miércoles, 12 de diciembre de 2012

Culpables





Sucumbí a sus deseos, porque su boca era de caramelo. Olvidé mi juramento, porque ella, me arrastraba como un huracán. Acallé mi conciencia, porque no podía ser de otro modo, para sobrevivir, junto a su cuerpo. Olvidé que era el enemigo, cuando sus ojos brillaban fingiendo pasión. Sabía que me utilizaba. Lo sabia, pero dejé de luchar en cuanto dejé el fusil para entregarle mi corazón. Dejé de tener patria. Dejé de creer en ese trapo al que llamáis bandera y en su significado. Todo en lo que había creído, por lo que habría dado la vida, y todo por lo que habría matado en nombre de vuestra guerra, se difuminó entre sus sábanas.
Miembros de este tribunal militar de guerra, que me acusa de alta traición, me declaro culpable. Culpable de todos los cargos, sin excepción. 



A raíz de esta historia que publiqué hace unos meses, sobre un anónimo soldado de la segunda guerra mundial, que me dejó muy intrigada y a la vez triste, he ido recopilando datos para descubrir que fue de él, de ella y de su historia...






Sucumbí a mis deseos, porque su boca era de caramelo. Olvidé mi cometido, porque él, me arrastraba como un huracán. Acallé mi conciencia, porque no podía ser de otro modo, para sobrevivir, junto a su cuerpo. Olvidé que era el enemigo, cuando le hacía creer que fingía mi pasión. Sabía, que él creía que lo utilizaba. Lo sabía, pero dejé de pedirle información secreta en cuanto dejó su fusil y me entregó su corazón. Dejé de tener patria. Dejé de creer en ese trapo al que llamáis bandera y en su significado. Todo en lo que había creído, todo lo que me habíais pedido que hiciera para traicionar a su nación, todos los secretos que él me había ofrecido, se difuminó entre mis sábanas junto a su cuerpo.
Miembros de este tribunal militar de guerra, que me acusa de alta traición, por no revelar los secretos desvelados por el hombre que me amó, me declaro culpable. Culpable de todos los cargos, sin excepción.




Londres-Berlín, 1943. Fueron declarados culpables, aunque nunca fue llevada a cabo la sentencia de muerte, por una suerte de circunstancias inexplicables que conlleva la absurda guerra.

París, 1953.  Sin poder moverse por la emoción, vio como ella corría hacia él, con los brazos extendidos y en lágrimas. Jamás creyó que se salvaran, ni que la guerra acabara… jamás creyó que ella lo amara y aun así, fue a la cita que se juraron cumplir, en un arrebato entre las sábanas, pasados diez años y en aquella calle, que los dos conocían muy bien, después de sus espías-andanzas.

Roma, 1985. En ambas lápidas, que se erigen con bella majestuosidad, en el cementerio protestante, también llamado de los poetas, reza:
“Nos declaramos culpables. Culpables de todos los cargos, sin excepción”.




Desde aquí, mi más sincero agradecimiento, a sus dos hijos, por su exquisita e inagotable colaboración, para poder escribir el final de esta historia. 



10 comentarios:

  1. Romeo y Julieta reviven cada día para defender su AMOR contra todos los Capuletos y Montescos que la vida pone de por medio

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    1. Y que sigan reviviendo, Rodolfo, por doquier y atemporales, que el amor lo vale.
      Un abrazo.

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  2. Una historia que conmueve lo más íntimo. En nombre del amor....qué más?

    Muy buen tu historia, y tu búsqueda.

    besos

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    1. ¡Hola Casss! :) pues sí, que en nombre del amor, sigamos soñando....
      Besitos.

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  3. Nada como el amor para declararnos apátridas.

    Un beso Juji.

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    1. La cuestión es que gane el amor y lo demás, que se lo queden quien lo inventaron :)
      Besitos, mi querida amiga.

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  4. Previo: me ha encantado el comentario de Elena. Ya en el tema, lo que fascina es que lo hayas investigado hasta conocer el desenlace de la historia y contactar con los hijos, muy buen trabajo.
    Y la historia en sí, de esas que demuestran que los finales felices, aunque parezcan imposibles, a veces existen en la realidad.
    Besos querida amiga.

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    1. Sí, un trabajo "de campo e inventigación" durísimos :)
      Por mucho que se escriba sobre ello, jamás la fantasía podrá superar a la realidad.
      Besitos, querido amigo.

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  5. Una historia que bien merece ser inmortalizada!...el amor puede -y debiera- ser mucho más que patria o bandera.
    Un abrazo

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    1. Perfecto y acertadísimo comentario, Neo. Al igual que tú, creo que el ser humano es sentimiento y no, patria o bandera.
      Un abrazo.

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