miércoles, 1 de febrero de 2012

"Notitas de la suerte"




En mis pantalones “made in Spain”, encontré, extrañamente, un trocito de papel con caracteres chinos y…

Liang, cosía y cosía sin cesar. Comía poco y dormía aún menos.
Su tiempo libre, era inexistente e incluso, para hacer sus necesidades, era cronometrada por un inhumano capataz, misógino y sin escrúpulos.
Futuro, esa bonita y esperanzada palabra para alguien que espera un mañana mejor, no existía para Liang. Para ella, el futuro, era simplemente, la llegada de un día tras otro.
Sus compañeras, esclavas como ella, de la codicia humana, tampoco eran de gran ayuda, para informarla de que existía otro mundo fuera de esa fábrica o para darle ánimos o consuelo, porque ellas mismas, eran una copia exacta de Liang.
Ella, que era menuda en exceso, cuando cosía los pantalones, la asustaban un poco, porque no entendía que pudieran existir gigantes así de enormes para endosar tamaña exageración de tela, pero aún así, los cosía con dedicación no impuesta.
Sus penurias, de todos modos, no la habían desviado del significado de su nombre “buena, excelente” y siempre que podía regalaba una sonrisa y su ayuda, a quien más la necesitara.

Una noche, que su cansancio y hastío, ganaron la partida y no la dejaron dormir, le vino en mente, escribir en notitas minúsculas, sentencias, como en las galletitas de la suerte.
Algunas, al principio, eran copias de las que recordaba haber oído alguna vez, otras, poco a poco, fueron surgiendo de su ilimitada imaginación pero limitada escritura, así que se dedicó a escribir palabras sueltas, que para ella, definían el total de lo que quería expresar.
Felicidad, bienestar, placidez, seguridad, salud, riqueza, dicha, amor, paz, descanso, certeza, fortaleza, energía, satisfacción, fueron escritas todas, acompañadas de un “para ti”.

Al día siguiente, cosió con sumo cuidado para no ser vista, en cada bolsillo que podía, una de sus “notitas de la suerte”. Pensó que con esa pequeña travesura, a partir de ese día, podría escapar de su triste monotonía.
Y también pensó, que era una manera sublime, de regalar a esos gigantes a los que les cosía, día tras día, esos enormes pantalones, una razón más para vivir y sentir, lo que ella jamás podría.


(gracias), Liang.

6 comentarios:

  1. Gracias Liang y gracias Juji, por esta historia, que no por triste deja de ser hermosa.

    Cuando me compre unos pantalones miraré la etiqueta. ¿Quién sabe? Quizás algún día encuentre una nota de algún ser tan especial como Liang. Por desgracia son reales.

    Un abrazo.

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  2. Gracias a ti, Mari Carmen Azkona. Por ver, como Liang, hermosura más allá de la tristeza.

    Un fuerte abrazo.

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  3. No es Liang, eres tu, la de la ilimitada imaginación...jeje que con tus notitas nos alegras.
    bssoss.

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  4. Si ella o yo, te hemos alegrado, querido Spaghetti, bienvenidas sean las notitas.
    Un fuerte abrazo... desde España y ... desde China :)

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  5. Gracias, Juji por agregar mi blog Esplendorenlaquiebra al tuyo y me alegra que te haya gustado.

    Seguimos en contacto

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  6. De nada, Harold y Maude, un placer.
    Nos seguimos :)

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