viernes, 2 de diciembre de 2011

Serenidad




El 13 de octubre de este año que pronto nos dejará, creé este rinconcito para expresarme, reírme, jugar con las historias y las palabras, crear fábulas nuevas y publicar parte de las que tengo en el cajón y sobre todo, para inhibirme de esta timidez que siento cada vez que expongo “ante el mundo” cualquier escrito.

Puse un reloj, admití la opción de seguidores y puse un marcador… porque creía que todos estos detalles, sobre todo los dos últimos, me enriquecerían visualmente y me animarían a seguir.

Ahora estas tres opciones han desaparecido.

-El reloj era superfluo, porque nadie mira la hora cuando está leyendo algo que le interesa (frase dicha por alguien que adoro y que me ha abierto los ojos, en este aspecto y en el de los demás).

-A los seguidores, hay que mimarlos y agradecerles que hayan tenido la deferencia de leerte y hacerte el regalo de su visita y consiguiente lectura, actos a los cuales, me siento en la obligación de corresponder en la misma manera, aún cuando mi tiempo, limitadísimo, me lo impide tal y como yo desearía.
(Desde aquí, os mando un abrazo inmenso a mis únicos y constantes tres seguidores por vuestra presencia).

-Y, por último, el contador de visitas, que era una pequeña espada de Damocles, que me estaba creando un estrés innecesario y totalmente fuera de lugar. Porque llegar a casa y lo primero que haces es mirar “cuanta gente te ha leído” no era muy sabio por mi parte.

Entiendo perfectamente, que para “estar en el mundillo” tienes que darte a conocer, tienes que estar siempre ahí y tienes que ofrecer lo mejor de tu escritura…  y yo no tengo tiempo, ni puedo entrar en ese juego que tanta energía requiere.

Escribo, porque lo necesito, aunque no entienda de donde me viene esta necesidad.
Escribo, porque, como relaté no hace mucho siempre tengo historias que me dicen “plásmame, necesito existir”.
Escribo, porque me desahoga, me anima y me hace feliz.
Soy tremendamente consciente, de que no soy escritora, no al menos una de calidad, sino una más de las que pululan por este inmenso universo de las letras, pero eso no me desanima, simplemente lo acepto y sigo adelante, porque aunque no me engaño y reconozco en lo más íntimo de mi ser que “me gustaría gustar”,  a la larga, lo único que deseo es ser feliz sintiendo íntimamente el sabor de mis letras.
Así que escribo para vivir con ese deleite íntimo que adoro, pero no vivo para escribir.
Solo quiero serenidad… y seguir escribiendo

Y a aquellos que comenten, que sientan, rían o se emocionen leyendo en este pequeñísimo rincón: bienvenidos a mi pequeño mundo y gracias por pasaros por aquí, aunque ya nunca sepa cuantos seáis, lo importante es “que seáis”.

Un abrazo y hasta la siguiente historia….

2 comentarios:

  1. Está bien deshacerse de ataduras. Si un reloj y un contador de visitas te tenían agarrada al blog has hecho lo mejor, largarlos.
    Yo creo que todos escribimos por esa necesidad inexplicable de sacar las historias que llevamos dentro, por puro placer, porque sí. El blog es un escaparate que puede ser muy útil según lo que se persiga, o sencillamente el saloncito donde se reúnen los amigos, pero esclaviza mucho.
    Yo te diría que actúes con libertad, que no te sientas obligada a nada que no puedas o no desees hacer.

    Un abrazo.

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  2. De hecho, Maribel, fue quitar esas opciones y me sentí aliviada... Ahora mi Blog, es, ahora sí, el saloncito donde se reunen los amigos (me ha encantado tu expresión)... y no os ofrezco el té porque es imposible que si no...jajaja
    Un fuerte abrazo y gracias por seguir "siendo" :)

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