viernes, 3 de junio de 2016

Ognuno di noi




Sentado ahí como una estatua, como si fuera una más de las que había a mi alrededor y que añadían más hipócrita tristeza al entorno silencioso y claustrofóbico al que me habían llevado, casi sin ser consciente de ello, me di cuenta de lo complicado que es dar una imagen exacta de ti mismo, o de cómo nos ven los demás a través de sus percepciones.  
Mucho más tarde pude discernir a mis anchas esta verdad.

La primera en sorprenderme fue tu amiga de la Universidad. Cuando subió a la plataforma creada para esa ocasión, sencilla y recatada, como debía ser para ese evento, empecé a interesarme por sus palabras y poco a poco a salir de mi ensimismamiento.
Tu amiga, te describió con un sinfín de adjetivos calificativos, fruto de su imaginación o elegidos para la ocasión. Yo solo recordaba a tu amiga, por tus comentarios sobre ella considerablemente despectivos.

Alguien se me acercó y posó su mano en mi hombro para decirme “no somos nada”. En pleno proceso de abstracción como estaba, lo único que pude pensar fue “somos algo, pero no aquello que piensan los demás que somos”. Esta fue la segunda filosofada que me llegó y se posó sin contemplaciones.

El segundo personaje que subió a explicar lo injusta que es la vida, que nos hace tener que soportar tan terrible pérdida y sobrevivir a ella, fue alguien que yo no conocía para nada, pero por lo visto, tú sí. Y así, de nuevo, pudo más mi curiosidad y me despejé todo lo que pude para poder seguir su relato. Otra vez, alguien te describía como yo jamás te había visto ni percibido.

Empecé a sentirme terriblemente aquejado de una incipiente jaqueca que me hacía sentir más vulnerable ante toda esta parafernalia. Y empeoraba mucho más la apreciación que tenían los demás de mí, porque de nuevo sentí como alguien me cogía la mano y me la apretaba fuerte ante mi cadavérico aspecto (es agotador mantener el tipo tanto tiempo).

Después de más descripciones sobre ti, que dejaron de interesarme porque seguían sin cernirse a tu verdadera personalidad y de unas palabras de culto, dictadas por un pequeño y absurdo hombre cubierto de estandartes de su fe, me sacaron de allí otros brazos, para depositarme, al cabo de un tramo pedregoso y no muy prolongado, en un campo lleno de cruces, lápidas y demás parafernalias aberrantes, mientras empezaba a caer la tarde.

Cuando por fin acabó todo, pude, gracias a mi dolor desgarrador y comprensión de la gente, quedarme solo en casa finalmente y tomándome un buen bourbon a oscuras, reflexionar sobre ese día… y sobre otras cuestiones, que por fin podía expresar en silencio y solo para mí.

Tu muerte no me afectó. Hacía tiempo que debería haber tomado la decisión de dejarte, pero era prisionero de tu historia. Reconozco que me intrigaba ver como saldrías de tanta perversidad sin ser dañada y que no podía dejar de complacerme ser un testigo oculto y privilegiado junto a ti.
El destino quiso que un conductor despistado acabara con el problema. Mala suerte para él, pobrecillo.

Nunca pensé que tu final fuera tan vulgar, ni tan repentino. Esperaba mucha más grandeza, creo que la merecerías. Un gran Mal, habría merecido un fin más apoteósico.

Lo más destacado de todo fue, que me olvidé de ti en el mismo instante en que me dieron la noticia y seguí leyendo el periódico, acabándome el café antes de que se enfriara, con total tranquilidad.

Pero lo que más de desconcertó, después de ver la reacción de la gente y de esas bellas palabras en tu funeral, parte de las cuales no pude ni quise escuchar, fue que nadie supiera como eras realmente. No se puede hablar mal de un muerto, como dicen los chinos, eso no está bien, así que no voy a perder el tiempo enumerando tus engaños, estafas y perversidades.

Dejemos que aquellos que creían conocerte, sigan pensando que eras como ellos te veían, dejemos que también piensen que tu perdida me ha vuelto loco de dolor. 
Dejemos que todos nos vean como quieren vernos… ¿Quiénes somos realmente ante los demás? Cada uno de nosotros damos tantas imágenes como queremos dar, pero aun así, seguimos siendo pasto de la percepción de los demás.


Tomándome un buen bourbon a oscuras, seguía enfrascado en cuestiones que por fin podía expresar en silencio y solo para mí.

2 comentarios:

  1. El relato tiene un giro narrativo interesante. El personaje revelando que ella no le importaba, que su muerte significó un alivio.
    Bien contado. Saludos.

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  2. Sí, me gusta siempre imaginar, que hay más allá de las apariencias. Y qué creemos saber de los demás... aunque nos equivoquemos en todo, casi siempre.
    Un abrazo.

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