sábado, 5 de septiembre de 2015

Leyendas sin pasión




Verano, era un clasista y un tirano.
Primavera, era un sensiblero, afeminado y un soñador.
Otoño, era un nostálgico empedernido.
E Invierno, un egocéntrico cascarrabias.
Hace muchísimo tiempo,  se implantaron unas pautas climáticas que tras muchas luchas, ganaron estos cuatro. Se dividieron el  planeta. Aunque Invierno y Verano, en la batalla inicial, consiguieron más terreno para ellos… los cuatro se avinieron a la perfección… aunque entre ellos subsistía alguna que otra rivalidad oculta.

Verano, ya desde un principio, demostró que lo suyo era hacer sufrir a unos pocos. Demostraba un clasismo y una tiranía, a veces, completamente insoportable. Según de que medios contases, se hacía adorar u odiar con la misma intensidad. Pero ahí estaba siempre, para recordar a quien osara dudar de su amistad con el astro rey.

Primavera, era una dulzura. Todo le parecía bien. Los colores impregnaban su momento. A todo daba un sentido, un halo de belleza, de romanticismo… era tanto su empeño, que había empezado a sobrepasarse un poco creando incipientes alergias, pero a él le tenía sin cuidado, lo importante era demostrar que él era el mejor, el que mejor vestía al mundo y el que mejor lo dibujaba. Sí, era un poco sensiblero, pero casi todos lo admiraban.

Otoño, sin embargo, lo empapaba todo de nostalgia, de colores ocres y marrones, de suave y fría brisa, de hojas caídas que ayudaban a los escritores a encontrar inspiración. Se sentía siempre en perpetua melancolía y se dejaba mimar, con canciones de antaño, guisos caseros y pañuelos en el cuello, que prometían un reencuentro en casa, cálido y especial.

Invierno. Invierno, era terrible cuando se levantaba de mal humor, escupía, bufaba y lloraba continuamente. Era un cascarrabias de cuidado, a la menor provocación, causaba estragos. Tenía un humor tan cambiante, que a veces resultaba temible, aunque extrañamente, casi todo el mundo lo adoraba en un modo u otro.  


Así me lo contaron hace muchos años, cuando era niña y así se siguen narrando estos estados climáticos entre nosotros, aquellos que vivimos en un entorno maravilloso y acogedor de  perfecto hormigón, felices de nuestro entorno antiséptico y monocorde. Todos sabemos que son leyendas absurdas de los mayores, pero algunos, como yo, a veces nos preguntamos, si hay algo de verdad en esas fantasías… ¡Nah!