrías, cuantos secretos y sueños y cuantas esperanzas...

sábado, 15 de octubre de 2011

Seca tus lágrimas



Coge tu copa y seca tus lágrimas. Vamos a brindar por ti y por tus últimas lágrimas derramadas y después, mi querida alma en pena y de esperanzas frustradas, saldremos a la calle para que te distraigas, y verás que la vida sigue, que ningún hombre merece tus lágrimas y que si alguien no te quiere, duele, duele mucho, lo sé, pero a tu edad, ¡a tu edad! Esas lágrimas caerán en el olvido dentro de nada.

Venga, vamos, voy a demostrarte que aquello que digo, me lo ha enseñado la vida y... algunas lágrimas, que yo también derramé en el pasado, con más o menos tu edad, pero que cayeron en el olvido y al final, no fueron nada. 




La estafa consentida



Tengo que ponerme a escribir de una vez esa maldita carta, porque por teléfono (que contradicción) no me hará caso, se inventará toda clase de argucias para que no me vaya, como la última vez. 
Me tiene prisionera y me estafa minuto a minuto. 
Y yo se lo permito. 
Tengo tantas cosas que decirle, que no se por donde empezar. Aunque si nunca me ha hecho caso, ¿de qué me sirve decirle ahora el motivo por el cual le abandono?

Me han llovido tantas ofertas, que me ha costado decidirme, pero ahora  ya tengo a otro pretendiente a quien entregarle mi sangre, otro que me tratará como merezco durantes unos meses y después cuando piense que le pertenezco, se relaje  y demuestre, sin ningún pudor, ser igual de estafador, inepto y capcioso.
Está bien. Basta. A escribir se ha dicho. 
Me voy a otra compañía de teléfonos y punto. ¡Te odio maldito “Movistar”!

viernes, 14 de octubre de 2011

El saludo




Vine a este país para ayudar económicamente a mis hijos y a mis nietos y he pasado de ser un hombre de Alá, relativamente culto, respetado y querido en mi pueblo, a ser el sarraceno usurpador de trabajo, odiado por mi religión, aspecto y costumbres y por consiguiente y gracias al único trabajo del cual me creyeron merecedor, un hombre de tercera clase.
Aquí les barro las calles y nadie se digna a mirarme. Y si lo hacen, veo en sus miradas odio, asco y recelo.
Quisiera gritarles a todos quien soy, o al menos.... quien era antes de venir a este país.

-Buenos días, Señor.

Un niño, cogido de la mano de su madre, con la mochila al hombro y dispuesto a emprender una jornada más de aprendizaje, con mirada límpida y serena, me acaba de saludar... y me ha sonreído.

He respondido a su saludo y aún me tiembla la voz.  

Si supieras el bien que me has hecho, pequeño... hoy llamaré a casa y podré contarles por primera vez, sin mentir, que me siento bien y que aún hay esperanza para el ser humano.

Sí, aún hay esperanza.

miércoles, 12 de octubre de 2011

Manos de amor




Hoy pensaba en tus manos.
Manos que habían cosido, lavado, cocinado, acariciado, amado, sufrido… manos que aún así llegaron a ser elegantes, con finos dedos y gráciles movimientos.
Hoy recordaba como te las cogía en estos últimos años, en tus últimos momentos… en como me aferraba a ellas cuando algo me preocupaba, para sentirme llena de calor, en como solo posándolas en mi vientre lograbas calmar mi dolor menstrual… como me llenaban de dulzura cuando acariciaban mi frente o mi cara.

Y hoy también las he sentido, reales, vivas, auténticas, cogiendo las mías, dándome amor y haciendo tu recuerdo aún más cercano.

No te olvido madre mía… no te olvido.

La decisión





Lo decidí una mañana del apenas iniciado otoño de aquel año tan determinante para mi futuro.
Fui abriendo cajones, armarios y cajas y con suma paciencia, fui desechando todo aquello que decidí superfluo para mi nuevo inicio.
La montaña que se creó de enseres inútiles, me hizo pensar en la estupidez humana y su irremediable perdición.
Salí de casa bien entrada la noche y agotada y excitada, cogí un taxi que me llevó a la estación.
En todo el trayecto ni un solo instante me giré para mirar atrás.
No era necesario.
Cuando al cabo de día y medio llegué a mi destino, supe que mi decisión impulsiva y temeraria, había sido la acertada.

La nueva casa





En la entrada había tan solo dos macetas de geranios muertos, un saco viejo y deshilachado y unas botellas vacías. 
Eran otros tiempos cuando la entrada majestuosa denotaba calor de hogar, con sus macetas y plantas, con sus limpios adoquines, con su aroma de comida en el interior que invitaba a entrar, con sus sonidos lejanos y cercanos, con su calma de postal.
Ahora, era tan solo una casa más, habitada sí, pero tan solo por los fantasmas del pasado, como si no fuera ya, parte de un bello recuerdo.
El tiempo se había llevado consigo, la majestuosidad del esplendor de la creación humana y la vida de sus habitantes, y así, había cancelado para siempre la pequeña esperanza de volver a ver en un futuro una casa tan bella... solo que, para aquellos que sepan y entiendan, una casa es solo una casa, si no está habitada y en ella se forma una especial relación con la felicidad de sus habitantes.

Así que voy a comprar este estático adefesio, con sus paredes gruesas y desconchadas, con su pintura raída y casi inexistente y voy a hacer que la entrada vuelva a ser majestuosa... donde habrá risas y llanto, dudas, miedos y desencantos aderezados con amor y lucha sin rendición, pero donde tácitamente con tan solo una mirada a su entrada, todos sabrán, como yo,  que es, de nuevo,  un hogar.

-Vamos, hijo mío, tenemos mucho que hacer, antes de que llegue mamá.

martes, 11 de octubre de 2011

Tal vez...




Tal vez llegue a susurrarlo al oído, tal vez lo diga sin más, o tal vez lo diga en tono elevado sin concesión alguna a las buenas maneras.
Tal vez mire por la venta, o tal vez la abra y me acerque ligeramente en su borde para mirar más allá, o tal vez salga a la calle y me deje llevar por el río humano.
Tal vez quiera comer y toque una rebanada, tal vez la introduzca en mi boca para sentir su sabor, o tal vez, me prepare un cordero asado y lo coma, como si saciar  mi hambre, fuera lo último por hacer en esta vida.
Así, tal vez viva dándolo todo, o no dando nada. Concediéndome honor o arrastrando mi orgullo. Nada puede reprochárseme.
Soy mujer.
Algunas van tapadas de la cabeza a los pies y otras semidesnudas y aún así, todas son criticadas por su indumentaria.
Son madres, hijas, esposas o amantes y aún así, en boca de cualquier padre, hijo, esposo o amante, son nada.
Soy mujer.
Y no soy nada. 
Y lo soy todo.
Viven luchando por un derecho que jamás se les concederá. Jamás. Lo leo, lo vivo, lo siento, lo grito y aún así, nunca sucede nada.
Una mujer. Un alma tortuosa, complicada, obscena y recta, protectora y humillada. Luchan, luchamos, y sigue sin suceder nada.
Te violan, te arrastran, te denigran, te humillan, te delatan, te escupen, te venden, te cambian y sigue sin suceder nada.
¿Un mundo perfecto? Jamás. O tal vez… No, sigue sin suceder nada.



Dedicado a mi lectura de “Mil soles espléndidos”

El poder del Rottweiler




Sientes que el poder es algo ajeno a ti, aún así cuando lo percibes, cuando lo sientes, ya sea real o ficticio, lo deseas.
Lo deseo.
Quiero poder vengarme. 
Quiero poder escupir sin remordimientos, quiero mirar y que en mi mirada se refleje mi ego asesino. Quiero que me teman, no importa si ese temor me hace ser despreciada pero a la vez, respetada por terror, porque no necesito la simpatía de nadie, la amistad de nadie, ni la comprensión de nadie.
Yo mando y ordeno, yo decido el destino de los demás y yo diré cuando debes dejar de respirar y cuando dejarás de sonreír. 
Calla. 
Te ordeno que calles. 
Sal a la calle, haz lo que debas por mí, porque temes mi ira, y después vuelve, trayendo aquello que por derecho adquirido por el terror, me debes.


Dedicado a “Los Soprano”

Se hombre





El príncipe tiene sed. Su criado provee.
El príncipe llora. Su haya le seca las lágrimas.
El príncipe se ríe. El bufón se complace.

El príncipe ya es rey y su sed ya no puede ser saciada, porque ningún líquido inodoro, incoloro, insípido, rosado, blanco o rojo logra ese cometido.
El príncipe ya es rey y ya no llora, su corazón frío como el hielo domina los sentimientos sin piedad. Llorar es de cobardes, airea a los cuatro pasillos de unas de sus estancias.
El príncipe ya es rey y ya no ríe. La risa es para los ineptos, estúpidos y gente del pueblo. Jamás volverá a rebajarse ante tamaña demostración de vacua expresión hilarante.
El bufón murió de pena.
No seas rey, ni príncipe.
Se hombre.


Mi estrella




Es una estrella.
Me acaricia y lo acaricio. 
Me besa y lo beso. 
Lo abrazo y me abraza. 
Me mima y lo mimo. 
Me susurra y le susurro. 
Me entona una canción y le sigo con las palmas. 
Le escribo un cuento y me lo lee en voz alta. 
Le digo, te amo y me dice, te amo. 
Lloro y me limpia las lágrimas. 
Ríe y río. 
Come y me da de comer. Bebo y brinda conmigo. 
Sueña y acomodo su almohada. 
Tengo pesadillas y las disipa con una nana....
Y es que... es una estrella, llena de luz y energía. Mi cuerpo celeste. Mi estrella. 
Mi gran amor.