viernes, 11 de enero de 2019

Las cosas del querer






Realmente, los ajenos al drama que se produjo aquella tarde, nunca supieron cómo empezó todo ni el porqué. Nadie dio nunca una explicación de ello, porque la vergüenza los enmudeció para siempre.

Y todo, por asuntos del querer…

Una muerte. Un velatorio. Una reunión de familiares y amigos. El dolor nublando los sentidos. La sinceridad y algo de fingimiento, juntitas de la mano. Un poco de vino dulce con graduación elevadísima… y el egocentrismo imperando.
Y llegó ese instante, en que alguien se atribuyó el reconocimiento público de la persona premiada como la más querida, privilegiada en título de grado familiar o de amistad o con la que más vivencias podía aportar por el difunto… Y de ponderar a los cuatro vientos, y cada vez más violentamente, quien de ellos había sido el más trascendental en la vida del difunto. Y por ello, el que más estaba sufriendo su pérdida.

Acabó todo, con cuatro ambulancias llenas de heridos y los que con suerte lograron salir casi indemnes, fueron echados de la funeraria con modos exquisitos pero taxativos.

El difunto se quedó solo. 

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