domingo, 7 de febrero de 2016

Un instante






Me perdí. Estaba en una calle oscura y sin indicaciones, sin gente y sin tráfico de vehículos. Pasé de un temor a otro, cuando en mi nuevo y desconocido itinerario, encontré árboles y más oscuridad. Y allí, olvidé hacia donde me dirigía, cuando fui testigo de una escena extrañísima.

Un luz cegadora me mostró a un hombre, un hombre vestido de blanco pero sucio hasta las cejas de barro. Rápidamente y con un frenesí enfermizo, cogió tierra mojada, la convirtió entre sus manos en barro y creó a un animal. Un perro precioso, peludo y grande que me miró con ojos marrones y bellísimos y que en cuanto reconoció en mí la admiración ante tan extraña escena y extraña belleza, dejó caer una lágrima… y en ese instante, se petrificó. 
Lloré ante esa muerte inesperada, lloré al ver a su creador sollozando de desolación mientras miraba sus manos y me acerqué a esa obra de arte y de efímera vida y al tocarla, se desintegró.
El hombre, antes de desaparecer, desintegrándose también, ante mis ojos, me dijo: Es a lo único que puedo aspirar. Solo puedo crear una obra por noche y en cuanto alguien la ve, desaparece… como desaparezco yo, en cuanto  ya la he creado.

Me desperté con una sensación tan extraña, que decidí escribir este sueño. A veces, no se necesita inventar nada, si un sueño, te ofrece una historia que no puedes dejar de recordar.