viernes, 28 de septiembre de 2012

Mirada retrospectiva-Jueves literario





Lo que recuerdo, son sus recuerdos de los recuerdos. Nos poníamos bajo la sombra del árbol del jardín y allí, recordábamos juntas. Y yo siempre me sorprendía con sus historias y ella se sorprendía con mis preguntas.  

Me contaba de su cortijo, de sus cuadras, de sus caballos. Me contaba de sus bailes juveniles, con pañuelo en mano para evitar el contacto, y de como amasaban el pan. Me contaba de su maestro particular y de sus amorosos padres y el trágico final. Me contaba de como pasó de ser rica y señorita, a ser sirvienta en otra ciudad. Recordaba entre lágrimas, como tuvo que sufrir las humillaciones y aceptarlas sin rechistar. Me explicaba bajo el manto de sus recuerdos, como una gitana le leyó la mano y le dijo que había nacido rica y rica moriría.

Doy fe de ello: la gitana acertó. Murió rica. Rica en propiedades y monedas… pero mucho más rica en un amor, que jamás desaparecerá.


sábado, 22 de septiembre de 2012

Un mero apuntador






Acabo de salir de la consulta. Malos tiempos se avecinan, nena. Opto por no adelantarte la información, es lo correcto. Aunque voy a tener que ir preparándote el terreno.
He recordado aquella película de Isabel Coixet, cuyo título ya me hizo temblar de puro aburrimiento, cuando me la propusiste para ver aquella noche de sábado, porque un título como “mi vida sin mi”, nada bueno presagiaba. Recuerdo más o menos lo esencial, es decir, cuando la protagonista, guiada por un impulso vital y ante su inminente muerte, confecciona una lista de “cosas por hacer antes de morir”… curioso que ahora, esa película, que tu adoraste y yo detesté, sea de gran inspiración para mi idea.

Así que he decidido escribirte una carta. Una carta para cuando te fallen las fuerzas y yo ya no tenga más que ofrecerte, que una mirada perdida.


Mi queridísima y adorada esposa:

Te escribo, porque es la única solución. Tal vez la más cobarde, pero las palabras no saldrían de mí, con tanta fluidez, si tuviera que explicártelo mirando esos ojos verdes que me fascinan, empañados en lágrimas tras mi confesión.
Mi enfermedad degenerativa hará que te olvide. Así de simple y así de cruel. Sin concesiones y sin escapatoria.
Se me desgarra el corazón, imaginando ya tu dolor y no puedo controlar el llanto, aunque estas lágrimas no son nada, comparadas con las que tú derramarás, necesito controlarlas para poder seguir viendo la pantalla y dejar esta carta preparada de una vez.
Voy a perderte. Pero te ruego que tú no desfallezcas, cuando, aun estando a tu lado, yo ya no esté.
Te ruego, mi amor, que me mires siempre como ahora, con esa luz infinita y a la vez diminuta de desprenden tus pupilas cada vez que me contemplas.
Te ruego, vida mía, que tras mi deterioro, sigas viendo mi eterna sonrisa y mi cálida inocencia.
Te ruego que nunca olvides, cuanto te amé, cuanto te amo y cuanto seguiré amándote aunque no pueda volver a recordarlo. Que nunca olvides… por los dos.
Te ruego que escribas nuestra historia, día a día, sin remiendos, sin tristeza, recordándola por mí.
Te ruego que recuerdes quien era, antes de convertirme en una sombra de lo que fui y cuando ya no sea ni eso… que nunca le pongas un final triste. Hazlo por mí.
Lo he dejado todo dispuesto. No te preocupes mi dulce esposa. Acepta mi decisión. “Ellos” saben que tienen que hacer en cuanto vean, que has venido a visitarme y yo no te he mirado como mereces, mi amor.


Nota de Juji:

Es curioso. Nunca se sabe que te depara la escritura hasta que te pones delante de tu ordenador… Increíble, como aquello que escribes, se va transformando, llegando incluso a cambiar tu estado de ánimo. He tenido que dejar de escribir esta “carta” porque la tristeza que me embargaba era superior a mis fuerzas. ¿Por qué escribirla entonces? No tengo respuesta… ha empezado así mi entrada y ha seguido sola… como si yo no dominara los elementos… ni a los protagonistas, ni el final ni su continuación...  Nunca le he encontrado sentido a esto de “crear”, si cuando esa misma creación “va por libre” y tú pasas a ser un mero apuntador. Hasta aturde un poco firmarlo como si tu fueras el autor… porque son las letras las que te llevan donde quieren y no tú, ni tu inspiración…. 

lunes, 17 de septiembre de 2012

Amistad irreal





Ahora, hemos pasado a engrosar la estadística de amistades mediocres e insulsas que pululan por este jardín. Y todo porque tú eres un gnomo estático y altanero y yo, un pequeño y absurdo camaleón, que ha dejado de mimetizarse cuando se posa en tu gorro, rojo y tonto como tú, porque tú también – ¡no lo niegues!- has dejado de reírte como antes, cuando intentaba cambiar de color.

¿O es que antes tampoco sonreías y todo es fruto de mi imaginación?, ¿o es que tan sólo sabíamos divertirnos cuando se cantaba y se bebía en este jardín? Porque por mucho que me insistan en que eres un ser callado, estancado y aburrido, yo sé muy bien como eras, antes de que en este jardín desapareciera el alcohol.

Si sigues así, te juro que me uno a las hormigas o al gato, o a cualquier otro que me sepa dar más que tú, o al menos, que me dé conversación.

Ya no sé ni lo que me digo, necesito una copa, ¡maldita desintoxicación impuesta!

Si al menos, estos nuevos inquilinos, tan serios y estirados, dejaran una botella de algo fuerte tirada por el jardín y se dejaran de tanto reciclaje, tal vez lograra volver a verte sonreír… y yo, a mimetizarme con divertida exageración, en tu gorro tonto y rojo, olvidándome de esta, siempre repetitiva y absurda, situación...

jueves, 13 de septiembre de 2012

La ley del Talión- Jueves literario





“Ven… te estoy esperando…”

Ante un plato de pasta, elaborada y creada en exclusiva para él, Mario, volvió a oír esa voz que hacía tiempo y en el momento más inoportuno, alteraba desmesuradamente su calma.

Me estaré volviendo loco, o tal vez de tanto comer manjares elaborados en exceso, alguna sustancia se haya transformado en nociva y haya hecho explotar alguna neurona de mi cerebro…

Recordaba que la primera vez que la oyó, fue en Londres, hacía seis meses. Cuando salía del restaurante apenas inaugurado, donde probó un menú a base de diferentes tipos de arroz, aderezados con setas. Empezaba a sospechar que éstas últimas estaban siendo las causantes de sus desvaríos mentales. Gracias a dios, que hizo que cerraran el restaurante por su crítica.

Desde ese día, la voz lo sorprendía constantemente, en los momentos más inoportunos y estaba realmente preocupado. Nunca había tenido problemas mentales, pero tal vez iba siendo hora de hacer una visita a un buen psiquiatra.

Mientras reflexionaba sobre la frase incomprensible y su incipiente problema mental y seguía deleitándose con el plato de pasta especial, se obligó a concentrarse para que más tarde pudiera emitir su veredicto como crítico culinario, profesión a la que se dedicaba con sumo placer… Mario repasaba su vida y sabía que había sido tremendamente afortunado.

Pero esa voz… esa voz, me está matando…

Y así fue. La Muerte, fue a buscarle al salir del restaurante italiano.

Hacía seis meses, que lo estaba esperando.


Mientras el chef inglés, emitía una especie de aullido eufórico repitiendo, una y otra vez en su idioma, eso de quien a hierro mata a hierro muere... Le clavó cuatro tenedores en el corazón.



                                                                       Más venganza en casa de Teresa

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Promesas







-Y aquí, viviremos felices para siempre…
-¿Lo prometes?
-Lo prometo.
-¿Qué será esa bola de fuego que desciende del cielo?
-Nada de lo que tengas que preocuparte. Te lo prometo.


sábado, 8 de septiembre de 2012

Sinsentidos





Hace tiempo que no te escribo, que no te digo qué pienso –aunque últimamente pienso  demasiado para poder expresarlo todo- y que no te expreso nada con más allá de un silencio elocuente…

No me disculpo. No vale la pena y tampoco tengo porqué hacerlo.

Simplemente, han sucedido muchas cosas  y todas ellas, han ido ocupando un lugar en mi vida, que no merecían, dejándome sin fuerzas, para analizarlo todo como a mí me gusta –con algo de insensatez y esperanza, rebozado con toques oníricos incongruentes-.

He perdido el sabor a caramelo por el camino y si no vuelvo a recobrarlo, moriré de pura realidad. Miraré los escaparates vacíos y me sentiré como esos rótulos luminosos a los que les falta una letra.

Cuando intentas ser alguien que no eres, tu mente te grita que huyas, pero las taquillas de las estaciones a las que voy, nunca tienen un billete para mí y para mi huida.

Mi desayuno con tostadas rebosantes de mermelada y margarina y el humeante café, me ha recordado que la vida es absurdamente cruel, pero que algo cálido que entra en el estómago, te hace sentir mejor… mejor de lo que recordabas hacía tiempo.
Seguir soñando con ese bosque de la niñez, donde en pleno otoño recogías nueces y hacías castillos en el aire, también ayuda.

Las apuestas a esos caballos que siempre se desbocan y acaban sacrificados, son parte del juego. De este maldito juego. Las rejas de esta prisión dorada, a la que llaman vida (¿vida?) a veces me aturde. Me aturde demasiado, como para entender algo. Será mi estupidez o mi completa ignorancia o incultura -a saber-.

Desciendo por caminos –porque todos son en bajada- llenos de piedras afiladas e hirientes y me doy cuenta de que no llevo el calzado adecuado y tal vez, ni tan siquiera el número adecuado de zapato para mis sensibles pies. Y esbozo una sonrisa amarga cuando sangran. No tengo remedio.

Valoro y estudio la conexión entre un punto y otro, y nunca encuentro el término medio.           
Y sé que existe –creo- aunque ya no sé qué creer. Y el martilleo incesante de los ladridos del perro del vecino, me desconcentra, así que tampoco me ayuda, en esa valoración y estudio.

Sinsentidos.

Escribir. Nada me gusta tanto como entornar las lamas de mis persianas para que se cuelen los rayos del sol, dando esa penumbra que me fascina… y escribir. Y tú. Nada me gusta tanto –nada, ni tanto-, como tú.

Me aferro a ello, para poder seguir sonriendo. Me aferro a mi risa, para poder seguir creyendo. Me aferro a mis creencias, para poder seguir viviendo. Me aferro a la vida, para poder seguir amando.
Me aferro a lo que no duela, para poder seguir escribiendo. Sinsentidos. Pero escribiendo.

Y ahora, tengo que dejarte… por fin ha sonado la sirena. Nos sacan del patio, de este asqueroso patio, donde la nieve y el frio se cuelan en mis entrañas. Donde me obligan a estar, mientras entran en mi celda, -en mi mente- y revisan mis escritos, se empapan de ellos y después los queman… y todo, metafóricamente hablando. Metafóricamente escrito.

Porque, ¿qué quieres que te diga, lector de mis historias, de mis líneas de la mano y de mis frases escondidas? A veces, escribir sinsentidos, libera el alma.

Como esta mariposa que se acaba de posar en la baranda de mi terraza y ahora, alza el vuelo, recordándome que hoy es sábado, soy feliz y mi mañana…es hoy.