sábado, 14 de diciembre de 2013

¿Y por qué no?



Vivo en un pueblo compuesto por unas 60 casas. Ellas mismas representan el nombre de este lugar. Tan solo tenemos una carnicería, una farmacia y una tienda donde puedes comprar productos de primera necesidad, las segundas necesidades, es otro cantar.

Hará ya unos veinte años, todos los habitantes del pueblo experimentamos una alteración en nuestras cómodas vidas que nos unió en un secreto para siempre...

Un día infernal de agosto, cuando el calor era asfixiante, fuimos convocados todos de urgencia, por el pregonero del pueblo, para ir a casa de Manuel, el herrero, el que vive en las afueras, el que su madre, que en paz descanse, lo obligó a casarse con Gertru, la prima de la carnicera y al que todos compadecimos durante años, hasta que, vete tú a saber cómo ni porqué, nació el amor entre ellos, y al final resultaron ser una pareja de lo más perfecta. 
Bueno, como decía, ese día, cuando al final estábamos todos en casa de Manuel, se nos informó de lo que había encontrado en el bosque cerca de su casa: unas jaulas, enormes unas y otras no tanto, llenas de animales. Pero no de animales domésticos, sino de fieras domesticadas, que al final, parece ser, llegó a ser lo mismo.

Fuimos todos a ver la notificación en persona, porque una imagen vale más que mil palabras, y allí conmovidos pudimos constatar la depravación del ser humano.

Habían abandonado a unos veinte animalillos, los llamo así por la pena que daban, y no por su tamaño, encerrados y a su pobre suerte. Decidimos que si avisábamos a la policía del pueblo vecino, igual los mataban; que si llamábamos a la protectora de animales, igual los mataban; y que si llamábamos a la prensa, igual nos mataban, porque de una sola cosa estábamos todos seguros: nuestro estilo de vida, tranquilo y casi impune a la vida de locos fuera de aquí, se vería comprometido con este hallazgo.

Así que decidimos, que por sorteo, cada uno de los afortunados, se haría cargo de uno de esos animalillos.

Escribo esta carta, porque a mi, me tocó al elefante Floro, así lo llamé, y ahora que está a punto de expirar, necesito dejar constancia por escrito de nuestra maravillosa locura, para que cuando yo también expire, y también falta poco para eso, y con ello nuestro secreto, algún día alguien pueda escribir una historia sobre ello. Porque puedo asegurar, que la de anécdotas, con sus dramas y alegrías, que llegamos a vivir con nuestros nuevos amigos, no pueden explicarse en tan reducida libreta.

12 comentarios:

  1. Menudo cambio el de tu pueblo. ¿Sabes? creo que hicisteis bien guardando el secreto, por nada se debe turbar la paz de la vida rural.

    Un beso Juji.

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    1. Con tu permiso, Elena, ya que sé que no te gustan los animales, voy a proponer a San, si quieres quedarse con Floro estas Navidades para dar ambiente a su casa... esto... aunque para adornar tu salón con vidilla, si quieres tenemos gallinas y patos... ¿te apetece? jajajajajajajaja.
      Besitos enormes, fiel lectora :)

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  2. La de cosas que se pierde uno por no vivir en un pueblo como ese. Una historia tierna Juji.
    Besos.

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    1. Lo dicho arriba, San, ¿te apetece tener a Floro unos días por ahí, antes de que el pobre animal se vaya de este mundo? sería un cambio magnífico en tu vida, créeme :)
      ¡Besazos!

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  3. Deliciosa fantasía. Bien por mantener el secreto del pueblo y también por darlo a conocer, pero sin desvelar las coordenadas, no vaya a enterarse la autoridad, o peor, la prensa, jeje.
    Muchos besos.

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    1. :) Sí, Juan Carlos, sobre todo sin coordenadas y datos que puedan desvelar su ubicación.
      Muchos besos y felicidad.

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  4. Fantasía a raudales como el agua que baña a Floro, seguro que mientras duró el secreto en el pueblo fueron muy felices porque a veces es mejor compartir con un animal que con algunas personas.
    Besos fantasiosos.

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    1. Y mira, Gloria, que estos animales eran de los "bestias" :) así que el juego de la fantasía da mucho de sí.
      Un besazo enorme.

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  5. ¿Y por que no?
    Que buena historia, que tiene un final feliz porque el pueblo no tuvo en cuenta al sentido común, y hicieron algo humanitario.

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    1. Sería maravilloso que todos, en un momento de nuestras vidas, fuéramos capaces de cometer alguna locura de este tipo, ¿eh?
      Un abrazo, El Demiurgo de Hurlingham.

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  6. Un relato genial, lleno de matices. La Imaginación al servicio de la vida y de la forma de comportarse.
    Muy bueno.

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    1. Un placer verte por aqui, Alfredo, y sobre todo que te haya gustado este cuento.
      Un abrazo.

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