miércoles, 7 de diciembre de 2011

Sin alma





Perdí mi alma.
La perdí unas horas después de lo que aconteció, una noche de invierno, ante la ventana de mi habitación. Oí los gritos desgarradores de una mujer y su llanto incesante cuando me disponía a meterme en mi plácida cama. Tras la seguridad del cristal vi como dos hombres intentaban violarla, lo distinguía casi nítidamente aun cuando la tenue luz de la farola dificultaba la visión. Ella se debatía como una leona, pero la superaban en número, en fuerza y en crueldad.
Juro que intenté reaccionar de algún modo, pero el solo hecho de, por ejemplo, llamar a la policía me irritaba, por los trámites y preguntas que me habrían impuesto. Bajar a ayudarla, estaba descartado porque hacia demasiado frío y habría tenido que vestirme de nuevo adecuadamente para salir a la calle. Avisar a algún vecino, también se me hizo una ardua tarea, ya que mis vecinos, personas de bien como yo, no aman las complicaciones.
Así que entre opción y opción la pobre infeliz iba perdiendo poco a poco su fuerza y sus esperanzas. El último grito desgarrador que inundó trágicamente la noche, me hizo suponer que habían conseguido por fin sus horribles propósitos y... no pude soportarlo más: Me metí en mi cama para conciliar un sueño reparador e intentar olvidar algo tan atroz.
Cuando a las dos de la mañana el teléfono sonó y medio adormilado contesté, vi como una luz se desprendía de mi cuerpo y sentí como si mi cuerpo dejara de pertenecerme, agolpándose en mi mente la comprensión de eso que llamáis conciencia, cuando el policía me informó del estado en el que se encontraba mi única hija y único familiar que me queda, tras haber sido violada esa noche por dos hombres en un callejón.  

2 comentarios:

  1. Muy fuerte, Juji. Terrible esa situación, el desentendimiento y la cruel sorpresa final. Relato para pensar, desde luego que sí.

    Un abrazo en día festivo.

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  2. Estoy segura de que el ser humano se está deshumanizando a pasos agigantados, aunque soy positiva por naturaleza y se que aún queda gente con conciencia en el planeta... al menos así lo espero.
    Un fuerte abrazo, Maribel.

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