viernes, 14 de octubre de 2011

El saludo




Vine a este país para ayudar económicamente a mis hijos y a mis nietos y he pasado de ser un hombre de Alá, relativamente culto, respetado y querido en mi pueblo, a ser el sarraceno usurpador de trabajo, odiado por mi religión, aspecto y costumbres y por consiguiente y gracias al único trabajo del cual me creyeron merecedor, un hombre de tercera clase.
Aquí les barro las calles y nadie se digna a mirarme. Y si lo hacen, veo en sus miradas odio, asco y recelo.
Quisiera gritarles a todos quien soy, o al menos.... quien era antes de venir a este país.

-Buenos días, Señor.

Un niño, cogido de la mano de su madre, con la mochila al hombro y dispuesto a emprender una jornada más de aprendizaje, con mirada límpida y serena, me acaba de saludar... y me ha sonreído.

He respondido a su saludo y aún me tiembla la voz.  

Si supieras el bien que me has hecho, pequeño... hoy llamaré a casa y podré contarles por primera vez, sin mentir, que me siento bien y que aún hay esperanza para el ser humano.

Sí, aún hay esperanza.

2 comentarios:

  1. Me ha encantado.
    Que bien esta plasmada la historia.
    Gracias, por ser quien eres.

    ResponderEliminar
  2. Creo saber quien eres mi anónino entusiasta, ¿pero y si me equivoco? :)
    La verdad, es que no merezco tus "gracias por ser quien soy" porque a veces no se muy bien quien soy y me pierdo imaginando quien podría ser :)

    PD: esto último por venganza.

    ResponderEliminar