sábado, 30 de junio de 2012

El monje leñador




El terror, en estado puro, le llegó esa mañana de ese cálido, romántico y perfecto otoño. Al correr el cerrojo de la puerta, de repente, no pudo aventurarse al exterior. Sus miembros se bloquearon, su respiración se entrecortó, un sudor frío apareció como un manto, impregnando su cuerpo y ropa y un destello dorado le nubló la vista.
No podía salir de casa. 
Miró a su impresionante moto con determinación, aparcada en el jardín y midió la poca distancia que tenía que recorrer para alcanzarla, pero se le hizo una empresa imposible.
Aterrorizado, volvió a entrar en casa y se sentó en el sofá. Lo único que se le ocurrió para calmarse, fue intentar poner agua para prepararse un té y llamar, primero a su secretaria para que anulase todas las citas de la mañana y seguidamente a Juan Carlos, buen psicólogo y amigo. 
El resultado de esta última llamada le creó un inmenso desasosiego. Por la respuesta de su amigo "voy a tu casa inmediatamente", supo que algo grave le estaba sucediendo... o le estaba a punto de suceder.
Cuando Juan Carlos llegó, le instó a probar de nuevo a salir de casa, pero el resultado fue el mismo, su diagnostico inicial, lo dejó completamente alelado: “agorafobia".

Pasó la mañana consultando por Internet, entre llamada y llamada a su oficina, de qué trataba esa enfermedad que tan taxativamente le había diagnosticado su amigo. Pero él no se veía a si mismo como a un enfermo y no tenía problemas psicológicos por resolver o traumas que desempolvar.

No quería volver a intentarlo, "mañana sería otro día", se dijo al fin. Hoy, deseaba tan solo pensar en lo que estaba sucediendo e intentar averiguar, que había desencadenado ese terror a salir de casa.
La respuesta llegó en forma de llamada telefónica, a las cinco de la tarde. Una terrible explosión de gas había hecho desplomarse a tres edificios de la manzana, entre ellos el de su oficina. Aliviado, constató que a parte de los destrozos materiales, no hubo más que algún herido leve y que los trabajadores de su oficina, ya estaban en casa a esa hora... todos estaban en casa... como él, pero sabía perfectamente que si hubiese ido a trabajar se habría quedado hasta tarde, como hacía cada día y ahora... ahora, ya no estaría entre los vivos.

Se dirigió hasta la puerta, la abrió y... salió sin problemas. Nada se lo impedía. Ni un terror, ni un sudor, ni un destello. Volvió a entrar y consternado y aturdido, se dirigió hasta su dormitorio y allí, frente a una foto, colgada encima de su mesita de noche, de un valle, verde y frondoso, hecha un año antes en su último viaje a Irlanda, dio las gracias.
A todo. A la vida, a la naturaleza, a su estirpe, a su suerte, a lo desconocido, a lo inexplicable… y a su tatuaje y al anciano.
Fue lo único que se le ocurrió, porque él no tenía ningún icono sacro al que adorar, ni creía en lo divino, y aun así y aún pareciendo absurdo, sintió que había acertado con su elección, porque una paz inmensa inundó todo su cuerpo y hasta el último rincón de su mente.

En ese ultimo viaje a Irlanda, algo sucedió, cuando aquel anciano sin dientes y medio borracho, le preguntó por su tatuaje, un árbol pequeño en su bíceps izquierdo y seguidamente, le relató la historia del leñador, que cada vez que intentaba talar uno, lloraba de pena y tuvo que abandonar su profesión, convirtiéndose en un famoso, sabio y santo monje de la zona. El anciano, le dijo a modo de conclusión, que alguien que llevaba un árbol tatuado como él, era alguien que amaba la vida y la naturaleza en igual medida y que unidas, cuidarían de él para siempre...

14 comentarios:

  1. Jujiii, jejeje, jujita, me suena ese amigo entrañable Juan Carlos ¿por qué será?

    Me tatuo una sirena en el talón para nadar como ellas y no temer a la fobia inmensa de la mar. No hay viaje que no nos reporte buenas vibraciones. El tuyo apalabrado me ha transportado a la celta Irlanda y su amor por los robles sagrados, esos tienen poderes y no reclaman preces, son naturales y bellos, como tus letras. Besitooooo sin manías y dame más cuentos, dameeeeee.

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    1. Jajajajaja Natàlia, es sí mismo, tu coment, ya es un poema a la vida. Yo quiero daros más y estar por vosotros más y participar en todo más, pero este tiempo tirano se me escapa entre los dedos...
      Besitossssssssssssss

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  2. Qué intriga al comienzo del relato. Y qué fácil resuelto el problema de tu protagonista.
    Siempre un placer leer tus letras.

    Un beso Juji.

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    1. Ya lo sabes, Elena: el placer añadido, es que guste a gente tan "xuli", simpática y salerosa, como tú.
      Un besico.
      PD: ¿Cómo llevas este verano caluroso? ponte a la sombrica y ten paciencia :)

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  3. Un símbolo denotando su amor por la vida y la Naturaleza y la predicción de un desconocido anciano. Ese amor a la vida y a la Naturaleza, al final, le devolverían con creces su devoción. Misteriosa fuerza esa que lo forzó a no poder salir de casa. A veces los presentimientos son fuerzas ocultas que trabajan en nuestro beneficio.
    Un abrazo.

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    1. Yo creo en esos presentimientos, Pepe. Seguro que más de uno, tenemos más de una anécdota al respecto... y si no la tenemos, "hay que inventarla" que este mundo necesita magia e imaginación a raudales.
      UN fuerte abrazo.

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  4. Por lo que dice Natalia, parece que algo sucedido a Juan Carlos -o quizás un tatuaje que lleva- te inspiró esta historia...uno nunca sabe desde dónde surgirán las musas. Casualmente las mías no han tenido últimamente mucho trabajo!
    je

    Un abrazo

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    1. Jajajajajaja, No sé Neo, si Juan Carlos lleva algún tatuaje, habrá que preguntárselo. Seguro que tus musas tan solo esperan el momento adecuado, así que no te preocupes :)
      Un abrazo.

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  5. Cada día me sorprendes más, en cuanto veo que has colgado algo entro en el relato y no quiero salir ¿será que tus letras producen agorafobia relatora? jajajja.
    saludosss!!!

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    1. ¡Ala! Gloria, jajajaja lo de la "agorafobia relatora" es súper divertido. Ojalá, todos la "sufrierais" con mis letras y nunca pudierais escapar de ellas ¡Oh, yeah! :)
      Besitos.

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  6. Jujinita mía, acabo de subir una entrada que no sale en ningún blog, malditos dioses del éter. Y me la curré Malta 2, por eso me permito señalártelo en tu casa que considero como la mía siendo, por suerte, distintas.
    Perdóname el abuso, besitos muchos.

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    1. ¿Abuso? De eso nada, como bien dices, aquí tienes tu casa para lo que necesites. Anda, haz lo que quieras en ella, hasta te dejo colgar "afotos de señores en bolicas" jajajajajaja. En serio, lo que necesites, Natalí :)
      MUAKSS

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  7. Fuerzas mágicas que solo un desdentado borrachuzo irlandés interpreta, (mi racionalista tocayo ni se entera) emanan de un tatuaje protector. ¿El amor a la vida protege la vida? Seguramente.
    Muchos, muchos, besos

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    1. Claro que sí, JC, el amor a la vida, protege la vida. Nunca mejor expresado :) Es como el pensamiento positivo: si te inundas de él, todo lo bueno vendrá a nosotros (espero que esta teoría sea así jijijiji)
      Muchos besazos, amigo.

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