jueves, 31 de enero de 2013

Hablar. Escribir. Sin límites- Jueves literario







-Repítamelo otra vez, por favor, porque sigo sin entender, porqué el hombre, con quien dice que tenía su primera cita, se tiró del balcón de un tercer piso.

-Pues eso digo yo, señor agente, sigo sin entender que ataque de locura le cogió... Escriba, escriba, mientras hablo, que quede to bien clarito pa’ la autoridá….

Verá, señor agente, yo a ese hombre es la primera vez que lo veía en mi vida. Si es que no te puedes fiar de nadie. Lo conocí en un Chats de esos, que me dijo mi sobrina que se ligaba. Quedamos aquí en esta pensión y después de tomar un vinico y hablar de cuatro tonterías, pa caldear el ambiente, pues me quise poner cómoda como hago en casa y ahí empezó todo. Bueno, en principio, lo único que hice fue quitarme la faja que me esconde de barriga y me levanta el culo, porque sino, ya me dirá usté, señor agente, como íbamos a follar. Pues eso, aunque ya lo vi rarillo, seguí y me saqué las lentillas de color azul, que ya me molestaban esas cosas en los ojos, que mi amiga Maripili la muy zorra mentirosa, me había dicho que eran muy cómodas, pero ¡que va! y me puse mis gafas, que soy miope, señor agente, ¿sabe usté? Es que tengo los ojos marrones y un poco bizcos y las gafas aunque están un poco antiguadas, es lo más cómodo que existe... pero bueno, que me pierdo, que le decía, señor agente, que ya empecé a ver en él signos de locura, porque empezó a sudar y a tener ese nervio en el ojo que tiene los locos. Cuando me quité el guanderbrá, o como se llame, no vea usté, como le fue aumentando el tic y el cambio de color de su cara... uf, señor agente, le digo yo, que ese hombre no estaba bien y que no había visto en su vida unas tetas, porque sino, tampoco habría puesto esa cara de susto, porque las tengo caídas, señor agente, pero muchos las querrían tocar. La coleta postiza, que Maripuri, mi peluquera, me dijo que era lo que más se lleva ahora, viendo el estado lamentable en que se encontraba el hombre, me la quité como una estrella de cine, o sea se, señor agente, usté ya me entiende, con movimientos suaves pa no asustarlo, y ahí ya empezó a murmurar algo así como "dios mío, dios mío...me quiero morir" y cuando me quité las uñas de porcelana a mordiscos pa no perder tiempo, porque pensé que le iba a dar un patatús antes de fornicar conmigo, va y se tira por el balcón el muy desgraciado.
Mireusté, señor agente, ¡si es que no te puedes fiar de nadie!
¿Está to apuntao?





sábado, 26 de enero de 2013

Test de Rorschach






1. мαɴcнα
Esta mancha se supone que detecta las preferencias sexuales. La mayoría de la gente ve ahí dos figuras humanas con importantes pechos o penes.
Yo veo a una mujer acicalándose y canturreando, delante del espejo, cogiendo algo de su joyero… pensando en su nueva cita y...
Mal, muy mal.




2. мαɴcнα
La interpretación de Rorschach es la más obvia: un murciélago o una mariposa. No digas nada más. Ver las prolongaciones de las alas como bocas de cocodrilo significa hostilidad, ver pies o tijeras indica castración. Si se dan demasiadas interpretaciones... ¡esquizofrenia!
Yo veo una bailarina llena de plumas interpretando el baile de los cisnes... con el teatro lleno a rebosar, con la gente emocionada... 
Mal, muy mal.





3. мαɴcнα
La respuesta más corriente la relaciona con animales de cuatro patas, y no verlo es una mala señal: ansiedad.
Yo veo el casco sicodélico de un motorista, pasando por delante de mí a velocidad de vértigo... sintiendo la libertad en su efímera presencia...
Mal, muy mal.



En serio. 
¿Quién ve realmente "lo que se tiene que ver"? Y lo que es más intrigante aún, el "loco" que decidió que lo que él creía ver era  "lo correcto y nada más" ¿se reía como un poseso cuando así lo dictaminó?

domingo, 20 de enero de 2013

Deserción





Mis diablillos, esos seres imaginarios a los que siempre aludo, alegando que nunca he tenido Musas, sino traviesos susurros a los que puse cuernos y carillas traviesas, que revoloteaban, ayudaban e incluso, obligaban a escribir, han desertado.
¡Oh, sí! Como os lo cuento. Han hecho el equipaje y se han ido, los muy traidores.
Y aquí estoy ahora, sin meta, sin rumbo y sin inspiración.
Tendría que haberlos encadenado, o engañado, o incluso sobornado, para que siguieran a mi lado, pero por lo visto, haberlos dejado vivir y revolotear a su libre albedrío por mi mente, les ha dado alas y ganas de explorar otros mundos por ahí, o estarán emborrachándose en una taberna para descansar… nunca se sabe con estos traidores y traviesos personajillos.
Y ahora: Nada.
Folios y folios en blanco. Relatos que son peor que una esquela dedicada a un tirano al que todos odiaban.
Pozo sin agua. Flores de plástico. Imaginación castrada.

¿Qué se hace en estos casos?

Imagino que recurrir a un psiquiatra, no es aconsejable, porque seguro que acaba internándome, manifestando que tengo algún tipo de trastorno mental. Lógico… no puedes ir hablando por ahí de diablillos, Musas y cosas así.

Contratar los servicios de un investigador privado, para que los busque y los traiga de vuelta, creo que tampoco es muy factible, más que nada porque creo que estos profesionales no están por este tipo de labor.

Poner un anuncio en el periódico, en internet, o pegándolo por todas las paredes de mi ciudad pues no me convence… y tampoco sabría que escribir (¡maldita inspiración!) porque si tengo que poner algo así como “volved a casa, os echo de menos” o “se buscan”, me moriría de puro aburrimiento y vergüenza.
¡Oh, por favor! ¿Qué voy a hacer ahora?

Seguro que acabo tirándome al alcohol, o tirándome de los pelos, o tirándome al vecino… sea como sea, algo acabará siendo tiramoleado… ¿”Tiramoleado”? ¡Oh, Dioses! Ahora, hasta me invento palabros…
¡De acuerdo! Hasta que no vuelvan, me abandono al ocio, dejo de escribir, y paso a engrosar la lista de “pseudo-escritores malditos”.

Es lo que hay, ni más ni menos.

miércoles, 2 de enero de 2013

Romance fantástico-Jueves literario





Sé y sostengo, que esta casa tiene vida propia y que está enamorada de mí, y aunque se me tache de demente por decir algo así, juro que es cierto…
Desde el primer día, esta casa me sorprendió con su cariño. Sí, sí, cariño… porque todo en ella era amabilidad. Aunque, lo que para mí era fluidez y orden, para mi pareja, empezó a cristalizar en dificultad y caos.

La casa se enamoró de mí, y los celos, la empujaron a odiar a mi pareja. Yo abría cualquier cajón con facilidad pasmosa; mi pareja necesitaba de toda su energía para ese fin. Yo paseaba por ella, como un patinador pirueteando entre los muebles; mi pareja, se daba golpes y chocaba hasta con la cortina del baño. Yo abría la ventana y así se quedaba; mi pareja estuvo muchas veces a punto de ser decapitada… y así, hasta el infinito de posibilidades cotidianas y caseras imposibles, por su extensión, de relatar.

Con el paso del tiempo, yo también he empezado a amarla, aunque cueste creerse.

Hace poco, mi esposa, me comentó que ya iba siendo hora de mudarnos a una casa más grande, porque esta ya le había dado demasiados problemas. ¡¿Cómo voy a confesarle que estoy dividido entre dos sentimientos y que si tengo que elegir, entre el amor de una u otra, no sé cual será mi decisión?!