sábado, 5 de mayo de 2012

Hasta el último aliento




Se me ensancha el corazón, cuando me llegas a casa con las manos agrietadas, con la espalda encorvada, con el pelo alborotado y sucio, pero siempre con una sonrisa dibujada. A veces el dibujo se deforma con el cansancio, pero sigues manteniéndolo, suceda lo que suceda.

No tuviste una buena infancia, de hecho esa palabra la conociste años más tarde, cuando yo te lo pregunté. Mi Manuel, que tuviste unos padres que te usaron para aportar el pan de cada día, como a todos los miembros de la familia, tuvieran la edad que tuvieran. Tampoco fuiste a la escuela. Durante años, no conociste otra rutina que no fuera, como me contabas con los ojos empañados, la de levantarte a las cinco de la mañana, comer algo, ir al campo, comer algo, seguir con tus tareas campestres, comer algo y acostarte.
Aún rodeado de bestias, ya fueran animales o humanos, te fue naciendo en tu interior, sin entender de donde te venia, un ansia irrefrenable de conocer mundo, de entender las cosas y de aprender, que no podías compartir con nadie. Pero, luchaste contra todos y todo y el día que cumpliste veinte años no pudiste más y cogiste dos camisas y un pantalón, puestas sin miramientos en una bolsa de plástico y te fuiste por fin y para siempre, de ese lugar al que nunca pudiste llamar hogar, dejando también tras de ti, a esos seres a los que nunca pudiste llamar familia.

Mi Manuel. Mi amado Manuel, sufriste también lo indecible cuando llegaste a la ciudad. Pasaste hambre, pasaste frío y pasaste mil y una humillaciones, que se sumaron a las vividas hasta entonces, pero aún así nunca cejaste en tu empeño de construirte, poquito a poquito, un porvenir diferente al que habías conocido hasta entonces.

Yo, por aquel entonces, me iba cada tarde, a construir e imaginar otros mundos, entre los libros. Porque mi situación, aunque era mucho mejor que la tuya, tampoco era para saltar de alegría. Cuando te vi entrar en la biblioteca la primera vez, me pareciste un pajarillo asustado y desvalido.
Y me enamoré.
Nunca había visto a nadie tocar un libro como tú lo hacías. Exhalabas tanta felicidad que contagiabas a los de tu alrededor. Algunos, cuando te ibas, cogían el libro que habías tenido entre tus manos para investigar y curiosear, que texto o trama habían obrado tal milagro.

Al cabo de dos semanas, por fin, un día me senté a tu lado para poder oler tu cuerpo, sentir la alegría con la que impregnabas toda la sala y de alguna manera, iniciar algún tipo de conversación. Tuve la ocasión perfecta cuando comprobé que tenías entre tus manos un libro que yo ya había leído. Así que te lo dije y al preguntarle si te estaba gustando, por que pasaje pasabas o cual preferías, tu sorprendente respuesta llegó en un susurro, el cual contenía una emoción queda y desesperada, que me desbordó de pena y a la vez de admiración. Me dijiste: “No se leer”. 

Semanas más tarde me confesaste tu amor y yo sin mediar palabra te abracé y besé sabiendo que tú, eras el significado de la palabra amor.
Al día siguiente ya vivíamos juntos en mi pequeño apartamento.

Te enseñaba a leer, pasito a pasito, como decías siempre y construíamos, sin cesar, un castillo de amor, que diariamente alimentábamos con sueños y alegría.

Ahora, cuando escribo esta carta, llevamos ya dieciocho años juntos y sin separarnos ni un solo día. Y tú, mi Manuel, el niño que antaño nunca conoció el cariño ni la educación, ni un solo día has dejado de abrazarme, de sonreír, de amarme, de besarme, de aprender, preguntar e informarte. Ni un solo día, has dejado de trabajar para seguir construyendo más castillos, blancos y dulces, llenos de amor.
Y ni un solo día has dejado que mis sueños se ahogaran por las penurias económicas que a veces hemos tenido que sufrir, porque como siempre me dices: “Tú, mi vida, tienes que seguir luchando por tu sueño, porque yo ya conseguí el mío, el día que te conocí”.

Y yo, ahora te escribo, que mi sueño, amor mío, eres Tú. Y si sigo escribiendo novelas, relatos, poemas y cancioncillas, con las cuales a veces tan solo gano para pagar la luz o el agua, es por ti, porque se que te llena de orgullo pensar que con tu esfuerzo, logras que yo sea feliz. Pero nada más necesitaría en esta vida, amor mío, que seguir a tu lado hasta el último aliento.

El día que lo logre, porque como tu dices siempre, lo lograré, ese día, amor mío, seré yo quien te regale la luna, quien no dejará que uses más tu gastado cuerpo para trabajar y cuando veas en las librerías y bibliotecas mis libros, creados, imaginados y logrados gracias a ti, ese orgullo que sentirás no será nada comparado con el orgullo que siento yo, de tenerte a mi lado.




He pasado unos días, ayudando a una amiga a hacer el traslado a su nuevo y bello hogar. La casa, había estado cerrada durante muchísimo años y perteneció a una escritora famosa, cuyo nombre no voy a revelar, a la cual le llegó la fama y reconocimiento, a una edad tardía.
Encontramos esta carta, entre los cientos de escritos que contenía el baúl que hallamos en el desván. Estaba en un sobre cerrado, donde ponía: “Hasta el último aliento. 1967”
Añadiré, como dato extra, que la famosa escritora murió en agosto de 1988 y que su marido, la acompañó, en ese desconocido viaje que todos tenemos que emprender, un mes después.

Algo así, me ha hecho seguir creyendo en el ser humano. Y me ha parecido que era una excelente idea compartirlo, en homenaje a la vida, a los sueños cumplidos y al amor.
  

10 comentarios:

  1. Que maco!, quina troballa,l'amor, l'amor,... quina delícia saber/poder conservar-lo tota la vida, i si a més a més és fructífer, llavors ja és el non plus ultra!!!
    petons
    victòria

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    1. Bé, l'important es que ho trobis maco :) Bon dia, botiguera!
      Muaks!

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  2. Jo Juji, me has hecho saltar las lágrimas; qué belleza de historia, de personajes y de carta.
    Gracias por compartirla, gracias por la emoción, gracias por la ternura.

    Un beso Juji.

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    1. Mi querida Elena... No, no me des las gracias a mi, soy yo quien tiene que dártelas a ti: Por tu sensibilidad, por tu emoción, por compartir tus pensamientos al leer una historia, en forma de comentario y por estar siempre ahí, con la mente abierta, con suma inteligencia y sobre todo, por dejarte llevar por este recorrido de fantasía...
      Un beso enorme.

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  3. En tus maravillosas historias siempre hay un misterio, pero en esta, queda la duda de la autoría de la carta. Si realmente pertenece a una escritora o es algo que tu imaginación ha creado para una tercera persona. Sea como fuere me parece una declaración de amor genial...Enhorabuena Juji ...me sorprendes cada vez más y mejor...
    bssoss.

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    1. Spaghetti querido... debería mantener el misterio de si la carta es real o no, pero, creo que por una vez, debería confesar, que todo aquello que escribo siempre es inventado. Absolutamente todo, siempre, es pura invención... aunque, muchas veces, use la vida real, retales de sueños, vivencias propias y ajenas, para juntar palabras que crean historias. Nada más. Solo sé hacer eso.
      Gracias por tus palabras.
      Besos infinitos para ti.

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  4. eres una ...jodia. Has hecho que mis ojos se pusieran acuosos. Es mentira que a los hombres o se nos pongan acuosos los ojos.

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    1. Espera, Javier, antes de unirte al grupo del pañuelo en mano y la emoción a flor de piel, dame una pequeñísima lágrima de esos ojos acuosos, que la guardaré en una urna de cristal...
      Un beso dulce, dulce para ti.

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  5. Es una carta y es una vida. En que breve espacio quedan reflejadas las vidas y personalidades de los protagonistas. Especialmente ese Manuel, al que imagino manos encallecidas y corazón puro.
    Ni más. Precioso.
    Besos, amiga.

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    1. Gracias, amigo. Tu comentario, lleno de sentimiento me enorgullece, por muchos factores, entre ellos, que tu también, tengas siempre los sentimientos a flor de piel. Es un placer conocer a gente tan maravillosa.
      Besitos.

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