martes, 19 de febrero de 2013

La carta II





Hacía casi un año ya, y mi decisión seguía intacta. Después de aquella noche, había viajado por países, recorrido caminos, conocido a gente buena y  rozado el infinito… y aun así, nunca busqué en ello un cambio de opinión, sino la inspiración para ese folio en blanco que seguía persiguiéndome.
Tanto tendría que escribir en él, tanto debería expresar, que seguía colapsándome. Y si por fin lograba escribir esa carta de adiós, subyacía el problema principal: ¿a quién iría dirigida?
No buscaba la perfección, no buscaba a alguien especial a quien enviársela, y tampoco buscaba nada retorcido ni melodramático. Yo no buscaba ya nada… a esas alturas, tan solo deseaba encontrar esa inspiración que me ayudase a realizar mi último acto.

Cuando caía al vacío, desde el puente que minutos antes transitaba con aire distraído, solo tuve unos segundos para sonreír.
La vida es tan sabia e irónica. El accidente de diferentes vehículos se produjo en perfecta sincronía. El camión que con impulso desmedido me golpeó fue una jugada donde todas las cartas ganadoras me tocaron a mí… y mientras caía, recordé que en mi bolsillo izquierdo llevaba garabateado de W.H. Auden, parte de su “funeral blues”.
Detengan los relojes
desconecten el teléfono
Denle un hueso al perro
para que no ladre
Callen los pianos y con ese
tamborileo sordo
saquen el féretro...
Acérquense los dolientes
Que los aviones
sobrevuelen quejumbrosos
y escriban en el cielo
el mensaje...
él ha muerto.
Y mientras me adentraba en las aguas infectas y oscuras de ese río que acunaba mi inesperado ahora, pero por fin, último acto, pensé que esa nota, serviría. Sí, serviría.



Hace un año….

La luna, inmensa y blanca, dominaba todo el cielo, que esa noche, era estrellado y su luz, se colaba por la ventana abierta. La brisa marina, te acariciaba, filtrándose entre las cortinas, besando traviesa mi cuerpo casi desnudo. La destreza del servicio del hotel, lo había dejado todo impecable. No se oía ningún sonido que perturbara esa serena noche. Saboreaba mi Bourbon con deleite. Todo era perfecto para mi cometido.
Todo, menos mi carta de adiós. No lograba acabar de escribirla. No hacía más que rectificarla, mentalmente, una y otra vez. Y yo, me negaba a abandonar este mundo, con el último pensamiento puesto en una carta firmada con mi nombre, sin tener claro a quién iría dirigida y qué explicar en ella.
Era curioso. Mi decisión de suicidarme, había sido tomada meses antes, con total normalidad y serenidad y una vez aceptada, los preparativos, habían sido, como se suele decir, coser y cantar, pero llegado al último tramo, esta maldita carta de adiós, me estaba dando unos problemas completamente inesperados.
Estaba amaneciendo y mi carta, seguía siendo un folio en blanco. Decidí entonces, que de ninguna manera, iba a abandonar este mundo sin haber logrado la satisfacción completa en mi último objetivo, así que pospuse mi suicidio para la noche siguiente.

10 comentarios:

  1. Tremendo Juji, menudo texto, nunca hubiera pensado que la falta de inspiración retrasara un momento tan sublime como el suicidio.
    Siempre me sorprendes por tu capacidad de rizar el rizo. Por eso eres mi rizadora de rizos favorita.

    Un beso Juji.

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    1. Osea, ¿que soy tu peluquera favorita? jajajajaja
      Gracias Elena, es un honor complacer a la señora con tanto rizo :)
      ¡MUAKS!

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  2. Creo que dentro de todo, tiene su lado razonable, sobre todo para quien necesita imperiosamente, decir o explicar, motivos o justificaciones. El tema es que si no los tiene claros él mismo, entonces para qué? o por qué? Hace bien en seguir esperando alguna musa que le susurre al oído algo ingenioso al menos, que le ayude a dejar para la posteridad un testimonio imborrable.
    Muy bien contado, y esa hoja en blanco, no deja de ser bastante tentadora, te diré, más no sea, para dejarle un garabato.
    Besos!
    Gaby*

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    1. Bueno, Gaby*, al final el destino juguetón, decidió por él y por su último escrito, cosas que tiene la vida :)
      Un abrazo.

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  3. Acepto eso de que la vida es irónica, dificilmente que sea sabia. Es muy de Destino final ese choque que indirectamente termina con la vida del personaje, algo que no lamenta. Aclaro que eso fue un elogio, porque a veces no soy tan preciso como creo, para comentar. Esa dificultad para escribir la carta de despedida tal vez haya sido porque no estaba tan convencido.

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    1. Al final no importó, como ya ves. No hay que darle tantas vueltas a las cosas y esta historia lo confirma.
      Saludos, "Demi".

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  4. Ese papel en blanco era un freno a la acción ¿cómo llenarlo?¿Una excusa? un espera a mañana...la inspiración para decir adiós, no se encuentran palabras, actuó la casualidad, caída libre, vértigo en el puente y un último poema. Rotundo Jujita y escrito para sumergirse en una hoja en blanco que dice muchas cosas. Petonets.

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    1. Tal cual y así de simple, mi querida Natalí.
      Petonets i abraçades "senza fine".

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  5. Pues en un extraño tránsito, el azar fue un perfecto aliado para lograr lo que infructuosamente buscaba.
    Tremendamente ingenioso, amiga. Muchos besos.

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    1. ¡Oh, sí, Juan Carlos! cuando las historias se crean solas, es una gozada ser testigo directo de su evolución.
      Un fuerte abrazote.

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