viernes, 9 de marzo de 2012

Lector octogenario III El desenlace...




Después de más de una semana, en la que creía que había cometido una completa estupidez, hoy lo he visto por fin y cuando me ha mirado, me he quedado petrificada, he bajado la cabeza, como una niña avergonzada y cuando me disponía a seguir mi camino, me ha llamado por mi nombre y me ha mostrado un sobre, que seguidamente a posado en mis manos. Un sobre marrón, hecho con cartón duro y en el centro, a modo de cierre, una flor silvestre. 
Mi emoción era tal, que no he podido articular palabra.
He visto un destello alegre en sus ojos y una pequeña sonrisa en sus labios, cuando se ha despedido con un simple adiós y ha seguido su camino y esta vez y por primera vez, con su diario bajo el brazo y no leyéndolo apasionadamente, como siempre.

No lo he abierto, ni en ese momento, ni en el trabajo, ni tampoco subiendo las escaleras de mi casa. Ni cuando he abierto la puerta por fin, ni antes de ponerme ropa cómoda y relajarme. Porque era tal mi excitación de que encontraría en ese sobre, que necesitaba prolongarlo hasta que, he decidido que había llegado la hora. He puesto en mi reproductor, a Etta James, me he sentado en el suelo, acompañada de una taza de chocolate espeso y negro y entonces, y solo entonces, lo he abierto. 
En él hay una carta y algo muy pequeño envuelto en papel de celofán rojo.


Estimada Señora:

No imagina, lo que ha supuesto a mi edad, recibir su bonito regalo y sentirme protagonista de algo, por primera vez en mi vida.
Soy viudo y no tengo familia, porque nunca pudimos tener hijos. Tengo otro hermano que vive en Barcelona, pero al que nunca veo, porque ninguno de los dos puede viajar.
Mi rutina, como Usted dice, consiste la mayoría de las veces en comprar el diario y saber que pasa en el mundo, a primera hora de la mañana, pero antes ya he paseado un buen trecho y preparado mi desayuno. Después, llego a casa y cuido de mi jardín, sea invierno o verano y luego, miro un poco la televisión mientras como algo, que también, he preparado yo mismo, porque mi mujer, que en paz descanse, me enseñó a cocinar. Duermo un poquito, aunque poco, que sino después me levanto triste y vuelvo a salir a pasear. Siempre solo, porque ya no me quedan amigos vivos con los que hablar. Cuando vuelvo a casa de nuevo, ceno y me voy a dormir.
Mi vida, querida señora, como puede ver, no tiene nada de especial. El quiosquero me dijo una vez que me comprara un perro que me haría compañía, pero yo pienso que seria egoísta por mi parte, porque me queda poco para estar por aquí y después, ¿quien cuidaría de él?
Usted me ha hecho un regalo que no tiene precio: me ha dado alegría, ilusión y me ha hecho sentir importante. La figurita es preciosa y la he puesto en la repisa junto a la foto de mi mujer. Lo más importante de mi vida, junto a lo más bonito, que gracias usted, he podido sentir, cuando ya no esperaba nada de esta vida.
Le doy las gracias por todo y aunque no quiero que se asuste, le diré que ahora ya puedo irme de este mundo más feliz de lo que nunca hubiese pensado.
Le deseo todo lo mejor, mi querida señora. Y le ruego que acepte este broche. Era de mi mujer y aunque no valga mucho, es importante para mí regalárselo, porque ella lo llevaba el día que la conocí y era una buena mujer, como usted. Espero de corazón que viva muchos años y como dice en su carta, que alguien algún día, se fije en usted, paseando por la calle, leyendo el diario y le haga sentir lo que usted me ha hecho sentir a mi.

Su humilde servidor:

Josep Lallargs i Rossent


Por primera vez en mi vida, no encuentro las palabras adecuadas para expresar lo que siento…



Para seguir recordando...


10 comentarios:

  1. La leche! Juji, has creado una historia, al cabo de las tres entregas que tiene una carga de humanidad (incluyo efectos retardados) de un nivel altísimo. Sea cierta (lo creo) o inventada la historia es P R E C I O S A.
    Si le ves, si le abrazas, aprieta un poco de cariño de mi parte.
    Besos, juevera de pro.

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    1. Mi querido, Juan Carlos, es maravilloso comprobar la humanidad que te envuelve... Y un placer inmenso, que te haya gustado tanto "una historia más" de las que somos protagonistas a diario, aunque de muchas de ellas, tal vez, no seamos ni conscientes de serlo.
      Muchos besos.

      Y de nuevo: muchísimas gracias, mi querido Cicerone, por tu guia, ayuda inestimable y buen hacer.

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  2. No encuentras palabras para expresar lo que sientes Juji, y yo tampoco, de verdad, ha sido muy emocionante leer toda la historia.

    Un abrazo.

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    1. Es que tu también tienes un enorme corazón, querida Elena. Se percibe en tus bellísimo escritos. Y como no encontramos las palabras... dejemos que el silencio hable.
      Un fuerte abrazo.

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  3. Nada de lo que recibimos nos llevaremos de esta vida pero en el corazón sentiremos lo que dimos.
    Emocionante Juji.
    bssoss

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    1. Amigo y poeta, Spaghetti... nada más que añadir ante tu bello comentario. Dejemos que la emoción nos envuelva...
      Besitos.

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  4. Una preciosa historia, sin dudas. Y me resulta muy cercana porque tengo mi papá de noventa años, recientemente viudo que transita la que podrías ser una etapa muy parecida. Por suerte para él -y para nosotros- nos tiene a mi hermano, a mía y a mis hijas, pero puedo comprender -lo logras transmitir de maravillas- toda la tristeza que habita el mundo de tu personaje.

    Un abrazo.

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    1. A veces es tan "simple" como pensar que somos nosotros mismos con más años, eso ayuda a entender, a la perfección, todo lo demás. Tu padre tiene muchísima suerte, Neogemenis.
      Me alegra enormemente que haya gustado.
      Un fuerte abrazo.

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  5. Juji,
    Una historia Impresionante, Bonita y Emotiva.
    Sara

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  6. Gracias, Sara... emociona ¿verdad? Y sería tan fácil poder emocionarnos así cada dia.
    Un besazo, amiga mía.

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