viernes, 16 de diciembre de 2016

Mi suerte o mi fantasía







Y volvía a suceder. El viento me lo anunció unos instantes antes y un escalofrío recorrió mi cuerpo. Sabía que en ese instante, o en cuestión de horas, aquello deseado y soñado, se materializaría.
Llevaba mucho tiempo, demasiado, pensado que había perdido mi Don, mi ancla onírica, mis regalos de Navidad, mi suerte o mi fantasía; le diese el nombre que le diese, todo significaba lo mismo: la luz en la oscuridad. Los sueños hechos realidad, pero con previa revisión de los mismos y con la satisfacción, una vez lograda la perfección, de que éstos se cumplirían… pero lo había perdido.
Hasta hace unas semanas.

Nunca sabré, ni podré, describir lo que se siente, pero, aunque lo intentara, tampoco nadie me creería, así que ahora, de nuevo, puedo volver a encerrarme en el otro mundo, ese que nadie en su sano juicio aceptaría ni entendería, pero al cual, yo, pertenezco.

miércoles, 8 de junio de 2016

200 y más



Era inútil intentar no perderse en esa bruma, porque ya no podía despojarse de una frase, de un olor, de una risa, de una caricia o de una cara y su historia... solo era cuestión de poder escribirlas un día y otro y otro...





Doscientos. Doscientos escritos publicados.

Gracias, adorados destellos de fantasía.

viernes, 3 de junio de 2016

Ognuno di noi




Sentado ahí como una estatua, como si fuera una más de las que había a mi alrededor y que añadían más hipócrita tristeza al entorno silencioso y claustrofóbico al que me habían llevado, casi sin ser consciente de ello, me di cuenta de lo complicado que es dar una imagen exacta de ti mismo, o de cómo nos ven los demás a través de sus percepciones.  
Mucho más tarde pude discernir a mis anchas esta verdad.

La primera en sorprenderme fue tu amiga de la Universidad. Cuando subió a la plataforma creada para esa ocasión, sencilla y recatada, como debía ser para ese evento, empecé a interesarme por sus palabras y poco a poco a salir de mi ensimismamiento.
Tu amiga, te describió con un sinfín de adjetivos calificativos, fruto de su imaginación o elegidos para la ocasión. Yo solo recordaba a tu amiga, por tus comentarios sobre ella considerablemente despectivos.

Alguien se me acercó y posó su mano en mi hombro para decirme “no somos nada”. En pleno proceso de abstracción como estaba, lo único que pude pensar fue “somos algo, pero no aquello que piensan los demás que somos”. Esta fue la segunda filosofada que me llegó y se posó sin contemplaciones.

El segundo personaje que subió a explicar lo injusta que es la vida, que nos hace tener que soportar tan terrible pérdida y sobrevivir a ella, fue alguien que yo no conocía para nada, pero por lo visto, tú sí. Y así, de nuevo, pudo más mi curiosidad y me despejé todo lo que pude para poder seguir su relato. Otra vez, alguien te describía como yo jamás te había visto ni percibido.

Empecé a sentirme terriblemente aquejado de una incipiente jaqueca que me hacía sentir más vulnerable ante toda esta parafernalia. Y empeoraba mucho más la apreciación que tenían los demás de mí, porque de nuevo sentí como alguien me cogía la mano y me la apretaba fuerte ante mi cadavérico aspecto (es agotador mantener el tipo tanto tiempo).

Después de más descripciones sobre ti, que dejaron de interesarme porque seguían sin cernirse a tu verdadera personalidad y de unas palabras de culto, dictadas por un pequeño y absurdo hombre cubierto de estandartes de su fe, me sacaron de allí otros brazos, para depositarme, al cabo de un tramo pedregoso y no muy prolongado, en un campo lleno de cruces, lápidas y demás parafernalias aberrantes, mientras empezaba a caer la tarde.

Cuando por fin acabó todo, pude, gracias a mi dolor desgarrador y comprensión de la gente, quedarme solo en casa finalmente y tomándome un buen bourbon a oscuras, reflexionar sobre ese día… y sobre otras cuestiones, que por fin podía expresar en silencio y solo para mí.

Tu muerte no me afectó. Hacía tiempo que debería haber tomado la decisión de dejarte, pero era prisionero de tu historia. Reconozco que me intrigaba ver como saldrías de tanta perversidad sin ser dañada y que no podía dejar de complacerme ser un testigo oculto y privilegiado junto a ti.
El destino quiso que un conductor despistado acabara con el problema. Mala suerte para él, pobrecillo.

Nunca pensé que tu final fuera tan vulgar, ni tan repentino. Esperaba mucha más grandeza, creo que la merecerías. Un gran Mal, habría merecido un fin más apoteósico.

Lo más destacado de todo fue, que me olvidé de ti en el mismo instante en que me dieron la noticia y seguí leyendo el periódico, acabándome el café antes de que se enfriara, con total tranquilidad.

Pero lo que más de desconcertó, después de ver la reacción de la gente y de esas bellas palabras en tu funeral, parte de las cuales no pude ni quise escuchar, fue que nadie supiera como eras realmente. No se puede hablar mal de un muerto, como dicen los chinos, eso no está bien, así que no voy a perder el tiempo enumerando tus engaños, estafas y perversidades.

Dejemos que aquellos que creían conocerte, sigan pensando que eras como ellos te veían, dejemos que también piensen que tu perdida me ha vuelto loco de dolor. 
Dejemos que todos nos vean como quieren vernos… ¿Quiénes somos realmente ante los demás? Cada uno de nosotros damos tantas imágenes como queremos dar, pero aun así, seguimos siendo pasto de la percepción de los demás.


Tomándome un buen bourbon a oscuras, seguía enfrascado en cuestiones que por fin podía expresar en silencio y solo para mí.

martes, 17 de mayo de 2016

Chacal






La notas. 
Notas mi debilidad. 
Notas esa sensibilidad que me hace ser un ser indefenso. 
Será tu instinto depredador y carroñero. 


Siento como tu mirada me asfixia y paraliza, y tú, te alejas de mí lentamente, pero solo para preparar el ataque final. 
Mirada feroz, saliva espesa, tensión de músculos y tu cena está servida.




No puedes evitarlo, lo llevas en la sangre. 

jueves, 5 de mayo de 2016

Secreto





Lo escondió bajo la tierra fértil del jardín, ese mismo jardín que en otro tiempo había creído que le había hablado entre susurros y que tantos secretos había ocultado. Y ahora tenía que volver a celar, siendo el guardián y el protagonista, de un secreto más. Uno más.  

domingo, 7 de febrero de 2016

Un instante






Me perdí. Estaba en una calle oscura y sin indicaciones, sin gente y sin tráfico de vehículos. Pasé de un temor a otro, cuando en mi nuevo y desconocido itinerario, encontré árboles y más oscuridad. Y allí, olvidé hacia donde me dirigía, cuando fui testigo de una escena extrañísima.

Un luz cegadora me mostró a un hombre, un hombre vestido de blanco pero sucio hasta las cejas de barro. Rápidamente y con un frenesí enfermizo, cogió tierra mojada, la convirtió entre sus manos en barro y creó a un animal. Un perro precioso, peludo y grande que me miró con ojos marrones y bellísimos y que en cuanto reconoció en mí la admiración ante tan extraña escena y extraña belleza, dejó caer una lágrima… y en ese instante, se petrificó. 
Lloré ante esa muerte inesperada, lloré al ver a su creador sollozando de desolación mientras miraba sus manos y me acerqué a esa obra de arte y de efímera vida y al tocarla, se desintegró.
El hombre, antes de desaparecer, desintegrándose también, ante mis ojos, me dijo: Es a lo único que puedo aspirar. Solo puedo crear una obra por noche y en cuanto alguien la ve, desaparece… como desaparezco yo, en cuanto  ya la he creado.

Me desperté con una sensación tan extraña, que decidí escribir este sueño. A veces, no se necesita inventar nada, si un sueño, te ofrece una historia que no puedes dejar de recordar.

lunes, 4 de enero de 2016

Inversión





Me acomodo en mi sofá, abro mi regalo con ilusión, y me pierdo gratamente entre las páginas de esta joya titulada “la escritura-memoria de la humanidad”… no sé cuánto tiempo ha pasado cuando de repente, un murmullo extraño, hace que emerja de sus grabados y recovecos históricos: ¡Estoy en una terminal de aeropuerto, de una ciudad y en un momento, en el cual yo no debería estar!
El pánico me paraliza. Sé que estoy soñando. Debo estar soñando. No encuentro una explicación más coherente y si la hay, mi cerebro no la asimilaría.

Normalmente, era siempre a la inversa: yo viajaba constantemente y en todas esas horas de espera, me imaginaba ser la protagonista de un millón de historias. Era fascinante como pasaba el tiempo y como más de una vez, perdía el vuelo porque mi historia ficticia me atrapaba de tal modo que no podía desengancharme. Si el término soñadora, tuviera algún matiz menos despectivo en esta sociedad, me lo habría tatuado en la frente, por la de satisfacciones que recibía a través de esos momentos.
Pero, lo más impactante era que, el ochenta por ciento de las historias que inventaba para mí, al cabo de un tiempo, se plasmaban en una realidad que, cuando la volvía a vivir, me hacían creer que era un ser con poderes mágicos que podía lograr todo aquello que desease. Fascinante.

Pero ¿qué hago aquí? Hay un sinfín de etnias, pero por los caracteres que veo en todas partes y el mayor número de una de ellas, diría sin dudarlo, que estoy en Japón.
Al fondo, bajo un neón con letras de Coca-Cola, leo: enero, 7 enero 2026.
Un sudor frío está envolviéndome y cambiando mi temperatura.
No entiendo nada, aunque extrañamente, lo entiendo todo. Puedo entender cualquier idioma, leer cualquier rótulo e incluso casi, casi, leer las mentes de quien me lo proponga, si el miedo no me paralizara.

Me siento porque no puedo más, creo que voy a desmayarme. De repente, alguien se sienta encima-dentro-a través de mí y grito. Grito como jamás he hecho en mi vida. Grito, como si fuera mi último y definitivo Grito.
Y entonces, cuando logro calmarme, entiendo que nadie me ha oído, que nadie me ve… soy etérea y me pregunto si estoy muerta. ¡¿Muerta?!

Yo estaba leyendo en el sofá de mi casa, un siete de enero de 2016, un libro recién regalado y tan ricamente…

¿Qué está sucediendo?



Continuará…