miércoles, 24 de septiembre de 2014

Fractura



Se acercó a mí, con seguridad y presteza, casi con fastidio. Imagino que ser médico no implica que se deba ser amable con los pacientes y mucho menos, con esa molestia llamada parientes, que tantas reacciones absurdas tienen cuando se les comunica el estado del ser más querido. Faltaría más. 
Y lo único que recuerdo de aquel fatídico momento, fue mi cobardía, mi soledad y mis ganas de huir, su cara bronceada y su corbata lila. Y su última frase: os la podéis llevar si queréis para pasar las navidades en familia, pero dudo mucho que dure mucho más. 
Los ojos vidriosos, distorsionaron su cara, e incluso el color de su corbata y él se alejó con su paso de soy médico y no tengo tiempo para estas tonterías, y yo allí, sin poder moverme, intentado evadirme de esa realidad y cogiendo fuerzas de no sé dónde, para volver a entrar a la habitación, donde moraba el ser que más quería, para darle la noticia, sonriendo y feliz, de que volvíamos a casa.

Pasaron diez meses, hasta que se cumplió la sentencia proclamada por el simpático y amable doctor.

El corazón se rompe. Literalmente. Puedes recomponerlo y rellenarlo con mil excusas y engaños, pero nunca volverá a ser el mismo. 
Durante esos meses de esperanza y espera, volví a ser un ente hipócritamente despreocupado y feliz, engañando a esa espada de Damocles, que pendía despiadadamente, burlándome de ella. Fraccionaba las opciones de supervivencia, relativizaba absolutamente todo y rellené los huecos de mi gran ser amado, con todo aquello que pudiera ayudarle a sonreír.

Nunca he olvidado ese dolor. Esa fuerza sobre humana para cambiar mi estado de ánimo y encubrir la verdad.

Y esa puta corbata lila. 

6 comentarios:

  1. Es nefasta la conducta de ese médico. Algo también odioso pueden ser familiares y amigos diciendo que no hay nada que hacer, que hay que dejar ir a esa persona tan cercana, que hay resignarse. Opiniones muy inoportunas.
    Tal vez el corazón sobreviva.
    Es para odiar esa corbata, en esa situación.

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    1. Olvidemos lo leído, y la corbata más aún :)
      Un abrazo.

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  2. Este relato ha ido moviendo mis sensaciones desde mi habitual frialdad, analítica, hasta trasmitirme esa rabia que muestras en el final.
    Dicho de otra forma, este relato tiene la magia de ir implicando al lector hasta ese punto final en que estalla esa r4abia que se iba sintiendo tenuemente en los párrafos anteriores.
    Querida amiga, me sigue fascinando tu modo de escribir. Besos.

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    1. Tus comentarios son canela pura. Gracias, ¡poeta!

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  3. Els ulls entervolits, les llagrimes llisquen cara avall, les paraules es neguen a sortir ...
    Una llaaaarga i càlida abraçada

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    1. Es el teu cor inmens, simplement....
      Gràcies!

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