lunes, 30 de julio de 2012

El teatro de la vida




Estuvo a punto de perderlo, con un súbita ráfaga de viento que se coló entre la calle, como un guiño más de la vida para hacérsela aún más difícil, aunque eso, a esas alturas, era ya imposible. Y perderlo estúpidamente, era una crueldad, aunque gastarlo, como acabaría haciéndolo, tampoco era una exquisita ni arriesgada manera de perderlo.

Ese único billete de cinco euros que le quedaba, era su gran y único tesoro y cuando volvió a aferrarlo con fuerza, su dilema se amplió: “¿no sería mejor gastarlo de una sola vez, como había leído en algún sitio, haciendo ver que al gastarlo uno tenía tanto dinero que no le importaba?”, ¿por qué no arriesgarse y en vez de comprarse pan para cuatro días y algo de agua, no lo gastaba en algo que pudiera darle más satisfacción durante más tiempo, como unas plantillas para sus desgastados zapatos?”.

Así fue pasando la mañana, hasta que su estómago empezó a protestar y sus dudas sobre su modo de invertir esos cinco euros fueron creciendo.
Desesperado, cansado, hambriento y triste, se sentó en un banco y empezó a llorar, cubriéndose la cara con las manos. 

Tras el banco donde se había sentado, había un imponente muro, donde con gran acierto en colores y dibujos, se anunciaba, la nueva puesta en escena, en un gran teatro de la ciudad de “Los miserables”…  Repentinamente, alguien notó la excelente publicidad, que de la obra se hacía, con actor incluido, formando un todo, animado y real y empezó a aplaudir ante tamaña y original idea. Los demás transeúntes se sumaron a los aplausos y a los vítores y emperezaron a arrojarles monedas, billetes y hasta flores recogidas de los jardines que por allí había.

Cuando levantó la vista, ajeno a que todo ese alboroto fuera fruto de su tristeza, contempló consternado, como el suelo relucía de monedas, billetes, flores y algún que otro objeto no identificado y ante el silencio de su publico ante su final de función tan sólo supo secar sus lágrimas, dar las gracias temblando, recoger todo lo que le había sido ofrecido y con una inclinación se fue con, de nuevo, aplausos efusivos a sus espaldas y oyendo algún que otro: “que buen actor”, “parecía que lloraba y que pasara hambre de verdad”, “que realismos hasta en su atuendo”…

Lo entendió todo, cuando se dio la vuelta para comprobar que no había sido todo un sueño y divisó el gran cartel publicitario.

Hoy, había descubierto algo tremendamente absurdo: la vida, es puro teatro.



lunes, 16 de julio de 2012

Llegará ese día...




Aún no, pero llegará. Llegará ese día.
Ahora se burlan de mí, por mis gafas, por mi estatura, por mi pelo y mi aparato dental. Y yo, asumo y callo. Y no me importa. Porque ese día llegará y cuando llegue, y ellos, como todos los demás, se desvivan por estar cerca de mí, por conocerme o por tener una foto firmada de la súper modelo en la que me convertiré... ese día recordaré el daño que me hicieron y me reiré en sus caras, de su patética devoción por mí.



Bueno… a veces, los sueños se cumplen, pero no como esperamos… Lo importante, es asumirlo con dignidad.

lunes, 9 de julio de 2012

¿Suavidad? No. Quiero más.




No quiero escribir con suavidad, quiero hacerlo con rudeza, quiero escribir con descaro, con agresividad, con destreza… pero sólo me salen letras mansas, iterativas y edulcoradas.
Quiero escribir de odios y de venganzas, de lunas llenas y sus secuelas, de la leche que mamó alguien, de su asco y de su puta y vacía vida… pero sólo me salen letras, divertidas, aguadas y embalsamadas.
Quiero escribir de la nada, de la muerte, de la desesperanza… pero sólo me salen letras de logros, metas, dulces sueños y absurdas nanas.
Quiero romper con todo, dar rienda suelta a otras palabras, crear espacios de terror, de oscuridad y de matanza… pero sólo escribo cavilando, con palabras de amor, superación y mezcolanza.
Quiero ser una “escritora maldita” y sorprender y tocar el alma… pero sigo sin saber cómo, que letras debo utilizar y cómo lograr esa hazaña.
Así que hoy, mejor que no escriba nada… a ver si cambio de registro y encuentro cuervos, esqueletos, desolación y espadas… porque no hay nada más absurdo, que las letras con sabor a nada…


¿A qué sabrán las letras, de un destino sellado?


Destino sellado

Lo vio por primera vez a la edad de doce años. Estaba en la trastienda del pequeño negocio de sus padres, como cada tarde, haciendo sus deberes escolares, cuando al finalizar, salió a ver como le iba a sus progenitores, en ventas y en clientes.
Y entre la clientela lo notó.
Era un niño, de un año más o menos, en brazos de su padre. Perfecto, bellísimo, blanco como una nube de algodón, con ojos azules grandes y cristalinos. Lo único fuera de lugar ante tanta perfección, era una marca de nacimiento, en el dorso de su mano derecha, con forma de calavera.

No pudo apartar la vista de este pequeño ser, que la observaba con una calma extraña para su edad… y de repente sintió una desazón, un dolor en el corazón y unas ganas de gritar, que la desbordaron. Y sintiendo un asco y terror incomprensibles hacia ese ser tan diminuto y bello, apartó como pudo la mirada y se fue corriendo a la trastienda. Y allí al cobijo de miradas ajenas y familiares, rompió en un silencioso llanto, desconsolado y desgarrador.

Guardó este incomprensible y bizarro secreto, en un rincón de su memoria y nunca más volvió a pensar en ello.

Hasta que cumplió veintidós años.

En la gran fiesta sorpresa, además de familiares, compañeros de universidad y amigos, se encontraban, algún que otro desconocido invitado por alguno de los organizadores de la fiesta. Entre esos desconocidos, le sorprendió ver de pasada, a un niño de unos diez o doce años. 
Cuando entre risas, felicitaciones y demás frases de agradecimiento mutuo, llegó sin percatarse a estar a pocos metros del niño desconocido, supo por su bello, pálido y perfecto rostro, por su mirada y sobre todo, por su marca de nacimiento en el dorso de su mano, que era el niño que años atrás la había aterrorizado incompresiblemente.

Y de nuevo, esa mirada, clara, serena y esa sensación aterradora que empezó a paralizarla y a inundarla de desesperación.
Disimulando como pudo se alejó de allí y de sus invitados, encerrándose en su habitación para poder controlar el llanto, que de nuevo, como hacía casi una década, la desbordó y colapsó, por lo inexplicable de esta absurda, aterradora y extraña desazón.

Hoy, al haber podido salir un poco antes de trabajar, vuelve a casa paseando. Es un invierno crudo, pero el frío no aminora su paso, ni su placer, al contemplar una tarde tan perfecta.

A sus treinta y dos años, se siente una mujer realizada y feliz. No vive con su pareja, por decisión mutua, pero mantienen una relación inquebrantable y serena, que les aporta estabilidad.
Esta noche, de hecho no pueden verse, porque él está de viaje, así que cuando llegue a casa piensa prepararse un buen baño y después una opípara cena a base de spaghetti alla carbonara, con mucho parmigiano y golosamente deleitarse, como cuando era niña, como regalo a sí misma y a su día perfecto.

Cuando está a unos pocos metros de su casa, se para a contemplarla, porque es tan bonita… sabe que hizo bien en comprarla hace menos de un año, de hecho firmó el contrato el mismo día de su cumpleaños. Además, el barrio residencial es de lo más selecto y tranquilo. De repente, las ganas de estar en ella, su baño inminente y el hambre, la acucian a acelerar el ritmo para llegar, lo antes posible, tras esos muros protectores y acogedores. 

Cuando está abriendo la verja del jardín, siente como sus piernas se detienen, el corazón empieza a latir aceleradamente y esa sensación, casi olvidada, pero reconocible, vivida en dos extrañas ocasiones, se inmerge en sus venas y la inunda de terror. Y en el preciso instante en el que el llanto está por aparecer, una calavera, una mancha perfecta en forma de calavera, pasa por delante de sus ojos antes de ir a posarse en su cuello.

En el instante en que el aire empieza a faltarle y el terror más desquiciado surge de sus entrañas, ante su consciente, inminente, absurda y violenta muerte, comprende porqué cuando lo vio en esas dos ocasiones, sintió tanto dolor, tanto asco y tanta desesperación…


jueves, 5 de julio de 2012

Fantasías secretas- Jueves literario




No puedo evitarlo. Siempre me pierdo en un mundo de seda y algodón y de tierra y saliva, cuando los veo. Me excito tan sólo de imaginarlos, en poses eróticas, poses salvajes, aunque siempre ocultando al mundo su pasión desenfrenada. Están hechos tal para cual, transpiran deseo y desbordan mi imaginación, cuando los minutos para descansar, los empleo para imaginarlos unidos como animales en celo.
Creo que un día de estos, les confesaré mis fantasías sobre ellos, a ver si las llevan por fin a cabo y se dejan de tanta hipocresía.
El jefe y su adjunto. Que buena pareja.
Lástima que sigan disimulando… 


Más fantasías secretas en la magnífica casa de San