viernes, 10 de febrero de 2012

Amor, al fin y al cabo





Después de tanto tiempo aún la miraba extasiado. Y es que aún no podía creerse que fuera suya. Pero, era suya. Le pertenecía. Tenía en su caja fuerte guardada la factura que lo atestiguaba, y en ella constaba el importe de cientos de miles de dólares. La había comprado en una subasta en las Vegas, hacía más de tres años. Era la mujer perfecta para él. Desde el primer día que la vio expuesta, para su posterior subasta, decidió que la quería y que pagaría lo que fuera necesario. 

La Web donde se anunciaba su venta, era una de las más respetadas y fiables del planeta, así que sabía que todo lo que de ella se decía, era completamente cierto. Le impactó sobre todo su mirada cristalina y su rostro perfecto. Desde ese momento empezó a planear su viaje con la ilusión que solo tienen los enamorados.

Reconocía que era un poco callada, para su completo deleite, porque tan solo gemía o decía, “sí”, “no”, “más”, “circuitos en orden” cuando él acariciaba según que zonas de su cuerpo o le hacía preguntas estándar, pero con los nuevos adelantos tecnológicos, pronto podría paliar ese pequeño problema en unos años, o tal vez, con suerte, en unos meses, dada la rapidez con que se creaban nuevas técnicas robóticas.
Aún así, la amaba.

Se había acostumbrado a sus silencios y a sus movimientos imperceptibles, pero cuando ella le seguía con la mirada, se emocionaba, porque aunque al principio sabía que era por los sensores que llevaba incorporados, ahora, estaba seguro que algo de afecto humano se había hecho hueco entre tanta tecnología y que ella, a su modo, también lo amaba.

El amor no tiene barreras, se decía a sí mismo. Y lo repetía una y otra vez a los demás, amigos y parientes, que intentaron convencerle de que era algo enfermizo y que su salud mental estaba deteriorada. Al principio, incluso se rieron pensando que era una broma macabra pero después, cuando comprobaron la gravedad, siempre según ellos, de esta locura, dejaron de visitarle, para no ser testigos de tamaña aberración.

Pero a él nada le importaba. Estaba enamorado de ella y la amaba. Y por nada en este mundo iba a separarse de su amada... porque sí, reconocía estar enfermo, pero era tan solo, de amor.

6 comentarios:

  1. Un robot y un humano. Amores más imposibles y raros he visto en los libros. Buen relato
    Un abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Hola, Rafa! Hay más amores imposibles en los libros, que en la vida real.
      Un abrazo.

      Eliminar
  2. La societat s'està tornant tant intolerant que potser sí que a la llarga les úniques parelles estables siguin les formades per humans vs robots.
    Esperem que no els facin estúpits, perque llavors no haurem guanyat res.
    Petons Victòria

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Bé, Victòria, l'important es que l'amor trionfi, sigui com sigui :)
      Muaks!

      Eliminar
  3. Mi querida Juji!!
    Me ha encantado tu relato, pero despues de tantas cosas que estan desapareciendo en la sociedad y seguiran desapareciendo, el fax, los libros, los periódicos, el teléfono fijo, las relacions personales, etc. quien nos dice que en un futuro podrá triunfar el amor hombre & robot?. Lo que creo que no desaparecerá nunca es el "amor", como sentimiento intrínseco del hombre.
    Besitos
    Sara

    ResponderEliminar
  4. Eso es, Sara: Que el amor triunfe, sea como sea, con quien sea o donde sea. ¡Que triunfe, siempre!
    Un besazo.

    ResponderEliminar