miércoles, 23 de mayo de 2012

El diagnóstico





Hice lo que hice, inicialmente, porque cuando salí de la consulta del médico y tras la noticia de que me quedaban tan sólo tres meses de vida, de repente todo dejó de tener sentido.
Saqué de mi armario todos los esqueletos a modo de liberación y venganza, porque si la mala suerte había querido que me fuera tan pronto de esta vida, desde luego, antes de desaparecer, me llevaría la satisfacción de ver sus caras ante mis confesiones.
A Juan, le confesé compungida, para hacerle ver que lo sentía muchísimo (aunque no era cierto, claro está) que había sido yo quien había envenenado a su esposa, para hacerle la vida más placentera, aunque la verdad, es que me caía tan mal que ya no podía seguir tolerándola en nuestras reuniones de amigos.
A María, que era yo la amante de su marido y no su vecina, como le había hecho creer durante años.
A Pedro, que era adoptado, que todos los sabíamos menos él y me parecían ridículo que se las diera de aristócrata, cuando había sido recogido de la calle por el mayordomo de sus padres adoptivos a modo de regalo y para su diversión.
A mi marido, que era lesbiana de corazón, aunque me hubiese tirado a su mejor amigo, a su hermano y a su tío Alberto y que siempre había deseado morir entre los brazos cálidos de una mujer y no en los de un hombre, y desde luego no entre sus brazos peludos y repugnantes... 


Y así seguí durante días, confesando una tras otra a todos mis fechorías, destrozando vidas por doquier sin remordimiento alguno, creándome enemistades eternas y denuncias sin pruebas para la acusación formal, hasta mi nueva y ultima visita al doctor, para ver si mi enfermedad terminal se había acelerado...



Tuve que matarlo. Era lo justo. El muy desgraciado me comunicó, riendo como un poseso, que se había equivocado de diagnostico y que iba a vivir hasta morir de vejez, sin dejar de repetir, que había tenido una inmensa suerte...  

22 comentarios:

  1. Por la boquita muere la pececita. Ahora a vivir las consecuencias, matando claro, que no decaiga, y envenenando el corazón de tooo quisque. A ver si alguien la quita "deenmedio", sería lo justo. Besito, que me divierto y me encanta tu escritura.

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    1. Bueno, yo creo Natàlia, que después de matar al médico, ya no libra nadie de lo que merece jajajaja
      Un besazo.

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  2. ja, un gran relato! Menuda. Eso le pasa por hablar antes de tiempo. Aunque ¿cuando es antes de tiempo en la vida?

    Un abrazo.

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    1. Si es hay cada "tipa" por ahí, Josef jijijiji Y desde luego, nunca se sabe cuando es el tiempo adecuado para confesar, así que mejor esperar todo lo que se pueda :)
      Abrazos.

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  3. Madre del amor hermoso, comprendo que haya tenido que asesinar al doctor, así no se equivocará nunca más.

    Magnífico Juji, como siempre.
    Besos.

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    1. ¡Hombre ya! No se puede diagnostiscar esas cosas y creer que se va a ir uno de rositas. Gracias Elena.
      Un besazo.

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  4. ese médico se encontró loa que se había ganado. Por cierto, yo no tengo los brazos peludos

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    1. Lo dicho a Elena, Javier... me alegro que no tengas los brazos peludos, sino esa del relato igual te hacía algo también a ti jajajaja.
      Besitos.

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  5. Buf! hay secretos que ni aún quedándote poco de vida deben salir del armario consciente, menos ésta que se ha cepillado a todo Cristo cercano y jodido la vida a mansalva, se lo tiene merecido y no ha podido tener mejor castigo jajajjaaj ¡Qué bruja la tía!

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    1. Jajajajajaja Gloria, coincido: Nunca hablar antes de tiempo y se lo merecía por bruja-pirula :)
      Besitos.

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  6. Y en el fondo ¿porqué tanto mal gratuito?... cuanto dolor acumulado para al final terminar su vida sin libertad... Sonrío, ehhh? con el médico es con el único que ya puesta acertó... jaja

    Besos!!!

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    1. Buenooooooooo Matices, si es que al final, de eso se trata: de sonreir :) Vamos si acertó, se lo merecía jijijiji
      Un besoooo.

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  7. Jeje, pues vale como filosofía de muerte, tocar un poco las narices de quienes te rodean y que no te lloren, vaya lata.
    Yo quiero que la comitiva de mi funeral vaya a ritmo de samba.
    Me he reido bien con este relato, amiga. Besos.

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    1. JUan Carlos, yo me apunto a "la samba" jijiji que hay que celebrarlo todo en esta vida, aunque sea la muerte... Y la filosofía "toquemos las narices antes de morir" no estaría mal implantarla como nueva doctrina jajajaja.
      Besazos.

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  8. Un relato muy bueno!!!!, me has hecho pasar un buen rato.
    Ufff!!!, pa matar al médico, pero... qué me dices de ella?. Se ha despachado a gusto. Y la verdad para que va a morirse uno sin contar la verdadera historia de su vida antes de espicharla.
    Sara

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    1. Sí, Sara, tanto uno como el otro, al final encontraron lo que merecían :) La cuestión es "hacer ruido" si uno tiene que irse. sino "¡¿de qué?!".
      Abrazote inmenso.

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  9. jajajaj me lo veía venir!...eso de dar rienda suelta a la maldad y la venganza tienen sus grandes riesgos,sí señor! jejeje
    Un abrazo.

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    1. Si es más vale callarse y llevarse los secretos con uno... jajajaja.
      Un abrazo, Neo.

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  10. Yo de ser médico a partir de aquí miraría y remiraría antes de dar un diagnóstico jejejee, y anda que... es que no se salvo uno de pasar por las manos de la moribunda jejeje.
    Un beso.

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    1. Ya ves como están las cosas, San jajajajaja, Ni puedes ser médico ni confesar "antes de morir" .
      Un beso.

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  11. Santo cielo! Si habrá que cerciorarse bien de cómo es la cosa antes de ponerse hacer declaraciones tan osadas. Y bueno, creo que con el error del médico acabó pagando todos sus errores. Toda una larga vida, para que nadie la quiera ver ni pintada... y menos creerle media palabra!
    Muy buen relato, lo iba leyendo y mis ojos se iban abriendo cada vez más! Jaaa, ya casi no me cabían en la cara del estupor!
    Besitos al vuelo:
    Gaby*

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    1. Gaby, me ha gustado lo de "que ya no te cabían los ojos del estupor" jajajajaja Si es que, si las historias crean ese efecto, son para "enmarcarlas" jajajaja
      Un besote.

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