miércoles, 16 de mayo de 2012

El hipocondríaco





Mi marido era un hipocondríaco, así que para poder convivir con él, aprendí a tratar sus imaginarias enfermedades como se merecía, o sea, con los efectos placebos que exigían sus dolencias.

A veces, harta ya de tanta tontería, me divertía relatándole las contraindicaciones, del prospecto imaginario que había creado ese día, para darme una satisfacción. "Que si para tomar esta medicina tienes antes que ducharse dos veces con agua y unas gotitas de limón y sal", "que si para que haga efecto, tienes que llevar un pañuelo con cuatro nudos en la cabeza durante todo un día", "que si para que te cure de verdad, tienes que contar mil veces hasta cien, hasta que notes cansancio vocal y mental"... y así, hasta la infinita y saciante diversión, que me inspirara mi humor o mi cansancio.

Un día, dejó de quejarse. Dejó de imaginar que era un imán para cualquier enfermedad. Y dejó de amargarme la existencia con tantas tonterías, porque no sé que guru le habló de eso de “mens sana in corpore sano” logrando un cambio en su vida increíble...  y a los tres meses falleció. 
Le hicieron la autopsia concienzudamente, pero nada se halló. Me dijeron que había muerto por causas desconocidas.

Y entonces, pasé a ser yo la hipocondríaca. Porque nunca dejé de cuestionarme, si no se fue, porque mientras se creía un enfermo, su cuerpo luchaba por la vida día a día y cuando creyó que estaba sano, su cuerpo se relajó, abandonando sus defensas.

A mis noventa y cinco años recién cumplidos, sigo sin darle un sentido a su desaparición, mientras combato millones de enfermedades que me acechan cada día, para no acabar, por si acaso, como mi difunto marido.

11 comentarios:

  1. No lo dudes mujer anciana, a tu marido lo mató la mens esa sana (?) y el cuerpo sano (?), porque lo sano es una invención insana y el cuerpo sano otra, imposible estar sin un microbio, sin ni un liendre ni estornudo.
    Tranquila y a vivir que son cien años.
    Besito jujinesco.

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    1. Gracias jovenzuela amiga :) me has desvelado mucho el misterio jijijijiji
      Abrazote insano con estornudo!

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  2. Si es que dos que duermen en el mismo colchón... ya se sabe.
    Un tema que podemos tomarnos con cierta ironía pero que debe ser un suplicio para quien lo soporta.

    Ya ves, novios "toa la vía" y cuando se casaron se divorciaron, pues esto es lo mismo, toda la vida cuidándote y cuando te descuidas viene la Parca y te lleva sin pedir permiso.

    Besos Juji.

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    1. Si es que no se puede fiar una de na', Elena :) Hagas lo que hagas, "como tenga que salir mal, saldrá mal".
      Besitos, salá :)

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  3. Por si acaso no te olvides de quitarte el pañuelo de 4 nudos cuando salgas a la calle...o es que a ti el efecto placebo no te hace efecto? jajajjajajajaja
    bssos Juji

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    1. Jijijiji, bueno, a mí el efecto "ese", como no me hace efecto como le hacia a mi santo y difunto esposo, ya lo descarté en su día...
      Muakis, muakis!

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  4. jajaa muy bueno!...a veces el énfasis que une pone en el temor de enfermarse, actúa como escudo protector real ante las enfermedades!...por eso, conviene no aconsejar!
    =)
    Un abrazo.

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    1. ajaja sí, Neo, mejor no aconsejar, que después damos remedios caseros para el mal de muelas a quien tiene almorranas y eso no es sano jijijijiji
      Mejor, dejar al hipocondríaco dejar con sus dolencias...
      Un abrazote enorme.

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  5. Me ha encantado y me ha recordado una historia de mi niñez. Mi madre, cada vez que nos quejábamos, solía decir que eso se curaba con "raspauras de cuerno de Boticario", nos daba no sabemos qué... y ya no nos dolía nada.
    Un buen dia me mando ella misma a la Farmacia a buscar las "raspauras de cuerno de Boticario". No te puedes imaginar la que me lió el Farmacéutico a mis 11 añitos. Te puedes imaginar que salí por piernas.
    Desde entonces se acabó el remedio milagroso.
    Sara

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    1. Jajajajajajajaja Tu historia es realmente, genial, Sara. ¡Cuántas mentiras nos decían para hacernos callar o "curar", ¿eh?!
      Un besazo.

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  6. A la farmacia ja haurien de vendre pastilles per els hipocondríacs, de diferents colors, una per cada mal, i així tots contents. De tota manera mai saps el resultat d'un menjada de coco insistent, millor no fer-la, perqué la química de cada ú és difernt i no saps com pot acabar,....quasi sempre malament.
    petonás
    Victòria

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