lunes, 9 de julio de 2012

¿Suavidad? No. Quiero más.




No quiero escribir con suavidad, quiero hacerlo con rudeza, quiero escribir con descaro, con agresividad, con destreza… pero sólo me salen letras mansas, iterativas y edulcoradas.
Quiero escribir de odios y de venganzas, de lunas llenas y sus secuelas, de la leche que mamó alguien, de su asco y de su puta y vacía vida… pero sólo me salen letras, divertidas, aguadas y embalsamadas.
Quiero escribir de la nada, de la muerte, de la desesperanza… pero sólo me salen letras de logros, metas, dulces sueños y absurdas nanas.
Quiero romper con todo, dar rienda suelta a otras palabras, crear espacios de terror, de oscuridad y de matanza… pero sólo escribo cavilando, con palabras de amor, superación y mezcolanza.
Quiero ser una “escritora maldita” y sorprender y tocar el alma… pero sigo sin saber cómo, que letras debo utilizar y cómo lograr esa hazaña.
Así que hoy, mejor que no escriba nada… a ver si cambio de registro y encuentro cuervos, esqueletos, desolación y espadas… porque no hay nada más absurdo, que las letras con sabor a nada…


¿A qué sabrán las letras, de un destino sellado?


Destino sellado

Lo vio por primera vez a la edad de doce años. Estaba en la trastienda del pequeño negocio de sus padres, como cada tarde, haciendo sus deberes escolares, cuando al finalizar, salió a ver como le iba a sus progenitores, en ventas y en clientes.
Y entre la clientela lo notó.
Era un niño, de un año más o menos, en brazos de su padre. Perfecto, bellísimo, blanco como una nube de algodón, con ojos azules grandes y cristalinos. Lo único fuera de lugar ante tanta perfección, era una marca de nacimiento, en el dorso de su mano derecha, con forma de calavera.

No pudo apartar la vista de este pequeño ser, que la observaba con una calma extraña para su edad… y de repente sintió una desazón, un dolor en el corazón y unas ganas de gritar, que la desbordaron. Y sintiendo un asco y terror incomprensibles hacia ese ser tan diminuto y bello, apartó como pudo la mirada y se fue corriendo a la trastienda. Y allí al cobijo de miradas ajenas y familiares, rompió en un silencioso llanto, desconsolado y desgarrador.

Guardó este incomprensible y bizarro secreto, en un rincón de su memoria y nunca más volvió a pensar en ello.

Hasta que cumplió veintidós años.

En la gran fiesta sorpresa, además de familiares, compañeros de universidad y amigos, se encontraban, algún que otro desconocido invitado por alguno de los organizadores de la fiesta. Entre esos desconocidos, le sorprendió ver de pasada, a un niño de unos diez o doce años. 
Cuando entre risas, felicitaciones y demás frases de agradecimiento mutuo, llegó sin percatarse a estar a pocos metros del niño desconocido, supo por su bello, pálido y perfecto rostro, por su mirada y sobre todo, por su marca de nacimiento en el dorso de su mano, que era el niño que años atrás la había aterrorizado incompresiblemente.

Y de nuevo, esa mirada, clara, serena y esa sensación aterradora que empezó a paralizarla y a inundarla de desesperación.
Disimulando como pudo se alejó de allí y de sus invitados, encerrándose en su habitación para poder controlar el llanto, que de nuevo, como hacía casi una década, la desbordó y colapsó, por lo inexplicable de esta absurda, aterradora y extraña desazón.

Hoy, al haber podido salir un poco antes de trabajar, vuelve a casa paseando. Es un invierno crudo, pero el frío no aminora su paso, ni su placer, al contemplar una tarde tan perfecta.

A sus treinta y dos años, se siente una mujer realizada y feliz. No vive con su pareja, por decisión mutua, pero mantienen una relación inquebrantable y serena, que les aporta estabilidad.
Esta noche, de hecho no pueden verse, porque él está de viaje, así que cuando llegue a casa piensa prepararse un buen baño y después una opípara cena a base de spaghetti alla carbonara, con mucho parmigiano y golosamente deleitarse, como cuando era niña, como regalo a sí misma y a su día perfecto.

Cuando está a unos pocos metros de su casa, se para a contemplarla, porque es tan bonita… sabe que hizo bien en comprarla hace menos de un año, de hecho firmó el contrato el mismo día de su cumpleaños. Además, el barrio residencial es de lo más selecto y tranquilo. De repente, las ganas de estar en ella, su baño inminente y el hambre, la acucian a acelerar el ritmo para llegar, lo antes posible, tras esos muros protectores y acogedores. 

Cuando está abriendo la verja del jardín, siente como sus piernas se detienen, el corazón empieza a latir aceleradamente y esa sensación, casi olvidada, pero reconocible, vivida en dos extrañas ocasiones, se inmerge en sus venas y la inunda de terror. Y en el preciso instante en el que el llanto está por aparecer, una calavera, una mancha perfecta en forma de calavera, pasa por delante de sus ojos antes de ir a posarse en su cuello.

En el instante en que el aire empieza a faltarle y el terror más desquiciado surge de sus entrañas, ante su consciente, inminente, absurda y violenta muerte, comprende porqué cuando lo vio en esas dos ocasiones, sintió tanto dolor, tanto asco y tanta desesperación…


20 comentarios:

  1. Lo que haces y cómo lo haces está muy bien ... un escritor no llega a serlo hasta que las letras fluyen más rápidas que el pensamiento.
    Un besazo Juji...y muchas gracias por estar ahí.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Spaghetti (y bienvenido de nuevo). Tal vez tengas razón en lo que dices, a veces, ni te das cuenta, de que lo que querías escribir, no es lo que has escrito...
      Un besazo a ti, de corazón, Spaghetti, por haber estado desde el principio en esta casa y seguir en ella.
      Muaks.

      Eliminar
  2. Tus palabras no necesitan paños negros, ¿son suves dulces? ¿es que de eso no hace falta?
    De ese destello sellado...he sentido un escalofrío. Perfecto Juji.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hace falta de todo, San, de todo... pero también me gusta saber que has sentido un escalofrío :)
      Gracias, San.
      Un besazo enorme.

      Eliminar
  3. Sin palabras Juji, ni bellas ni macabras, tu relato me deja sin palabras.
    Eres tremenda escribiendo este tipo de relato, ya te dije varias veces que lo tuyo es escribir guiones de cine.
    Muy bueno de verdad.
    Besos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Mi queridísima Elena, como inundas siempre de bellas, sinceras, sorprendentes y divertidas palabras este blog, con tus comentarios, que más que comentarios son gotas de lluvia cristalina en un día de agosto... ¡Juro por los dioses que si un día hacen una peli de un escrito mío, diré en la prensa: "¡quien creía en mí como guionista era mi amiga Elena, así que es ella la que tiene el mérito!" jijijijijiji
      Un besazo y ponte a lo sombra, que el calor es "mu puñetero" :)

      Eliminar
  4. O siiiiiiiiiii, almibaradas, dulzonas, empalagosas palabras las tuyas, Juji, si te descuidas.
    En este cuento corto convocas al bello ángel de la muerte, de una forma sutil porque no hacen falta aullidos, telarañas, bosques siniestros, ogros...para escribir terror del bueno, del inquietante, equívoco, sorprendente. En lo más hermoso, en lo inesperado está la esencia de los mejores cuentos de terror como el tuyo, siempre he imaginado al "mal" bellísimo, de entrada inofensivo o atrayente.
    Besitoooo (sigo llamándote jujita)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sí, sí, Natalí, tienes todo el permiso del mundo para llamarme Jujita, mientras escribas esas cosas tan bonitas. Te lo has ganado con creces :)
      Un besazoooo

      Eliminar
  5. Hoal Juji:
    En varias ocasiones he tenido la ocasión de escribir sobre la muerte y siempre me he dirigido a ella como una mujer elegante, tierna y amable a pesar del cometido al que su existencia la somete. Tú la ves con la límpida mirada de una atractiva aparición que sin embargo produce un pavor incontrolado. Como dice Nátali, no es necesaria una literatura atroz y catastrófica para que nos erize la piel su presencia en nuestras vidas. Has conseguido con creces este propósito.
    Un fuerte abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sí, Pepe, recuerdo tu historia de ascensor, donde la muerte era una dama perfumada, "tierna" y vestida de negro... tenéis tazón en que a veces, no se necesitan palabras atroces para describir el terror.
      Un fuerte abrazo.

      Eliminar
  6. ¡Por favor, que agonía! has llevado la intriga de la calavera hasta el ultimo suspiro de la protagonista y del relato y eso que no te salen palabras duras.
    En el último curso de escritura creativa que hice tenía una compañera en los que todos sus relatos eran dulces y mansos y la profesora siempre le pedía que se "ensuciara" más y su respuesta era que tenía una profesión (abogada penal) donde veía tanta mierda que necesitaba escribir cosas bonitas para tener un equilibrio.
    Saludos y felicidades por este relato donde retratas parte de lo malo que nos puede acarrear el destino.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Es perfecto, Gloria. Sentir que aún con palabras suaves se logra la agonía. Aún así, entiendo a tu compañera, a veces, hasta para escribir, necesitas encontrar tu equilibrio y no "ensuciarte" para llegar a decir lo que deseas expresar.
      Un fuerte abrazo, compi.

      Eliminar
  7. Vaya, tú sí que sabes despertar palabras de todo tipo... tienes un caudal de dulzuras inmenso y has despertado las del espanto para ponerlas en acción en este magnífico relato! Dio miedito, ese presentir de la protagonista "algo aterrador" en ese personaje ni bien se enfrentó desde la primera vez. A veces es el destino, el que nos va dejando señales en el camino, el tema está en entenderles el sentido.
    Un beso al vuelo:
    Gaby*

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Gaby*. Que bello comentario :)Me gusta pensar en eso: que aún con palabras dulces, se logra un efecto.
      Un besazo enorme.

      Eliminar
  8. la predeterminación o el recuerdo del futuro no tiene nada que ver con el déjà vu , tener la percepción de lo irreparable no es un privilegio

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Tienes razón, Javier. No es un privilegio, saber cuando va a llegar tu hora y mucho menos, saberlo con antelación.
      Un abrazo, nuevo juevero :)

      Eliminar
  9. Sabrán a impotencia y amargura, a felicidad intermitente como mucho, a soledad posiblemente...No sé, ando espesa esta noche.

    En la ventana encontrarás canela, azúcar y una onza de chocolate para esas letras con sabor a nada...pero no te lleves la cestita, que es recuerdo de familia.

    Un beso, juevera.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Para estar espesa, te has "salido" de lo bien expresado. Voy a tu ventana a por mi cesta, bueno, a lo que hay en ella, que la cesta te pertenece :)
      Un besazo.

      Eliminar
  10. L'humor,el terror, l'amor,...escriguis del què escriguis te'n surts tan bé! Felicitats admirable fabricadora de relats sempre interessants, sorprenents, creatius,... un plaer llegir-te, com sempre.
    dolços petons
    pd: saps que a Mèxic hi ha tota classe de dolços i llaminadures en forma de calavera?
    Victòria

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Quina ilu, Victòria!! Veure't de nou per aqui i sempre amb aquestes paraules tan meravelloses que em dediques... Sí, també a Sicilia, els fan pel dia 1 de novembre :)
      El plaer es meu de tenir-te aqui (i allà) :)
      Un petonàs.

      Eliminar