jueves, 8 de noviembre de 2012

El portador de las llaves






.-"Soy el portador de la llaves. Y con orgullo relataré esta historia acaecida años ha, para que tú que me escuchas, recuerdes. El portador de las llaves sabe siempre a quien tiene que narrar lo que sabe y que llave para abrir tu corazón debe emplear".


El día había sido realmente duro. Más despidos en mi empresa y más rostros desesperados, de amigos y colegas, a los que no sabes que decir, cuando tú sigues ocupando tu silla. Así que cuando llegué a casa esa noche, no me apeteció estar solo y decidí, darme una ducha, ponerme ropa más cómoda e ir a comer algo a "Alfredos & Mery".
En "Alfredos...", siempre me sentía a gusto. Hacía años que frecuentaba este pequeño restaurante y nunca me había fallado. No sé si por su decoración, por el trato pacato y amable de los dueños, por sus deliciosas chuletas, o porque siempre que iba, mi rincón, con su mesa y sus dos sillas, separado por una estilizada viga de madera y unas bellísimas plantas, estaba vacío como si me esperara, como si fuera mío. Mi rincón, era pequeño y acogedor y aunque cueste creerse, muchas veces me sentía más a gusto ahí que en mi propia casa.

Estaba en medio de mi chuleta, cuando oí a alguien, con voz ronca y cadencia melodiosa, decir:

-"Soy el portador de la llaves. Y con orgullo relataré esta historia acaecida años ha, para que tú que me escuchas, recuerdes. El portador de las llaves sabe siempre a quien tiene que narrar lo que sabe y que llave para abrir tu corazón debe emplear".

Me gustó tanto que sonreí, pensando, que tal vez, esa noche, les había tocado el borrachín de turno. Pero seguí con mi chuleta, tranquilamente, porque sabia, que los dueños, saldrían a bien de cualquier situación embarazosa, con su educación y buenas maneras.
Volví a oírla, cuando mi chuleta acababa de desaparecer del plato, así que no pude reprimirme más y me levanté con disimulo para poder ver a través de mi acogedor escondite.

Era un anciano, exquisitamente vestido y con aires aristocráticos, así que mi imagen de borrachín parlante y molesto, se evaporó en un segundo y con un impulso irrefrenable, me presenté y le pedí permiso para sentarme en su mesa, preguntándole en un educado arrebato, del porqué de su repetitiva frase.
Él, sonriendo me dijo: -“una historia de amor, jamás debería ser olvidada, ¿no cree? Yo soy el portador de las llaves, de las llaves de los corazones que por alguna razón no pudieron abrirse en su momento. Ese es mi cometido y esta, señor mío, es una historia que por alguna razón, en cuanto lo he visto entrar por la puerta, he sabido que debía contarle. ¡Oh! Se lo ruego, abra su mente antes de juzgarme o de juzgar aquello que voy a relatarle y si le parece bien, hagamos que nuestros amables hosteleros nos sirvan un café, antes de empezar...

Hoy es el día. Hoy por fin podrá decirle lo que piensa de ella y si aún, por pudor o decencia en su rol asumido y asimilado durante muchos años, no encontrara la forma de decir realmente todo, al menos, sabe que las fuerzas no le fallarán para decir, al fin y al cabo, lo único que importa: “me voy”.
Lleva seis duros años de su penosa vida, sintiéndose un mueble, un perro o un aliento. Años en los que cada noche, antes de cerrar la puerta de su habitación y de meterse en esa cama que tanto detesta, impreca y solloza ante su frialdad.
Ella, Duquesa y de gran estirpe, es el hielo, la displicencia absoluta, y así lo ha tratado desde el día en que entró en esa casa a servir, con total y absoluta indiferencia… como si fuera un mueble, un perro o un aliento.
Ha sufrido su mirada vacía y su esquivo porte, durante tanto tiempo, que, como ser humano, no puede tolerarlo más.


Hoy es el día. Hoy por fin, podrá decirle lo que piensa de él. Lleva seis largos años ignorándolo, tratándolo fríamente y con desdén, para que su progenitor, nunca pudiera percibir en ella el sentimiento de camaradería humana, la congoja de verse servida y nunca servir, la vergüenza de tener que demostrarse distinta ante los demás, ante él, la pena de tener que alternar su interior rico y bello, con su exterior hipócrita y altanero. Ahora, padre, se ha ido, porque su edad y su enfermedad han ayudado a ello y en su perecedera y eterna ausencia, ella por fin, podrá ser ella misma y tratar a sus iguales, como debe.

-¿Señora Duquesa, tiene un momento?
-Sí, claro, Matías, adelante, dígame.
Él desconcierto de él es mayúsculo, ante la musicalidad de su nombre pronunciado por primera vez por ella, aún así, aferrándose a su dolor y desdén sufrido durante años saca fuerzas para decir:
 -Me marcho.

Ella lo mira intentando ocultar su desconcierto, pero entiende que ya, es demasiado tarde para dar marcha atrás, no ahora, no con él y tal vez, jamás pueda, con nadie más… No, ahora no puede pensar, debe contestar como ella sabe, como la han obligado desde pequeña, como ha tenido siempre que hacer en presencia de sus padres y contesta:
-Muy bien, espero que deje su habitación hoy mismo.

Él se ha ido, por fin, con sus sueños bajo el brazo, pensando que se ha liberado de la peor y más fría mujer del reino.

Ella, se ha quedado muda durante el resto del día. Sabe porqué se ha ido y mientras cae una lágrima por su mejilla, decide que no está preparada para ser ella misma y que tal vez, de tanto ser lo que deseaban que fuera, ya no tiene fuerzas para cambiar las cosas.


Nunca me había sentido tan triste y tan extraño. De repente "me vi", en esa época, con esos sentimientos, con el corazón roto, no sé cómo pero, "sabia" que era yo el pobre infeliz que había abandonado a la duquesa. Sentí un escalofrío y a la vez un sudor frío y fui incapaz de articular palabra, mientras mi compañero no cesaba de sonreír amplia y satisfechamente.
Reconozco que verlo a él turbado, mirando hacia la puerta del restaurante cuando ésta se abrió, me regaló una ligera aunque efímera satisfacción, pero pudo más la intriga del porqué su rostro había cambiado tan súbitamente y me giré hacia donde estaba posada su mirada.
Era ella. "Mi duquesa". Era la mujer a la que abandoné por su frialdad.

Imagino que por la edad, por su temple, por la sabiduría o tal vez por la locura que este ser albergaba, fue el primero en reaccionar y lo hizo, diciéndome: “Matías, jamás me había pasado que en una misma noche pudiera abrir los dos corazones. Que extraño sigue siendo mi cometido y cuantas sorpresas me sigue regalando...”

Y de nuevo con su voz melodiosa, empezó a repetir lo que no hacia ni una hora, me había cautivado a mí, llamando mi interés y creando esta situación.

Ella, que por lo que pudimos aferrar, había entrado para que le prepararan algo de cena para llevar, se quedó petrificada cuando empezó a oír la voz de mi extraño nuevo amigo y se giró muy lentamente hacia nosotros.
Nuestras miradas se cruzaron, mientras en el aire revoloteaban las palabras de nuestro narrador, que no cesaba de repetir su estrofa, como si fuera un conjuro mágico. Y empezó de nuevo con su relato...

Ella, cautivada por la historia, se fue acercando a la mesa, como si un embrujo la hubiera poseído y yo, no pude remediar decirle: “tome asiento, señora duquesa”.
Percibí en ella el mismo escalofrío y sudor frío que yo había sentido y la así de la mano con dulzura, para infundirle valor. Sabía que ella también estaba "viéndose" como yo minutos antes, en el cuerpo de otro persona y en otra época, pero aceptando sin reserva alguna, que "esa" era ella y "esa", su historia.

Alfredo y su encantadora esposa María, nos invitaron amablemente a abandonar su casa-restaurante, a altas horas de la madrugada. El portador de las llaves, desapareció sin dejar rastro, pero no fuimos conscientes de que ya no estaba, hasta que nos levantamos para abandonar el local.

Trescientos años... y ahora, volvíamos a estar juntos y en igualdad de condiciones.

Nunca hemos podido explicar nuestra historia, total, tampoco nadie nos creería... de hecho, hasta a nosotros nos cuesta creer todo lo sucedido.

No hemos vuelto a ver al portador de las llaves, pero seguro, seguro, que alguna vez, tú, que estas leyendo esta historia y ansias el amor, vas a encontrarlo donde menos te lo esperes.

16 comentarios:

  1. Plas, plas, plas!!! de pie aplaudo por esta llave magica abridora de corazones a través de los tiempos, no importa, todo es posible para el portador de llaves.
    Todo es posible para la creadora de palabras bellas y emocionantes, misteriosas y a la vez auténticas. Tienes la llave que abre muchos cerrojos, Juji, jujinita mía !salve!

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    1. ¡Uis, que me emociono, tontis! no me digas esas cosas, que hoy estoy en plan contemplativo-imaginativo-emotivo-lluvioso-soleado :)
      Abrazos abiertos con una llave mágica para ti, Natalí de las palabras amables.

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  2. Qué magnífico relato Juji, tu imaginación es infinita y por ello tienes mi admiración.
    Un beso amiga.

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    1. ¡Oh, Elena, y yo que admiro tu manera de escribir tan fina, tan excelente y tan autentica! Todos admiramos algo de alguien, ya ves :)
      Gracias y gracias.
      Besitos enormes, amiga.

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  3. Tata,que puedo decir...! Eres una hada de la escritura.
    Te quieroooo...!

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  4. Un día, cuando vuelvas a encontrar al portador de las llaves, todo se abrirá para ti.
    bssoss.

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    1. Que bonito, Spaghetti, suena a sueño que está por llegar...
      Besitos.

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  5. Me acuerdo del cuento original, el que cuenta el portador de las llaves y me encanta esta revisión, con ese personaje mágico.
    Genial como queda el cuento, genial el trabajo realizado, me ha encantado.
    Me alegro por Matías y por la Sra. Duquesa.
    Besos con admiración y, por supuesto, con mucho cariño.

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    1. Juan Carlos, cuando publiqué la historia de Matías y la Marquesa "La importancia de las palabras" sabía que un día, sin saber cómo, haría que la historia siguiese o acabase, juntándolos de alguna manera... y "esto" es lo que ha salido.
      Y con sumo placer compruebo, por vuestros comentarios, que el resultado ha quedado "cerrado" mágicamente... hasta dentro de trescientos años más :)
      Un enorme abrazo, mi querido amigo.

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  6. no conocía el relato, es a través de tu escrito, y me ha parecido mágico

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    1. Es casi con lo que más disfruto, Rodolfo, con relatos mágicos que nos recuerdan que en esta vida, todo es posible...

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  7. Entonces...¿Está vacante el puesto de portador de llaves?porque me lo pido, me parece una profesión fascinante eso de poder tener la herramienta perfecta para abrir y cerrar corazones asegurando mayores momentos buenos y escasos malos.
    Ese lápiz mágico que tienes ´guardalo bajo llave.
    besos de gofio.

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    1. ¡Cuánto lo siento, Gloria! pero esa profesión "ya está cogida"! jijijijiji. Si, sería fantástico poder dedicarse tan solo, a regalar buenos momentos...
      ¡Venga, guardo ese lápiz mágico bajo llave! :)
      Besistos.

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  8. Pues espero que me encuentre pronto en cualquier esquina ¿Puedo llamarle o dejarle un mensaje en alguna parte?

    Voy a intentarlo...

    "Portador de las llaves
    si mi corazón puedes leer
    ven a abrazarme
    tú que me puedes entender"

    Un beso, espero que funcione.

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    1. ¡Genial, "censu"! Espero que tu bella llamada surta efecto... ya contarás :)
      Un abrazo.

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