viernes, 28 de octubre de 2011

Solo una voz





Soy la telefonista de una gran empresa, así que me paso el día repitiendo una y otra vez el mismo saludo inicial y los mismos diálogos, ya sea al recoger la llamada, ya sea para pasarla de un departamento a otro. 
Estoy en un cuarto pequeño y anónimo en el subterráneo del mismo edificio, sin placa o numero que identifique mi puerta, mis funciones y mi existencia. Entro antes que los demás trabajadores y me voy la última. 
Sé que formo parte de la empresa por el cheque que religiosamente se me envía cada mes por mensajero, pero creo que nadie me considera una persona física sino una voz. 
Lo constato, año tras año, cuando llegan los días previos a la navidad y paso las llamadas internas entre los trabajadores, para que organicen en tal o cual restaurante la cena y nunca me llega la invitación.

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