jueves, 23 de febrero de 2017

Tiempo






 ¡Cincuenta años! Los miraba de reojo y solo apreciaba su ancianidad, ¿qué otra cosa era una persona de esa edad, sino alguien a punto de estirar la pata? Tenía muy claro que cuando llegara a esa edad, desaparecería del mapa. No iba a dejarse engañar por esas frases hechas donde se ensalzaba la madurez tardía o la vejez plena de juventud. Pensar en pensiones y achaques, le producía desazones. No obstante era aún tan joven, que pensar es algo así, era una pérdida de tiempo.
Tiempo.
Y llegó esa fecha, donde faltaban días, para poner un cincuenta encima de una tarta bien blandita. ¡Era tan gratificante haber llegado a esa edad, en la que creía hace tan solo unos años (¿siglos?), que todo era feo, decrepito y absurdo, y sentirse tan bien!

El único problemilla, se lo daba su cerebro. Se lo estrujaba para llegar a saber si lo soñado lo había vivido, o lo vivido, soñado. Y la rodilla derecha, que le crujía a cada paso que daba, o la espalda que… en fin, que se sentía tan joven como hacía unos años (¿siglos?).

3 comentarios:

  1. A medida que vamos llegando, nos damos cuenta que el tiempo pasa como un soplo y que las cifras nada tienen de definitivo.
    Un abrazo (y feliz cumple?)

    ResponderEliminar
  2. ¡Hola, Mónica! Sí, ha llegado la hora de ese cincuenta en un documento o en una tarta, pero es tan solo un número, lo importante es estar aquí y seguir viviendo felizmente. ¡Un abrazo enorme!

    ResponderEliminar
  3. Bueeeeno que no es para tanto, 50 es solo un número jajajaja aún queda tiempo para dar mucha guerra, que vengan otros 50.
    Un abrazo y feliz cumpleaños,

    ResponderEliminar