martes, 15 de noviembre de 2011

Víctima de la oscuridad





Son las cuatro de la mañana, me levanto para beber agua y no enciendo la luz, porque entre los destellos del reloj analógico y la claridad de la luna que entra desde la ventana que da a la terraza, distingo perfectamente el recorrido hasta la cocina. De repente, "veo" a alguien. Me asalta un terror inmediato. Mi cerebro me dice que no hay nadie, pero mi cuerpo reacciona diversamente, haciéndome sudar y acelerando mi corazón. Pero en cuestión de segundo ya se ha formado la imagen y "lo veo", "lo percibo", "lo siento". Es un vampiro. Está ahí observándome y dispuesto a... ¿A qué? 
No me doy tiempo para contestar a mi pregunta y salgo corriendo hacia mi habitación, metiéndome en la cama como alma que se la lleva el diablo (nunca mejor dicho) y tapándome para desaparecer, para que no me vea, para que no me muerda... siento tanto terror que no oso ni a sacar la mano para encender la luz, porque como todos sabemos, cuando hay luz los monstruos desaparecen, ¿verdad?, ¡¿verdad?! Pero, no puedo arriesgarme, aunque sacara fuerzas para ello, porque estoy segurísima de que ahora está delante de mi cama, observándome, esperando que saque la mano para cogérmela, arrancarme del reino de los vivos y llevarme con él, sea donde sea que more ese ser.
Al final el sueño, la asfixia y el cansancio, ganan la batalla a mi terror y me sumerjo en un mundo, tal vez también de tinieblas, pero ya no importa.

A la mañana siguiente, con la claridad del día, me siento completamente ridícula, infantil y nada realista, pero aun así, estoy segura, completamente segura, de que "él" estaba ahí. "Lo sé". Y no pienso explicárselo a nadie, porque me tacharían de... ¿ridícula, infantil y nada realista? No importa. Lo único que importa es que esta noche de nuevo, si tengo sed, tendré que ir a la cocina y entonces tendré que vérmelas con ese ser y no pienso ensuciar mi alfombra con su sangre si le clavo una estaca y tampoco, para que engañarnos, tengo agallas para matar a nadie, así que cuando aparezca, tendré que dejarme llevar y ser su víctima.

8 comentarios:

  1. Un relato aterrador. ahora es pleno día, a pesar de todo me ha causado impresión; así que no quiero pensar lo que hubiera sido de leerlo por la noche...

    Saludos.

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  2. No me lo recuerdes, moderato_Dos_josef... que el día pasa muy rápido y la noche está al caer... :)
    Un abrazo.

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  3. jajajajajaja no sé por qué siempre se consigue el efecto contrario al que se pretende...

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  4. ¿Será, Spaghetti, porque todos somos diferentes y percibimos lo mismo de diversa manera? ;)
    Abrazote

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  5. Tu relato me ha llevado a mis 15 años, cuando una noche a las 2 de la mañana sali al patio para ir al baño, cerré la puerta y en ese momento el pánico y el miedo, se apoderaron de mi, era incapaz de abrirla, solo oia ruidos sospechosos, como si alguien estuviera esperando mi salida. Finalmente salí a las 6 de la mañana, ufff!!! que noche mas larga.
    Ahora que he crecido, me he dado cuenta que lo que nos paraliza es nuestro propio miedo, pero.. de algo sirve crecer, no?.
    Sara

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  6. Que historia la tuya, uf!
    Reconozco ser una "miedica sin remedio", querida Sara, así que te aseguro, que lo de hacerse mayor no me ha ayudado para superar mis miedos (mi imaginación gana sempre la partida). Te doy mi palabra que, menos el final de la historia, lógicamente, todo es real... "yo lo vi" y estaba tan asustada... y juro, que a esas horas, que no había consumido "sustancias ilegales" jijijijiji
    Un fuerte abrazo!

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  7. Vamos, es que a mí ni se me ocurre ir a beber agua, ¡prefiero morirme de sed! Dichosos miedos...

    Un abrazo.

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  8. Sí, Maribel, además era tan feo y malo, que cualquiera supera esa visión!! jijijiji
    Un abrazo.

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