sábado, 28 de abril de 2012

Ven conmigo...




Tú. Si, tú. 
Tú, que ahora estas leyendo esto, es a ti, a quien va dirigida mi llamada. 
¿Quieres acompañarme, por favor? Te necesito. 
Normalmente, es algo que hago siempre sola, pero hoy estoy muy cansada y además, la ultima vez, encontré algo que me disgustó muchísimo, por inesperado y cruel.

Necesito que pases conmigo esa puerta, ¿la ves? Sí, esa de color rojo. Esa puerta nos llevará a un lugar y tiempo que hasta yo desconozco. Siempre es la misma puerta, pero nunca se repite lo que en ella encuentro. Pero tienes que coger mi mano, porque aunque yo puedo atravesar muros cuando lo deseo, no te obligaré a que vivas algo tan extraño, aunque tal vez, lo que viene después te lo resulte aún más, pero para empezar lo haremos al uso. 
También tengo que advertirte que una vez que cojas mi mano, no podrás soltarla bajo ninguna circunstancia y que si así lo haces, nos adentraremos en un mundo increíble. 
Esto... por cierto, no te asustes, pero te volverás invisible, como lo soy yo.

¿Ves? Hemos entrado y nadie nota nuestra presencia, ¿increíble, verdad? Por favor, tranquilízate, necesito a una persona para este viaje, que sea fuerte y comedida. Miremos la habitación detenidamente...
Una mujer mayor, de unos cuarenta o cuarenta y cinco años, tal vez, vestida de blanco impoluto y bordando algo muy bonito, ¿una flor? Sigamos el recorrido visual... enfrente de ella, hay un joven, leyendo el periódico, serio y concentrado y al lado de éste, cándidamente, una joven, ruborizada y nerviosa, tomando a sorbitos un liquido verde, diría que un té, ¿estas de acuerdo conmigo?
Y ahora, llega lo más difícil, vamos a entrar en sus mentes. No te asustes por favor, sé que puede resultar bastante traumático por ser la primera vez, pero te aseguro que vale la pena.
Claro que creo que debería haberte explicado quien soy y que hago realmente antes de pedirte ayuda, pero... no sé, temía que nadie cogiera mi mano y como ya he dicho antes, hoy no tenia fuerzas para hacerlo sola, después del otro día. 
Verás, yo leo los pensamientos, los cojo prestados y después los plasmo con mi escritura, sino fuera así, ¿de donde sacaría tantas historias? comprenderás que sería imposible, ¿verdad?

Bien, entremos. No quiero alargar mucho esto, porque temo que me abandones antes de tiempo.

Que bella tarde. Siento hacer de carabina para estos dos, pero si el protocolo así lo exige, que así sea. La verdad, es que me da una pena infinita mi sobrina, con ese pretendiente suyo tan frío y distante, pero tenía que encontrarle un marido ahora que aún estoy en plenas facultades y no cuando sea demasiado vieja, para distinguir entre un caballero o un rufián. Para rufianes, ya tuve a mi marido, que aparte de la fortuna que sumó a la de mi familia, nada más me aportó, sino disgustos. Habría regalado mi fortuna y la suya, si alguna vez me hubiese hecho sentir lo que dicen que se siente, cuando el miembro varonil te penetra, porque yo intenté tener hijos recogiendo su semen entre mis manos, cuando él llegaba demasiado rápido en mis enaguas, pero...

¡Salgamos! 
Con eso he tenido suficiente ¿Que tú no? ¡No me hagas reír! ¿Ya te ha cogido el síndrome del pensamiento (como yo lo llamo) y solo llevas unos minutos conmigo? No, no insistas, no quiero volver a entrar en la mente de esta dama, con lo que ahora sé, ya tengo una historia más que contar.

Ven, sigamos, vamos a entrar en la mente de ese estirado, a ver que está pensando. Por cierto, gracias por seguir conmigo y demostrar tanto entusiasmo, creía que no lo soportarías.

Si por mi fuera, me casaría con su tía, sé que es demasiado mayor para mi, pero parece más divertida, que este ser al cual pronto tendré que desposar. Me aburre sobremanera. No puedo ni mirarla de lo insípida que me resulta. Me la imagino la noche de bodas llorando en un rincón en cuanto intente desflorarla. Bonitas perspectivas me esperan. Acabaré yendo más a menudo de lo que voy ahora, a casa de Lady Margaret, ella sí que sabe como satisfacer a un hombre. Dice, que sus técnicas amatorias, las aprendió en la India, cuando pasaba allí largas temporadas y que las interminables ausencias de su marido, la empujaron a ello. ¡Bien por esas ausencias! Gracias a eso, cuando introduce en su boca mi miembro yo...

¡Salgamos! 
Jajajaja, ¡Será posible! ¿Quieres dejar de protestar? ¿No entiendes, que no es recato lo que no me hace seguir, sino una especie de sublime pudor, por dejar que esos pensamientos sean solo en exclusiva suyos y totalmente suyos? No imaginaba que este viaje, te creara tanta fascinación ¿Que quieres entrar ahora en la mente de la chica? ¿No debería ser yo quien lo proponga? ¡Qué ímpetu! Anda, vamos.
Pero antes, deja que añada algo más: puede parecer un viaje fascinante y en gran medida lo es, pero no siempre es tan grato. Como te comentaba antes, cuando te he pedido tu compañía para embarcarme de nuevo, la ultima vez, fue algo... fue algo muy traumático. Aunque ahora no quiero hablar de ello, pero si sigues conmigo, tal vez luego te lo cuente, ¿de acuerdo?

Mi tía es buena mujer y sé lo que intenta que con este matrimonio, pero si ella supiera o ese mequetrefe de mi futuro esposo, que finjo a todas horas ser la que no soy, les cogería un ataque. Aún a mi corta edad, que veinte años no son tantos, he ido aprendiendo que más tonta pareces ante los demás y más te dejan en paz. Incluso he perfeccionado mi rubor y mi ligero temblor para parecerles a todos una florecilla lastimera. De esta manera, nunca he sido el fruto de atención de nadie y he podido hacer todo lo que me ha dado la gana, en esta estúpida y retrograda época vitoriana. Ahora tengo que ir pensando en como solucionar el tema de mi inexistente virginidad para la noche bodas con este inútil estirado, para que crea que soy una virtuosa e inocente damita. Cuando pienso en como la perdí, a la edad de dieciséis años, en los establos, con el mozo que había contratado la familia de mi amiga... después ha habido muchos más, muchísimos más, pero el que mejor supo sacar mi esencia de mujer fue ese maldito y alocado mozo de cuadras, que cuando abría mis piernas y lamía con su lengua mi...

¡Salgamos! 
Por favor, deja de protestar. Tenemos que volver. Ven, abramos la puerta... no, no pienso hacerte sentir lo que se siente al traspasar muros. No insistas. Creo que mereces un descanso. Ven... relájate. Como una de las personas preferidas que me lee y que ha osado darme la mano y acompañarme en este viaje, creo que mereces una explicación, pero antes necesito que me des tu palabra de honor, de que jamás le hablarás a nadie de los viajes que hago en la mente de los demás, para coger prestadas sus historias, sino me tacharían de fraude, de no ser una escritora original o tal vez y aún peor, dejarían de leerme. ¿Me das tu palabra? ¿Sí? Gracias.

Entonces, te diré que he pedido hoy tu ayuda, porque la ultima vez, me adentré en la mente de alguien que creía puro y sus pensamientos me llevaron a abismos inimaginables de rabia, desprecio y sangre. Que quise salir de su mente pero mi desgarrante dolor y mi decepción, bloquearon mi mágico don y tuve que estar más de lo deseado, inmersa en esa mente enfermiza y eso me destrozó.  
Pero tenía que perder el miedo. Porque necesito escribir o moriré de pena sin poder expresar todo aquello que se me ofrece, así que he recurrido a ti, para que me ayudaras.

Sé que esta vez, ha parecido que esos personajes pensaran casi tan sólo en sexo, pero te aseguro, que si tal vez, hubiésemos entrado en otra ocasión, habríamos encontrado otro tipo de pensamientos, así que, nada, absolutamente nada, hay más fascinante para mí, que los pensamientos de un ser humano. No su pose, su estatus, su vida cara a la galería, ni a quien dicen amar o dicen odiar, porque he comprobado que nada de lo que reflejan, es lo que realmente su mente piensa...

En fin, tengo que irme. Ahora, tengo que ponerme a escribir otras historias que he conocido en mente de otros, en esos viajes míos y tengo que hacerlo sin pausa o mis letras me seguirán gritando pesadamente eso de "plásmanos, Juji, plásmanos, necesitamos existir".

Y por favor, recuerda que me has dado tu palabra que nada de lo que has visto, oído y leído hoy, saldrá de aquí. Por cierto, reitero mi gratitud por haberme acompañado cogiéndome de la mano durante toda la visita, ha sido todo un placer no sentirme sola, por una vez, en mi onírico viaje.


miércoles, 25 de abril de 2012

Manías, supersticiones, amuletos... Jueves literario



La entrevista ha ido a las mil maravillas. Mi currículo es impresionante. Mis ganas de formar parte de esta empresa, expresadas a mi entrevistador y propietario de la misma, todo un sueño.
Entonces, ¿por qué me han acompañado amablemente, seguida de jefe de seguridad y todo, hasta la puerta, rogándome que no vuelva jamás?
Sigo repasando una y mil veces la entrevista, pero no encuentro nada que me ayude a entender ese cambio tan brusco de actitud.

A no ser… a no ser…

Tal vez, cuando le he propuesto que la ventana de mi nuevo despacho, tiene que dar al norte, porque me da buena suerte. Y que al entrar he visto que la recepcionista tenía un gato negro y que habrá que sacrificarlo, en cuanto entre en la empresa, porque todos sabemos lo que atrae un felino de ese color y ya que estamos, pondremos en las esquinas a muchos Maneki-neko, por si acaso. Y que estará prohibido que alguien lleve el color amarillo en su ropa, que también da mala suerte. Y que habrá que cambiar la ubicación del despacho del subdirector, porque al pasar por su lado, he sentido malas vibraciones. Y que cuando lleve mi pata de conejo en mi pelo pegado a mi diadema, lo martes y trece, no quiero comentarios al respecto. Y que…
No, no ¡que va! No pueden haber sido mis peticiones, porque son completamente normales.

¡Nada! ¡Que sigo sin entender porqué me han echado de la entrevista!




Encontraréis más relatos, con una sonrisa y buena suerte, en casa de Cristina



lunes, 23 de abril de 2012

El destino ¿perezoso?




Ella, baja del metro, cuando él sube. En esos mini segundos que se cruzan, no llegan ni a tocarse, pero los dos, cuando se cierran las puertas, sienten el vacío. Por la tarde, siempre a las tres, vuelven a cruzarse en un semáforo, él coge la avenida Norte y ella, la avenida Sur, y de nuevo, ese estúpido e inexplicable vacío. A las seis de la tarde, el juguetón destino, de nuevo hace su aparición, cuando ella sentada en el bar, que está enfrente del otro bar, donde él se halla, les vuelve a hacer sentir ese insistente vacío. Ella juega con la taza, del recién tomado café, fuerte y amargo, como a ella le gusta, y él, juega con su taza decorada, del recién tomado té, dulce y con leche, como a él le gusta.

Se añoran, se aman, se viven, se evocan, se sueñan y se esperan aunque no se conocen, pero se perciben.

Algún estúpido hilo de este destino, se ha quedado enganchando o mal anudado en la bobina y no hay manera de tejerlo adecuadamente, para que estos dos seres se encuentren por fin. O, simplemente, aún no es el momento y el sabio y a la vez, tirano destino, esté aguardando el adecuado instante para este fin.

Lo único cierto, es que es un hecho irrefutable, que las vidas de estos dos seres están unidas para siempre, por una fuerza desconocida e inexplicable.


domingo, 22 de abril de 2012

Me adentré en su mundo...






Me adentré en su mundo de fantasía, para poder entender a donde iba, cuando su mirada se quedaba mirando un punto infinito y no a mí. Y para saber más de ella y comprender todo aquello que ella percibía y yo no entendía. Y para estar siempre junto a ella, aunque fuera perdiéndonos, allí donde moraba su imaginación.

Y me condujo por laberintos con Minotauros, por valles plagados de Pegasus, por aldeas habitadas por Elfos y Hadas, por rincones con luciérnagas, parlantes y de luz azulada...  

Me adentré en su mundo y ahora ya no puedo, ni quiero salir. Y es que, si volviera ahora, a mi naturaleza anterior, tan pragmática, real, rotunda y explícita… si volviera a ser el que era, sencillamente, moriría.  

viernes, 20 de abril de 2012

¡Cien, cien, cien!





Cien eran cien, lo cien escritos.


De brujas, magia, asesinos, sentimientos, fiestas, dolor, diversión y sueños, plagado este blog, está. 
En todos he puesto mi alma, en algunos, incluso mucho más. 
Solo cien, de los miles y miles que he destruido a lo largo de mi vida, porque la vida de esos miles y miles, efímera la entendí y absurda la contemplé, a través de mi peculiar manera de mirar. 
Asumo mi impulsividad sin pesar, ante tanta destrucción de textos, porque no supiera ser constante, no creyera en su belleza, o tecleara "eliminar". 
Lo único importante, es que celebro estos cien con entusiasmo, aunque no tenga ni idea, si sabré seguir creando historias, ¿otras cien historias más?  
Será un misterio que se desvelará dentro de un tiempo cercano, o lejano, ¡qué más da! 
Solo sé que mientras dure, seguiré disfrutando de mi pequeño rincón, con entusiasmo, alegría y felicidad. 

Y si me acompañáis, vosotros, que con tanta constancia, dais sabor a mis letras, yo os regalaré siempre una sonrisa, poco es, lo sé, para tanta afabilidad. 

Doy las gracias a mis letras, que se imponen con descarada insistencia, para verse plasmadas sin cesar. 

Pero sobre todo y ante todo, os doy las gracias y os aplaudo a vosotros, a los constantes lectores de mi visión particular, porque entre los millones y millones de blogs que existen, que uno sobreviva, es todo un logro, un milagro, e incluso, si lo pienso detenidamente... es muchísimo más.



miércoles, 18 de abril de 2012

Una de espías- Jueves literario


Salió de la mansión, sonriendo, entre la elegante multitud. ¡Misión cumplida! Se dirigía hacia el coche canturreando, cuando empezó a llover y de repente, como si se hubiera vuelto loca, empezó a darse cabezazos contra la pared más próxima.
Cuando la escena dio a su fin y ella mirando hacia el suelo, sabiéndose observada, repetía “te maté, bestia inmunda, te maté”, alguien osó preguntar, “si estaba bien o necesitaba ayuda” y ella, muy digna, contestó:

-Es que tenía una araña en la cabeza y he tenido que matarla, poco decorosamente, lo reconozco, pero es que odio esos bichos. Siento la escena, señores.

Era su primer día como espía y creía haberlo hecho bien, mientras había grabado la conversación ordenada por sus superiores, entre esos magnates del petróleo, pero con la lluvia, el cacharro ese del transmisor obsoleto, que llevaba a modo de broche, le había producido descargas eléctricas, difíciles de soportar, haciendo que reaccionara en el único modo que se le ocurrió.

Esperaba encarecidamente, que a sus nuevos jefes, no les importara el modo en que había acabado su primera misión, sino el éxito de la misma. Y con “el broche-transmisor” en el bolso, destrozado, porque mientras se daba cabezazos (porque le habían enseñado, que ante cualquier imprevisto, había que desviar la atención, con todos los medios a su disposición) lo había arrancado del pecho y pisado con fuerza, se encaminó canturreando, de nuevo, hacía su coche.

Estaba segurísima, de que su vida de espía, sería larga y fructífera.

Dos meses más tarde, esta era la nueva espía captada por la CIA:



Para más información secreta, seguir estas coordenadas: 
wxassss 667s8990 eee Juan Carlos

martes, 17 de abril de 2012

Viento del norte




Los días de tramontana (viento del norte) su agresividad aumentaba incontrolablemente, por eso, terriblemente  avergonzado ante este lastre tan peligroso, desaparecía, durante el tiempo que duraba, que normalmente eran dos o tres días, dando cualquier excusa plausible, ante su familia, que acostumbrados a sus continuos viajes de trabajo y ajenos a esa faceta tan peligrosa,  encontraban sus ausencias, completamente normales. 

Le hervía la sangre. Era como si una furia animal le poseyera. Su violencia no tenía límite y sentía un terror interno, imposible de asimilar. Normalmente era una persona de bien, en todos los sentidos, así que no entendía como podía, por unas simples ráfagas de viento, convertirse en un hombre tan despreciable.

Para esos infernales periodos, tenía alquilado secretamente, un pequeño sótano, en una zona casi deshabitada y lejana de su casa, con todo lo necesario para no tener que salir durante su auto impuesto cautiverio. Temía tanto hacerlo, que si el viento persistía y él se quedaba sin víveres, como alguna vez había sucedido al principio, prefería no comer, a enfrentarse a sí mismo y a las consecuencias.

La primera vez que descubrió ese otro yo, fue al poco de llegar a esta localidad, puede que no llegara al mes exacto. Se descubrió saliendo de casa con ganas de matar, morder, destripar, beber sangre, deshuesar y triturar cuerpos, cráneos o cualquier miembro de otro ser humano. Su cabeza fue, en ese instante, un hervidero de imágenes descabelladas y sin sentido, con tanta intensidad, que se desmayó y a partir de ese día, empezó a estudiar el fenómeno, pero no halló comparativa o explicación plausible, ante su bestial y salvaje respuesta. Así que, ante la imposibilidad de volver a cambiar de ciudad, porque lo había invertido todo en su nuevo proyecto, tuvo que recurrir a la mentira y desaparecer durante esos días, en lo que, estaba seguro, la tramontana, lo convertía, en algo, que él, no era... 
En algo que él no era.

¿O lo era...?

lunes, 16 de abril de 2012

¡Zas, en toda la boca!





¡Zas, en toda la boca!

Por cobarde, aguafiestas, déspota, engreído, retrograda y censor.

¡A mi no me censura nadie, corrector de palabrotas de "Word"!

Ya puedes ponerte en rojo las veces que quieras e intentar corregirme la palabreja, porque seguiré escribiendo lo que me de la gana.

Otra cosa es, que después lo publique…  

domingo, 15 de abril de 2012

Un día cualquiera y la religión




Querido diario,

Empecé el día, cantando bajo la ducha y luchando de buena mañana, con los elementos, para que no me entrara agua y jabón en la boca, con tanta cacofonía. Y mientras cantaba, temí, que entrara por la ventana del baño, uno de la SGAE, para pedirme el canon de los derechos de autor y callé, por si acaso… y para no morir ahogada. Y con la toalla puesta, tuve que abrir la puerta, ante la insistencia del timbre a esas horas y mi enfado fue mayúsculo cuando a quien tenía delante, era a dos fieles adeptos de la “Cienciología”.

Miré embobada las nubes, como siempre, en cada semáforo, sin parar de hacer con ellas dibujos bajo el despotismo de mi imaginación y a cambio, recibí mil bocinazos más de los habituales, en cuanto el semáforo cambió a verde. Mi querido Diario, la gente ya no tiene paciencia. Y cuando volví a mirar en línea recta, ya tenía una hoja de papel en mi parabrisas, donde logré distinguir las letras “Iglesia del buen pastor...” antes de que se la llevara el viento.

Llegué más que puntual a mi cita rutinaria, porque como sabes, cuando te obsesiona la frase "el que te espera, a cada minuto que pasa, va recordando tus defectos con más intensidad", y yo tener muchos, minimizo la catástrofe, llegando media hora antes. Odiaré toda mi vida, a quien me dijo la dichosa frasecita, menos mal que ya no recuerdo quien fue. Y mientras esperaba en la entrada, alguien intentó convencerme, de que los “católicos protestantes”, eran mis aliados y tenía que conocerlos para poder unirme a su doctrina.

Más tarde, entré en un banco y tuve ganas de vomitar y/o vomitarles, encima de la mesa. Pero me controlé, porque en el fondo tan solo son los empleados de “La Bestia”. Aunque, no la descarto, de mi lista de "cosas por hacer". Cuando salí, me siguieron con sus cantos los discípulos “Hare Krishna”.

Y cuando por fin llegué a casa, y estaba en pleno proceso de desconexión del mundo, llamaron a la puerta. ¡No sé porqué sigo soñando, que algún día llamarán a mi puerta, y será una visita deseada!… Esta vez eran, los “testigos de Jehová”.

En fin, mi querido Diario, me voy a dormir. 

Mañana será otro día, otro día cualquiera más. 
¿Sin religión a la vista?

viernes, 13 de abril de 2012

La invitación





“Invito yo”, dijo, enseñando mientras lo decía, una taleguita llena de dinero. Los más listos e inicuos, pidieron lo más caro del local. Los más prudentes, sensatamente, lo más barato. Los más indecisos, al final, no pudieron pedir nada, porque cuando se habían decidido, la cocina estaba cerrada.

El que invitaba, recordó que tenía una cita y no podía quedarse. Se fue apresuradamente, olvidándose de pagar. Los más listos e inicuos, rugían de rabia cuando el camarero les trajo la cuenta. Los más prudentes, sonrieron sabiendo que el gasto que habían hecho, podían permitírselo sin eclipsar su economía. Los más indecisos siguieron sin decidir si quedarse o irse.

jueves, 12 de abril de 2012

La importancia de las palabras




 
Hoy es el día. Hoy por fin podrá decirle lo que piensa de ella y si aún, por pudor o decencia en su rol asumido y asimilado durante muchos años, no encontrara la forma de decir realmente todo, al menos, sabe que las fuerzas no le fallarán para decir, al fin y al cabo, lo único que importa: “me voy”.
Lleva seis duros años de su penosa vida, sintiéndose un mueble, un perro o un aliento. Años en los que cada noche, antes de cerrar la puerta de su habitación y de meterse en esa cama que tanto detesta, impreca y solloza ante su frialdad.
Ella, Duquesa y de gran estirpe, es el hielo, la displicencia absoluta, y así lo ha tratado desde el día en que entró en esa casa a servir, con total y absoluta indiferencia… como si fuera un mueble, un perro o un aliento.
Ha sufrido su mirada vacía y su esquivo porte, durante tanto tiempo, que, como ser humano, no puede tolerarlo más.


Hoy es el día. Hoy por fin, podrá decirle lo que piensa de él. Lleva seis largos años ignorándolo, tratándolo fríamente y con desdén, para que su progenitor, nunca pudiera percibir en ella el sentimiento de camaradería humana, la congoja de verse servida y nunca servir, la vergüenza de tener que demostrarse distinta ante los demás, ante él, la pena de tener que alternar su interior rico y bello, con su exterior hipócrita y altanero. Ahora, padre, se ha ido, porque su edad y su enfermedad han ayudado a ello y en su perecedera y eterna ausencia, ella por fin, podrá ser ella misma y tratar a sus iguales, como debe.

-¿Señora Duquesa, tiene un momento?
-Sí, claro, Matías, adelante, dígame.
Él desconcierto de él es mayúsculo, ante la musicalidad de su nombre pronunciado por primera vez por ella, aún así, aferrándose a su dolor y desdén sufrido durante años, saca fuerzas para decir:
 -Me marcho.

Ella, lo mira intentando ocultar su desconcierto, pero entiende que ya, es demasiado tarde para dar marcha atrás, no ahora, no con él y tal vez, jamás pueda, con nadie más… No, ahora no puede pensar, debe contestar como ella sabe, como la han obligado desde pequeña, como ha tenido siempre que hacer en presencia de su padre y contesta:
-Muy bien, espero que deje su habitación hoy mismo.

Él se ha ido, por fin, con sus sueños bajo el brazo, pensando que se ha liberado de la peor y más fría de las mujeres.

Ella, se ha quedado muda durante el resto del día. Sabe porqué se ha ido y mientras cae una lágrima por su mejilla, decide que no está preparada para ser ella misma y que tal vez, de tanto ser lo que deseaban que fuera, ya no tiene fuerzas para cambiar las cosas.


La importancia de las palabras, de un gesto, de una mirada… a tiempo.

miércoles, 11 de abril de 2012

Soy la Lengua



Soy la lengua de Juji. 
Mi dueña, cree que me domina y aunque a veces lo logra, son más, las que hago, lo que me da la gana. A veces la dejo en evidencia y se enfada conmigo, pero es lo que tiene, ir por libre, aunque formes parte de un todo.

Ella, que intenta comportarse como una señora de bien, a veces, como el otro día, hago incluso que se ruborice a su edad, porque salí sin previo aviso ante una situación que a mí (y a ella, aunque lo niegue) me pareció fuera de lugar, y me exhibí, con toda mi majestuosidad, como cuando ella era una niña.

Hay otras, que la hago pasar por momentos aún más divertidos (al menos para mí) cuando, por muchas directivas y órdenes que me dé, salgo como un relámpago ante un helado de chocolate y mancho a mis primos, los labios, para que mi travesura sea aún más amena, despertando en ella, todo tipo de improperios mentales hacía mí y toda mi casta.

En otras ocasiones, ella y su pareja, creen que están en pleno auge sensual, cuando me cruza a mí, con la de él, pero ¡que va! Lo que hago es hablar con la otra de mi especie, para que me cuente cosas de su portador, y hasta jugamos a hacernos cosquillas.

Hay otras, que la muy sádica, me muerde para mantenerme a raya y esas veces, aunque sufro mucho, me compadezco de mi dueña, porque el cerebro me explica que es un momento, en el que debo ser buena y comportarme, sino mi dueña puede acabar en el paro, en un buen lío, con alguna denuncia o aún peor, en la cárcel, tales son las ganas, que tiene la pobre, de explotar ante tanta injusticia.

Otras, es ella, la que no deja de darme caña hasta agotarme, cuando se junta con una amiga y empieza a hablar sin freno, de esto, de aquello y de lo de más allá.

Pero, aún así, me siento a gusto con ella… mira, mira, ¿me ves? Te estoy saludando mientras ella te escribe, paseándome de lado a lado entre mis primos… salgo siempre que escribe algo, para ver que es lo que ha plasmado con sus letras y ella ni se da cuenta…

lunes, 9 de abril de 2012

La mentira disfrazada




Entendí que era el amor, cuando me dijo: “te quiero”. Y que era el dolor, cuando me dijo: “me voy”. Y entendí, más que nunca, que era el perdón, cuando me dijo: “he vuelto, para siempre”. Y aunque sé que lo amo y me ama, más que a nadie y a nada, no logro comprender, porqué veo en él falsedad, cada vez que se va de casa, cada vez que lo miro y evita mi mirada, cada vez que leo entre líneas, la mentira disfraza…



Entendí que la amaba, cuando le dije, te quiero y era la primera vez que pronunciaba esas palabras. Entendí que era el dolor, cuando tuve que irme, sin poder decirle a dónde y porqué. Y rogando porque aún me esperara, entendí que era el perdón, cuando ella, me indultó indulgentemente, cuando volví a su vida de nuevo y allí me quedé, porque ella era mi lucidez y mi ancla.
Me pregunto que diría ella, si supiera, que todo aquello que le ofrezco, es sincero. 
Todo, menos mi otra vida, la que escondo para protegerla.
La otra vida, de la cual, jamás, podrá saber nada.

Soy espía.
Este es mi secreto.
Y vivo constantemente, una mentira disfrazada.

sábado, 7 de abril de 2012

Y la canción es...





-Hay una canción que me encanta y que me gustaría que me bajaras de Internet, cuando tengas tiempo.
-¿Autor?
-Pues, no lo sé…
-¿Título?
-No lo sé tampoco.
-Ejem, Juji, ¿puedes darme más datos?
-Sí, claro, la canción más o menos hace así: lalalallala lalalala, tachantachan lalallitooooooooo nanananananniiiiiiiiiiiiiii
¿Y ahora por qué haces esa cara, es que sigues sin saber de qué canción te hablo?

Basado en hechos reales. 
Lo juro.

viernes, 6 de abril de 2012

Lo he visto





Lo he visto, en una mujer vestida de negro
De rodillas ante una lápida,
Tocando la foto de un niño.
Con el pañuelo, mojado y arrugado,
Ocultando el sufrimiento al alba.

Lo he visto en un bombardeo,
Y aquellos que recogían los cuerpos,
De esos seres, que ya no eran nada,
Perjurando en silencio y a gritos,
Por la insensatez humana.

Lo he visto en un tranvía,
Que a ningún sitio te llevaba,
Pero que todos cogían, por si un día
Sólo uno, de esos días, sólo uno…
Tal vez, la meta cambiaba.

Lo he visto en una calle gris
Laberíntica y avejentada,
Llena de seres sin vida, sin ilusión
Y sin nada. Nada en lo que creer
Y sin ninguna esperanza.

Lo he visto en una sala,
Donde se decidía, quien sí,
Y quien no,
Volvería a tener casa.

Y mientras las letras
Disminuyen
Y la rima se relaja,
Yo sigo viendo el dolor.
Dolor que nunca descansa.

Y lloro.
Y grito.
Porque me han robado.

Han robado mi alma.



miércoles, 4 de abril de 2012

¡Tengo obras en casa! - Jueves literario




Esta casa, tan solo me había regalado, hasta ahora, placeres y alegrías, pero todo cambió hará unos meses, cuando la hembra humana, decidió que quería hacer unos arreglillos. "Nada complicado", aseveró, a su macho. "En una semana, lo dejarán perfecto", insistió.

Ahora y desde hace mes y medio, desde aquella nefasta decisión, no encuentro mis accesos preferidos, mis provisiones y hasta me pierdo en mi propia casa, en unos laberintos que antes no existían.

Si la cosa sigue así, tendré que mudarme de domicilio y eso que esta pareja humana, con sus dos hijos balbucientes y ese gato, gordo y feo, que tienen de mascota, me cae estupendamente.

Pero estas malditas obras, son insoportables, incluso para alguien tan curtido como yo, en ruidos, incomodidades, carencias y desastres, sufridos, durante mi ratera vida, en la calle, en una prisión, en una caja de un museo de arte moderno y en una licorería irlandesa, pero, en serio, estas inacabables obras, no hay ratón que las aguante... y por lo que veo, los humanos de mi casa, últimamente, no lo llevan mejor que yo.



El artesano fiel





Es en el preciso momento, en el que el barro toca sus manos, que nace su creación. Un destello, se abre paso, con una forma real y no puede detenerse, hasta que su obra, tiene una forma completamente definida. Son sus creaciones, quien lo dominan y no al contrario. Y en ese tiempo en el que es sometido por su obra, no come, no bebe y no duerme. Nada puede hacer, que no sea seguir tejiendo, su tirano desvarío creativo.

Después de la satisfacción, una vez su obra ha creado vida, llega el dolor cuando tiene que despedirse. Se le rompe el alma cada vez que tiene que decirles adiós. Tan solo obtiene consuelo cuando, instintivamente sabe, que a quien se la está vendiendo, la empleará para un bello fin, un deleite interno o una silenciosa ovación a la belleza.

Ayer acabó la de un anciano, sentado bajo un árbol, leyendo un diario y ya siente la tristeza del adiós. Lo daría todo por saber, quién se la quitará de sus manos, a dónde irá a parar y a qué fin servirá.


La compró una mujer. Más tarde, fue regalada y fue posada en un sitio de honor de una casa. Sirvió para crear una sonrisa, renovado sentimiento y una esperanza.

lunes, 2 de abril de 2012

Me llamo, Jeremías...





Me llamo Jeremías. Jeremías, el animal. He puesto en mi mochila, los objetos punzantes, los líquidos inflamables, el revólver y las dos granadas de mano, que siempre me acompañan a todas partes.

Me dedico, a limpiar de la faz de la tierra, a los indeseables. Antes lo hacía por dinero. Ahora por honestidad. Muchos no estarán de acuerdo con mi profesión o con mis métodos, o por decidir, quien puede seguir viviendo y quien debe morir. Pero es lo que tiene ser un asesino honrado. Un “Dexter” en la sombra. No gustas a nadie, aunque interiormente, agradezcan que existas, cuando les limpias, de despreciables, el planeta.
Hace tiempo le regalé un puñal precioso, a una buena amiga, de profesión y de vida, similar a la mía, aunque ahora dice, que se ha reformado… pobrecilla, eso cree ella.
Tal y como están las cosas, sé que volverá a caer.

Así que si mañana, algún avispado lector, lee en el periódico “detenida, asesina profesional, por…” y jura y perjura que no ha sido ella. Y lo jura, por el Don, por el Padrino y por el santo Capo de los Capos.

Habrá sido ella. Creedme.





domingo, 1 de abril de 2012

Poesía cotidiana






Fui a hacer la compra,
Como cada día.
Supermercado abarrotado,
Y ni una sandía.
El carro lleno acabó,
Pero sin lo que yo quería.
La cajera, sin darse cuenta,
Hablando me escupía.
Reconocí de inmediato,
Que era el típico mal día.
¿Sabes qué? Mañana,
Irá a hacer la compra usía. 
    


No pretendía ofenderos, poetas de verdad... Tan sólo me divertía.