domingo, 11 de marzo de 2012

Cuando no puede ser... no puede ser




Me regalaron un pececito de colores, en su correspondiente pecera, alegando que para los orientales, es símbolo de buena suerte.
Mi pececito se suicidó, saltando de la pecera, al día siguiente. Pensé que era un pececito cobarde, y que no me había dado tiempo ni de intercambiar unas palabras con él. Y que había sido un egoísta, por no haberme dado antes, un poco de suerte. Pero en fin, allá él y sus pocas ganas de vivir.

Cometieron el error de regalarme otro idéntico. El mismo resultado acabó produciéndose: suicidio peceril.

La cosa, ya me mosqueó, cuando insistieron en regalarme otro. Lo acepté, pero no lo llevé a casa, porque estaba harta de tanto sacrificio y pensé, que hasta Neptuno acabaría enfadándose conmigo de ver como sus hijos acababan quitándose la vida en mi compañía. Así que, se lo regalé a una conocida, que tenia una enorme pecera en su peluquería.

Semanas mas tarde, me pasé por allí para ver si tenia que contribuir de alguna manera al duelo, que seguro que ella estaría pasando, por ser tan amante de los peces como era (tengo que confesar, que nunca le dije que yo era portadora de peces suicidas) pero mi sorpresa fue mayúscula, cuando comprobé, que mi pez estaba vivo e incluso había crecido unos centímetros.

Me regalaron un gatito, aún sabiendo todos de mi aversión hacia esos bellos pero, para mí, detestable animales. Lo acogí y poco a poco empecé a tomarle cariño. Al final me acostumbré a él y a su egoísmo y cuando ya formaba parte de mi vida, de mi rutina y de mi apego, el muy cobarde egoísta, se fue de casa.  
Durante días, mis amigos me hicieron jurar y perjurar que no lo había asesinado y enterrado en mi jardín. ¡Bandidos descreídos! Cuando al cabo de un mes, más o menos, apareció, lo hizo para despedirse definitivamente y nunca más volví a saber de él. 
Me consolaba pensar, que al menos, este no se suicidó, sino que se independizó.

Tras varios percances más y decepciones con diferentes tipos de animalillos, con sus correspondientes suicidios, muertes inexplicables y desapariciones. Decidí, por fin, que lo mío no eran los animales, sino las plantas.

Bien... ni que decir tiene, que tras varios intentos, en hacer prevalecer la flora de alguna manera en mi casa y el consiguiente y repetitivo rechazo de las mismas en sobrevivir para fastidiarme, ahora tengo unos preciosos cuadros de diversos animalitos y unas preciosas cañas artificiales de colores, que decoran mi hogar.

Cuando no puede ser... no puede ser.

12 comentarios:

  1. ...y además es imposible.

    Esas cosas no me pasan a mí Juji, me dan miedo todos los animales, por lo tanto nunca entra uno en mi casa, ni siquiera en una pecera, y mucho menos en una jaula, detesto que encierren a los animales.

    Plantas sí tengo, pero cuanto menos caso les hago, más frondosas lucen. Qué cosas.

    Un beso Juji.

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    1. Loable tu actitud, Elena, y además si te dan miedo ¡fuera animales! :) Te aseguro que la "tàctica" de no hacerles caso, también la utilicé, pero a mí, no me funcionó.
      Un besazo.

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  2. de n ió tuve gusanos de seda, y un hamster, bueno una pareja que se pasaban el día durmiendo y las noches de VIVA LA PEPA, Traían camadas de hamstercitos que inexorablemente iba devorando uno tras otro. Aquello me superó. No se si los regalé o los solté, pero me desprendí de tamaños asesinos
    A partir de ahí mi tiempo lo dedico a contemplar las cosas bellas de la vida:vosotras

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    1. Javier, en esa historia, ya tienes un relato jajajaja ¡qué asesinos! Por lo demás, sigue, sigue, contemplando las cosas bellas de la vida, pero siempre con buenos ojos, ¿eh? :)
      Un fuerte abrazo.

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  3. Me topé con una rata pero ni pensar en hacerla mi mascota, tengo gata maula, independiente, suave y bella, felina tópica, comodona que nunca nos abandona, no es tonta, tampoco molesta y no hay que sacarla a sus necesidades. Soy cómoda como mi gata en temas mascotas y las plantas al no maullar, paradas ellas sin pedir agua, no me acuerdo y se me mueren. Perico en una jaula o suelto, teníamos pero traspasó, no más aves encerradas.
    Te comprendo amiga Juji, cuando no pueder ser, no puede ser, el arte contemplativo o decorativo no es mala solución, mejor contemplar la vida al paso y relajada sin necesidad de darle comida al paisaje o a la gente o al delfín o a la golondrina. !Salve! besitos, nos vemos por aquí y por allá, en lunes o en jueves.

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    1. Poesia pura para un comentario, indicador y precioso jajajajajaja Natàlia, que gozada, hija. Graciassssss
      Sí, nos vemos por aquí, o por allá, pero nos veremosm, te lo aseguro :)
      Un abrazo.

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  4. Hola Juji!!
    Deberías probar con un perrito/a, te aseguro que siempre te sería fiel, estaría a tu lado y pendiente de ti en todo momento.
    Si ves que con este animal no funciona, desiste!!!.
    Y las plantas..., es que no sabes que hay que cantarles y hablarles? para que crezcan verdes y floridas?
    Venga, pruébalo!!!
    Besos
    Sara

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    1. Esto.... Sara... a mi último perro, me lo robaron... ¡Juro por los dioses que es cierto! Así que ya no tengo remedio...
      Muakssssssss

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  5. Crec que la solució de la companyia, contemplació i quan vulguis passar de tot, que et dona la imatge és de lo més pràctic.No protesta,no te gana ni cap necessitat, inclús no s'ofén quan no li dediques ni tan sols una mirada durant dies. És fantàstic!, em sembla que et copiarè la idea, et deixo que m'en vaig al google a buscar imatges de plantes exuberants, doncs aquesta serà la única manera de tenir-les a casa sense futures defuncions.
    Un petó, Victòria

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    1. Jajajajajajajaja, molt bé, busca, busca.... Victòria, molt bó!

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  6. Una reflexión,la que me sugiere el poema "Libre te quiero" de Agustín Gª Calvo (cantado por Amancio Prada: los animalestienen derecho a la libertad y el suicidio de los pececillos lo entendía en ese contexto. El otro, en acuario y con compañía debió encontrar más razones para continuar con vida ...
    Un recuerdo: unos pececitos de colores de mis hijas que no murieron y las convencí para liberarlos en una especie de paraiso para peces: el parque de Huesca.
    Un beso.

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    1. ¿Lo ves, Juan Carlos? hasta un simple escrito puede desencadenar cientos de recuerdos... El poder de las letras.
      Un besazo.

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