sábado, 4 de febrero de 2012

El ladrón de rostros



Se decidió por el trabajo de repartidor de pizza, para robar expresiones y rostros y después plasmarlos. Y hasta ahora había sido una idea de lo más acertada.
 
Esas caras, acompañadas de un cuerpo, que se le presentaban al abrir la puerta, decían mucho más de lo que ellos imaginaban, aún queriendo ocultar cualquier tipo de emoción ante un simple repartidor. Eran horas en las que la gente se relajaba, horas en las que ya estaban por fin en casa, horas en las que la perspectiva de recibir la comida ya hecha y calentita en sus puertas, ayudaba a que debilitaran el rígido porte adoptado durante el día, para subsistir y sobrevivir, ante los demás y todo lo demás. Y esos rostros le decían tanto…
 
Les robaba sus facciones, sus miradas, sus tics, sus sonrisas y sus gestos, como si de un Jean-Baptiste Grenouille, se tratase. Y los plasmaba en sus acuarelas, en sus grabados y en sus cuadros. Se creía dueño de sus creaciones y al fin y al cabo lo era…

4 comentarios:

  1. Me ha gustado mucho, en pocas líneas creas un cuento que dice mucho, del protagonismo, de cada persona y me parece muy bien resuelto.
    Besos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me alegra muchísimo que te haya gustado, Juan Carlos. Gracias por tu opinión.
      Besitos.

      Eliminar
  2. jUJI, Aunque no comente, leo todo lo que escribes y me gusta. Te seguiré observando ...jeje

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Tú sigue siempre ahí, querido Spaghetti, observando... y cuando lo desees, comentando. Es un placer, verte por aquí, ya lo sabes.
      Besitos.

      Eliminar