lunes, 4 de enero de 2016

Inversión





Me acomodo en mi sofá, abro mi regalo con ilusión, y me pierdo gratamente entre las páginas de esta joya titulada “la escritura-memoria de la humanidad”… no sé cuánto tiempo ha pasado cuando de repente, un murmullo extraño, hace que emerja de sus grabados y recovecos históricos: ¡Estoy en una terminal de aeropuerto, de una ciudad y en un momento, en el cual yo no debería estar!
El pánico me paraliza. Sé que estoy soñando. Debo estar soñando. No encuentro una explicación más coherente y si la hay, mi cerebro no la asimilaría.

Normalmente, era siempre a la inversa: yo viajaba constantemente y en todas esas horas de espera, me imaginaba ser la protagonista de un millón de historias. Era fascinante como pasaba el tiempo y como más de una vez, perdía el vuelo porque mi historia ficticia me atrapaba de tal modo que no podía desengancharme. Si el término soñadora, tuviera algún matiz menos despectivo en esta sociedad, me lo habría tatuado en la frente, por la de satisfacciones que recibía a través de esos momentos.
Pero, lo más impactante era que, el ochenta por ciento de las historias que inventaba para mí, al cabo de un tiempo, se plasmaban en una realidad que, cuando la volvía a vivir, me hacían creer que era un ser con poderes mágicos que podía lograr todo aquello que desease. Fascinante.

Pero ¿qué hago aquí? Hay un sinfín de etnias, pero por los caracteres que veo en todas partes y el mayor número de una de ellas, diría sin dudarlo, que estoy en Japón.
Al fondo, bajo un neón con letras de Coca-Cola, leo: enero, 7 enero 2026.
Un sudor frío está envolviéndome y cambiando mi temperatura.
No entiendo nada, aunque extrañamente, lo entiendo todo. Puedo entender cualquier idioma, leer cualquier rótulo e incluso casi, casi, leer las mentes de quien me lo proponga, si el miedo no me paralizara.

Me siento porque no puedo más, creo que voy a desmayarme. De repente, alguien se sienta encima-dentro-a través de mí y grito. Grito como jamás he hecho en mi vida. Grito, como si fuera mi último y definitivo Grito.
Y entonces, cuando logro calmarme, entiendo que nadie me ha oído, que nadie me ve… soy etérea y me pregunto si estoy muerta. ¡¿Muerta?!

Yo estaba leyendo en el sofá de mi casa, un siete de enero de 2016, un libro recién regalado y tan ricamente…

¿Qué está sucediendo?



Continuará… 

3 comentarios:

  1. Sos una soñadora, lo digo como algo positivo.
    Y diría que se trata de una visión de futura, producida por un potencial incentivado por una personalidad imagininativa, soñadora.
    El continuará me produce intriga.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  2. Soñar con proyectarte al futuro debe producir inquietud y desasosiego. Gritar y que nadie te oiga, más desasosiego aún.
    Un fuerte abrazo.

    ResponderEliminar
  3. Señores... Un placer leer vuestros comentarios.
    Un saludo, El Demiurgo.
    Un saludo, Pepe.

    ResponderEliminar